La cooperativa tucumana Dulce Esperanza innova con harina de batata y cúrcuma

Mario Monteros es el presidente de la Cooperativa Dulce Esperanza, ubicada en la localidad de Simoca, en Tucumán. En diálogo con ANSOL, cuenta los proyectos de producción de harina de batata y cúrcuma, que desarrollan junto a la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y al Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA); las diferentes actividades y producciones que realiza la cooperativa; cómo atraviesa con «Proyecto y Diversificación» las dificultades económicas que impone el contexto, y finaliza con una invitación a la Feria Nacional de Simoca, que se llevará a cabo todos los sábados de julio.
-¿Cómo arrancaron los proyectos de harina de batata y cúrcuma?
-Mario Monteros: El proyecto de cúrcuma es uno de los tantos que presentó la cooperativa Dulce Esperanza. Hace dos años, venimos trabajando con la Facultad de Ciencias Exactas de la UNT en el proyecto de harina de batata, que todavía estamos gestionando ante el Código Alimentario Argentino porque no estaba incluido. Sabemos que tenemos un producto novedoso y sano, 100% agroecológico y nos ha dado pie para vincularnos con el INTA, con el que trabajamos en otro desarrollo, que es la cúrcuma; una raíz, una planta muy noble que nos sirve para diversificar y poder tener una alternativa para nuestros productores.
–¿Cómo fue el proceso?
-M.M.: Hicimos la siembra a fines de agosto del año pasado y, después de las heladas, la cosecha en los primeros días de mayo, cuando lavamos, fileteamos y deshidratamos en la sala de valor agregado que tenemos en convenio con la Agencia Experimental SIMOCA del INTA, que nos permitió hacer todo este trabajo. Es una grata sorpresa ver la cosecha que tuvimos, tanto en el campo como en la sala de valor agregado, con el procesamiento de trabajar con un producto con enfoque agroecológico, que es muy importante.
–¿Todo el proceso es natural?
-M.M.: Si, por el manejo del suelo, porque hay que cuidar la tierra y tomar conciencia. Así, estamos cuidando a los seres vivos que muchas veces no percibimos, pero que están en la tierra y hay que cuidarlos porque son los que ayudan a la planta.
-¿Y el procesamiento?
-M.M.: A través de este trabajo articulado, pudimos obtener el polvo deshidratado y nos sorprendió mucho porque en el campo el rendimiento ha llegado a los 5 kilogramos. Además, en este contexto, tenemos dar un mano a nuestros asociados y es una grata satisfacción para todos los que trabajan en esto porque demuestra el resultado del esfuerzo colectivo y que este cultivo emergente tiene un gran potencial para la agricultura familiar.
-Es un producto que se está utilizando mucho en los últimos años en tiendas saludables, de la agroecología y de la agricultura familiar
-M.M.: Así es, tiene muchas propiedades. Lo marcan las tendencias, es antioxidante, antinflamatorio y es importante porque también el consumidor sabe que está poniendo en su mesa algo sano y que le está haciendo bien al cuerpo y a su salud.

Dulce Esperanza: proyecto de desarrollo local
–¿En qué etapa está el proyecto, actualmente?
-Mario Monteros: Ahora, vamos a darle escala una escala mayor. Trabajamos dos años con la harina de batata y este es el tercer año con la cúrcuma. Estamos midiendo los parámetros y preparándonos para cubrir la demanda. Queremos estar preparados y poder cubrir la demanda de los puntos de acopio y de venta.
– ¿Ya tienen interesados?
-M.M.: Ya tenemos La Despensa, gente de Córdoba; de Jujuy, a través de Cauqueva, y lo cierto es que lo necesitamos mucho porque estamos atravesando complicaciones climatológicas, con mucha lluvia e inundaciones severas en la provincia. Llovió en una hora y media lo que llueve generalmente en un mes, con muchas pérdidas. Por suerte, la cúrcuma pudo resistir y ahora se avecina una especie de ciclogénesis para este verano que nos va a afectar y queremos estar preparados.
-¿Pero siguen adelante con Dulce Esperanza?
-M.M.: Sí. Tenemos fe que la Pachamama nos va a acompañar y nos va a cuidar a los que trabajamos la tierra y que, en poco tiempo, podamos hacer entregas a todo el país. Queremos seguir apostando a lo nuestro, a nuestra tierra, a nuestro trabajo, porque vivimos acá, y esperamos que el proyecto tenga escala, y que sea una apuesta junto a los técnicos del INTA, y con la Red Nacional de Alimentos Cooperativos en la comercialización poder dar un salto.
– ¿Qué otras producciones tienen actualmente en la cooperativa?
-M.M.: Hace tres años consecutivos que venimos produciendo mandioca, porque nos dimos cuenta que es un cultivo delicado, pero noble y elaboramos harina de mandioca. También trabajamos con deshidratados de cítricos, con ají, que tratamos de darle el valor agregado. También tenemos la gran Feria de Simoca, que es una feria impresionante que se hace todos los años y que nos ayuda mucho a poder comercializar.
– ¿Cómo es el vínculo de la Cooperativa con la Red Nacional de Alimentos Cooperativos?
-M.M.: Gracias a la Red Nacional de Alimentos Cooperativos tenemos un punto de venta que se llama «La Despensa«, donde ofrecemos nuestros productos como la batata, el choclo, la sandía, melones, verduras de hoja verde, lechuga, y los productos de la Red. Es muy importante para nosotros porque sostiene un poco nuestra economía social.
– ¿La actual situación económica como la sobrellevan?
-M.M.: El otro día conversábamos con otros productores y uno me decía; «bueno, yo trabajo y tengo para trabajar», y le decíamos «compañero, no es lo mismo trabajar para sobrevivir, que trabajar para invertir«. Ahora, el trabajo es de subsistencia lamentable, nuestras economías regionales están muy golpeadas. Nos salvó La Despensa; si no, hubiéramos estado en una esquina con una mesita.
– ¿Es preocupante?
-M.M.: Es alarmante porque las políticas públicas no se ven, y cada vez la tendencia en estos tres últimos años es realmente de subsistencia. Si te inundas, no hay respuesta a nivel nacional. Extrañamos al Instituto de Agricultura Familiar, que siempre estaba presente en el territorio. Siempre estaban viendo y estamos hablando de organizaciones de gente que trabaja.
Mario Monteros: el rol del Estado desde Dulce Esperanza
– ¿Cómo crees que los ven desde el Gobierno al sector?
-Mario Monteros: Creo que quieren generar una imagen de que no trabajamos y es todo lo contrario. Las pequeñas organizaciones cooperativas son una empresa y actuamos como tal; damos valor agregado, generamos trabajo para los productores, para la cooperativa y para terceros porque somos parte de la agricultura familiar y están presente también en el trabajo nuestros hijos, nuestras compañeras, incluso hasta nuestros padres, que nos apoyan en los emprendimientos. Esperemos que vuelvan los tiempos en que trabajemos para invertir, para crecer y salir adelante.

-A pesar de eso avanzan con los proyectos a pesar de esta situación que relatás…
-M.M.: Si no tenemos proyectos, creo que no tendríamos un norte, una brújula. Es importante para toda organización tener un proyecto. Los riesgos siempre están, pero una vez que uno pasa esa línea o cruza ese puente, las cosas se van dando y también seguimos entusiasmados con la organización. Ya tenemos nuevos proyectos en mente. Ahora, estamos preparando los plantines de frutilla agroecológica y estamos pensado en trabajar con salsa mora, que es interesante y a esto le sumaríamos además el jengibre. Para nosotros es importante y clave tener proyecto y diversificación.
– ¿Cómo es Simoca?
-M.M.: Es lindo, sin dudas, hermoso; los invito a que vengan. Sobre todo, todos los sábados del mes de julio, que tenemos la Fiesta Nacional de la Feria de Simoca. Son más de 500 metros impresionantes, con pasillos de ranchos, comida típica, artesanos, productores y vendedores de lo que se imaginen. Podés encontrar juguetes, mantas, muebles, productos regionales, cerámicas; y nosotros justo enfrente con La Despensa. Estaremos ahí esperándolos. Cuenten con nosotros, con la Cooperativa Dulce Esperanza para recibirlos.



