
La reciente confirmación por parte de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) de su Conferencia Mundial 2026 en Panamá podría leerse, en apariencia, como una instancia periódica más dentro del calendario del cooperativismo global. Sin embargo, el enfoque elegido, centrado en la construcción de paz, la cooperación internacional y la articulación económica, revela un desplazamiento estratégico de mayor alcance.
La cita, prevista para septiembre de 2026 en el Panama Convention Center, incluirá no solo la Asamblea General de la organización, sino también una serie de foros paralelos y una exposición internacional del sector cooperativo. Este formato ampliado no es menor: responde a la necesidad de proyectar al cooperativismo más allá de su tradicional ámbito sectorial hacia una escala de incidencia global.
En términos editoriales, el dato relevante no es la realización del evento en sí, sino el mensaje implícito: la ACI intenta posicionar al cooperativismo como un actor activo en la arquitectura de gobernanza internacional en un momento de transición del sistema económico mundial.

Del movimiento sectorial a actor de gobernanza
Desde su fundación en 1895, la ACI ha operado como una entidad de representación, articulación y promoción de los principios cooperativos. Sin embargo, en los últimos años, y especialmente en el ciclo 2023–2026, se observa un cambio en su narrativa institucional.
El cooperativismo ya no es presentado únicamente como una alternativa económica o un modelo de gestión empresarial democrático, sino como un actor con capacidad de intervenir en problemáticas estructurales globales: desigualdad, crisis climática, exclusión financiera y, ahora de forma explícita, la paz.
Este reposicionamiento se inscribe en un contexto más amplio. La participación creciente de la ACI en espacios multilaterales como la Organización de las Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo y los grupos de afinidad del G20 muestra un intento deliberado de incidir en la definición de políticas globales. En paralelo, la proclamación del Año Internacional de las Cooperativas 2025 por parte de la ONU refuerza esta ventana de oportunidad política.
El movimiento cooperativo, representado en la ACI y que agrupa a más de 1.000 millones de personas en el mundo y genera aproximadamente el 10% del empleo global, busca capitalizar ese reconocimiento institucional para escalar en influencia. No obstante,¿puede traducir su peso social en poder político efectivo?

Panamá como nodo geopolítico cooperativo
La elección de Panamá como sede no es casual. América Latina representa una de las regiones con mayor densidad cooperativa del mundo, tanto en términos de número de organizaciones como de impacto territorial. A su vez, Panamá funciona como punto de conexión logística, financiera y geopolítica entre América del Norte y del Sur.
En ese sentido, la Conferencia Mundial 2026 de la ACI se proyecta como un espacio de convergencia entre distintos modelos de desarrollo cooperativo: desde las grandes cooperativas europeas y norteamericanas, con fuerte integración en mercados globales, hasta las experiencias latinoamericanas y africanas, más vinculadas a la economía popular y comunitaria.
El objetivo implícito es construir un ecosistema cooperativo global más articulado, capaz de compartir capacidades, financiamiento y estrategias en un contexto de creciente fragmentación económica internacional.
La paz como categoría económica
Uno de los aspectos más significativos del enfoque de la conferencia es la centralidad otorgada a la paz. Lejos de tratarse de una consigna simbólica, el concepto aparece vinculado a dimensiones concretas de la economía.
En múltiples regiones del mundo, las cooperativas han demostrado capacidad para operar en contextos de conflicto o postconflicto, generando empleo, reconstruyendo tejido social y facilitando procesos de integración económica. Experiencias en África subsahariana, Colombia o los Balcanes evidencian que las estructuras cooperativas pueden contribuir a estabilizar territorios donde el Estado o el mercado han mostrado limitaciones.
Desde esta perspectiva, la paz no es solo ausencia de violencia, sino también la existencia de condiciones materiales que permitan la reproducción social: acceso a ingresos, servicios básicos, crédito y participación democrática en la economía.
El intento de la ACI de incorporar esta dimensión al discurso global del cooperativismo responde a un diagnóstico claro: en un mundo atravesado por conflictos armados, tensiones comerciales y crisis ambientales, las soluciones económicas tradicionales resultan insuficientes.



