
El sector agroexportador argentino se prepara para una transformación de gran escala. La empresa Molinos Agro S.A. (MOA) y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) avanzan de forma conjunta en el desarrollo de una megaplanta de soja en la localidad de Timbúes, provincia de Santa Fe. Esta alianza combina el músculo logístico y comercial de una de las principales corporaciones privadas del país con la potencia productiva y social del cooperativismo agropecuario nacional, sentando un precedente histórico para el agregado de valor en origen.
Capacidad instalada de la megaplanta de soja
Esta nueva megaplanta de soja contará con una capacidad de procesamiento instalada de 15.000 toneladas diarias. De acuerdo con el esquema operativo acordado entre ambas organizaciones, Molinos Agro tendrá a su cargo la explotación del 65% de dicha capacidad (aproximadamente 10.000 toneladas por día). Con este volumen adicional, la firma privada incrementará en un 50% su capacidad total de molienda de oleaginosas, complementando las operaciones que ya realiza en su histórica planta industrial de San Lorenzo.
La construcción de la megaplanta de soja se llevará a cabo en terrenos pertenecientes a la entidad cooperativa, una decisión estratégica fundamentada en la infraestructura preexistente. El predio de Timbúes cuenta con un puerto propio sobre el río Paraná, muelles aptos para el embarque a granel, instalaciones de descarga de camiones y disponibilidad de servicios centrales de energía. Estas condiciones operativas permiten generar sinergias logísticas inmediatas, reduciendo los plazos de obra y optimizando la inversión respecto de otros terrenos de la región.
El rol clave del cooperativismo y la logística
La elección del socio cooperativo responde a la magnitud de la entidad de segundo grado. Con más de 100 años de historia y una red federal que agrupa a 60 centros de desarrollo, la Asociación de Cooperativas Argentinas comercializa un volumen anual de 26 millones de toneladas de granos. Este nivel de operación sitúa a la entidad como uno de los pilares de la agroindustria nacional, un rol que ya fue distinguido anteriormente por el periodismo especializado en el análisis sobre los casos de éxitos cooperativos y agregado de valor industrial.
Los plazos estimados para la puesta en marcha de la megaplanta de soja contemplan un período de obras de tres años, representando la fase inicial de un máster plan más amplio. La planificación contempla la posibilidad de realizar futuras ampliaciones si las variables macroeconómicas lo permiten, incluyendo la instalación de nuevas líneas de molienda, un segundo muelle fluvial y el aumento de la capacidad de almacenamiento. Por su parte, los terrenos de 220 hectáreas adquiridos previamente por Molinos Agro en la zona quedarán reservados para futuros destinos independientes.
Proyecciones agroexportadoras para el 2027
La inversión detrás de esta megaplanta de soja se fundamenta en un escenario de crecimiento de la oferta y la demanda. Las empresas explicaron que la iniciativa responde a la expectativa del anuncio gubernamental sobre una reducción progresiva de los derechos de exportación para el complejo oleaginoso a partir de enero de 2027. Esta desgravación impositiva proyecta un incremento significativo del área de siembra y de la cosecha disponible para el procesamiento de harina y aceite en el territorio santafesino.
Para dimensionar el impacto del proyecto, cabe destacar que Molinos Agro S.A. es una de las diez principales firmas exportadoras de la Argentina, perteneciendo al grupo liderado por Luis Pérez Companc. Con una facturación de 2.660 millones de dólares en su último ejercicio fiscal y más de 630 empleados directos, la empresa opera a través del Puerto San Benito despachando aproximadamente el 4 por ciento del comercio mundial de harina y aceite de soja. Por lo tanto, la asociación con el movimiento cooperativo representa un salto de escala.
En este sentido, la futura megaplanta de soja potenciará la capacidad de industrialización argentina frente a las demandas del mercado alimentario internacional. La harina de soja, principal insumo para la producción de proteína animal a escala global, y el aceite crudo para consumo y elaboración de biocombustibles sostienen la viabilidad económica del proyecto. A través de este acuerdo de largo plazo, el sistema cooperativo y el capital privado entrelazan su infraestructura para robustecer el perfil exportador argentino con generación de empleo local.




