Juan Pablo Della Villa de ECAS: «La agricultura familiar es la barrera más fuerte contra la destrucción ambiental»
Juan Pablo Della Villa, de la Empresa Cooperativa de Alimentos Soberanos (ECAS), explicó en dialogo con ANSOL por qué la agricultura familiar es la principal barrera contra la deforestación. Analizó el fracaso económico, el avance de la ultraderecha y el proyecto de construir una empresa nacional, colectiva y con mirada ambiental y cooperativa.
El referente de ECAS advirtió que “gran parte de nuestro pueblo apoyó este modelo y todavía no sabe masticar que es un fracaso”. Defiende el cooperativismo como herramienta para discutir la renta extraordinaria, sostener instituciones a largo plazo y frenar el avance de la concentración de la comercialización de alimentos.
ECAS nació como un proyecto de comercialización directa entre productores de la agricultura familiar y consumidores de los centros urbanos. Hoy tiene 4 Puntos de Venta abiertos en Buenos Aires, funciona de lunes a lunes y está desarrollando su plataforma ECAS Digital.
Su objetivo es romper con la concentración comercial: en lugar de que una sola firma defina qué yerba, té o mandioca llega a 13.000 supermercados, ECAS apuesta a una red nacional, colectiva y con precios accesibles.
La Empresa Cooperativa de Alimentos Soberanos nace como un proyecto de comercialización directa entre agricultura familiar y consumo urbano. Opera en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, con la comercialización de alimentos sanos y saludables de productores, cooperativas y pymes de todo el país. Se encuentra desarrollando ECAS Digital para ampliar su alcance. Tiene como ejes de trabajo los precios accesibles, la socialización de la renta colectiva, la soberanía alimentaria, el cuidado ambiental y producción familiar.

–¿Qué significa hoy defender la agricultura familiar y nacional?
-Juan Pablo Della Villa: Significa no poder mirar para otro lado. Nos tiene que llamar a un debate real como sociedad sobre qué valor le damos como país a los productores y a las productoras. Hace poco estuve en Campo Ramón, Misiones, recorriendo yerbales. Acá el tema no es abstracto: es una de las provincias con mayor deforestación de Argentina, en la cabecera de la selva paranaense.
En ese contexto, la permanencia de estas familias agricultoras es la barrera más fuerte que tenemos contra un modelo que ya sabemos a dónde va: a la destrucción ambiental, a la concentración de la tierra y de la economía. Por eso hay que fortalecer circuitos para que sigan produciendo, y hacerlo con creatividad y audacia.
–¿Las organizaciones del sector tienen la fuerza para sostener esa disputa?
-J.P.D.V.: Estamos en un momento de emergencias. Estos 25 años, desde el 2000 hasta acá, cierran una primera etapa del campo popular. Se ensayó mucho, se ganó, se perdió y se institucionalizó poco. Ahora el tablero cambió. El avance de la ultraderecha en Argentina, y los propios errores de conducción que están cometiendo, están abriendo grietas en el territorio. De ahí van a salir emergencias nuevas con otras lógicas, que no son las orgánicas clásicas.
Para que eso sea potencia y no dispersión, hace falta sinceridad: gran parte de lo que hicimos, lo hicimos mal. Lo hicimos pensando en la coyuntura, en el ego y en proyectos personales por encima de lo colectivo. Si no hay autocrítica, no hay lugar para lo nuevo.
Emergencia económica y la necesidad de paraguas colectivos
–¿Cómo es la situación actual de los productores frente a la crisis?
-Juan Pablo Della Villa: En lo económico es terminal; es el proceso más crítico de los últimos 50 años. El problema principal es lo social y lo político. Gran parte de ese mismo sector apoyó este modelo y todavía no termina de masticar que esto también es un fracaso. Para mí este es de los peores gobiernos que tuvo la Argentina: un gobierno de saqueo absoluto de recursos, de derechos y de futuro.
Pero la tarea no es solo denunciarlo. La pregunta es cómo construimos paraguas colectivos propios para abrir los ojos a tiempo y dejar de ser espectadores del fracaso de las políticas progresistas y del saqueo de la ultraderecha. Hay un hartazgo legítimo en el territorio con «verla pasar».
-¿Cómo está ECAS hoy en medio de este contexto?
-J.P.D.V.: Bien, surfeando la ola y creciendo en términos federales, que es lo que nos importa. Es un proceso genuino de articulación por abajo. Tenemos alianzas estratégicas con Crece Desde el Pie, de Mendoza, y con Grapia Milenaria, en Misiones.
Vamos a sobrevivir a esta etapa de caída del consumo porque estamos trabajando para la que viene. Hoy tenemos cuatro mercados abiertos de lunes a lunes, estamos desarrollando ECAS Digital para ampliar el alcance con tecnología y trabajando mucho en la comunicación.

Romper el cuello de botella de la comercialización de ECAS
–¿Cuál es el proyecto de la cooperativa de cara al futuro?
-Juan Pablo Della Villa: La idea es aportarle al país una empresa distinta. Hoy la concentración comercial es el cuello de botella: el que define qué yerba entra a los 13.000 supermercados chinos decide quién vive y quién no. Cadenas como Carrefour tienen más de mil sucursales y giran la plata afuera. Nosotros queremos una empresa nacional, cooperativa, con intereses populares, que invierta acá y que nos permita hacer políticas con recursos propios.
-¿Qué aporta el cooperativismo que no pueda aportar una empresa tradicional?
-J.P.D.V.: Aporta el uso de la renta extraordinaria de otra manera, solidaridad e institucionalidad. En el cooperativismo la renta se discute colectivamente: se decide si ponemos recursos para que un esquema productivo sobreviva. En una sociedad anónima, eso se define por intereses personales.
No hay que repetir la fragmentación por ego, ni la lógica del evento por encima de la institución, ni esperar todo del Estado sin construir poder propio. Lo que hay que repetir es la audacia de 2001, cuando se cerraba una fábrica y los trabajadores decían «esto lo hacemos nosotros». Esa audacia, pero con conducta y pensando a largo plazo. Sentimos que estamos sembrando, y sembrar es duro, pero confiamos en que en algún momento va a venir la cosecha.



