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SmartIb: cómo una cooperativa opera de forma autónoma desde 2023 tras salir de la red europea

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Desde enero de 2023, la cooperativa SmartIb funciona de manera completamente independiente tras su desvinculación de la red europea Smart. Con una facturación anual cercana a los 4 millones de dólares y un equipo de siete socias trabajadoras, el proyecto continúa activo en un contexto de fuerte fragmentación del trabajo autónomo, aportando un caso concreto sobre las posibilidades y límites del cooperativismo sin estructuras centralizadas.

Durante más de nueve años, Smart Ibérica (SmartIb) formó parte del ecosistema impulsado por SMart, una red que brindaba cobertura administrativa, fiscal y organizativa a trabajadores autónomos en distintos países europeos.

Ese modelo, basado en una estructura transnacional con nodos interconectados, permitía a cooperativas locales operar con respaldo técnico y financiero de un centro más robusto, particularmente en Bélgica.

La situación cambió en 2022, cuando la organización central decidió retirar su apoyo al nodo español ante la previsión de dificultades en su continuidad. Desde 2023, SmartIb pasó a operar de manera autónoma, sin ese soporte estructural.

El dato no es menor: implica el pasaje de una lógica de red a un esquema de funcionamiento independiente, donde todas las capacidades deben sostenerse internamente.

SmartIb

SmartIb: una estructura pequeña con actividad sostenida

Según datos aportados por la propia organización, SmartIb logró una facturación anual en torno a los 4 millones de dólares. Esta cifra, aunque modesta en comparación con otras estructuras europeas del sector, resulta significativa si se la pone en relación con el tamaño de su equipo y el contexto en el que opera.

La cooperativa se sostiene con siete asociadas trabajadoras, todas mujeres, que asumen la totalidad de la gestión operativa, administrativa y de acompañamiento a asociados y personas usuarias. Este punto define la singularidad del caso: una estructura modesta que mantiene servicios complejos en un mercado laboral amplio, cambiante y competitivo.

Lejos de tratarse de un dato secundario, esta configuración muestra la capacidad de liderazgo, organización y sostenimiento cotidiano de estructuras cooperativas complejas en contextos económicos exigentes. En sectores atravesados por transformaciones profundas del empleo, particularmente en actividades culturales, creativas y de servicios, las mujeres vienen teniendo una presencia creciente en iniciativas que combinan autonomía profesional, cooperación y construcción colectiva.

Para dimensionar el alcance de la experiencia, es necesario asumir que España cuenta con más de 3,3 millones de trabajadores autónomos, lo que representa aproximadamente el 16% del empleo total. En sectores como la cultura, la comunicación o los servicios profesionales, la proporción es aún mayor.

En estos ámbitos, la actividad suele caracterizarse por ingresos irregulares, alta carga administrativa y dificultades para acceder a coberturas laborales estables. SmartIb interviene en ese punto, ofreciendo una estructura cooperativa que permite canalizar la actividad económica dentro de un marco organizado que gestiona los aspectos fiscales y administrativos más complejos.

El impacto no se mide únicamente en volumen económico, sino en la posibilidad de sostener trayectorias laborales que, de otro modo, estarían más expuestas a la inestabilidad.

SmartIb: mujeres trabajando

Los límites del modelo cooperativo en red

El caso de SmartIb también permite observar una tensión estructural dentro del cooperativismo internacional. Las redes transnacionales ofrecen ventajas en términos de escala y recursos, pero también generan dependencias. Cuando los nodos centrales retiran su apoyo, las estructuras locales deben adaptarse rápidamente para sobrevivir.

La experiencia española muestra que la autonomía es posible, pero no exenta de costos. El cooperativismo, en este sentido, no está al margen de las lógicas económicas que atraviesan otros sectores: la distribución de recursos y la escala siguen siendo factores determinantes.

En esta nueva etapa, la cooperativa no solo logró sostener su actividad, sino que comenzó a desarrollar herramientas propias orientadas a ampliar el acompañamiento a trabajadores autónomos y emprendedores culturales. Entre ellas surge EMCoop, un proyecto impulsado desde SmartIb y financiado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social de España junto a fondos europeos NextGenerationEU, enfocado especialmente en jóvenes del sector musical y creativo.

La iniciativa combina formación, tutorización personalizada, espacios de colaboración y una plataforma digital pensada para conectar artistas, gestores culturales y profesionales independientes dentro de un esquema cooperativo. El objetivo no es solo facilitar herramientas técnicas o administrativas, sino también abordar problemas estructurales del trabajo cultural, como la precariedad, el aislamiento profesional y la dificultad para sostener proyectos colectivos en el tiempo.

El desarrollo de EMCoop refleja un cambio relevante dentro de SmartIb: pasar de depender de infraestructuras externas a construir capacidades propias adaptadas a las necesidades concretas de su comunidad. Más que una ruptura con el modelo anterior, el proceso muestra una evolución donde la autonomía tecnológica, la formación y las redes colaborativas empiezan a ocupar un lugar central en la sostenibilidad futura de la cooperativa.

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