Jorge Bragulat: «50 años del Golpe para recordar, repudiar y construir para adelante»

Jorge Bragulat es el Director del Doctorado Virtual en Economía Social, Solidaria, Comunitaria y Popular de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF).
Nacido en 1945 en Caleufú, un pueblito ubicado muy cerquita de Gral. Pico; vivió su infancia en Buenos Aires por el trabajo de su papá, hasta volver en el principio de la adolescencia a La Pampa. Estuvo a cargo de la Universidad de La Pampa en los años 70. Fue perseguido por la Triple A y por la dictadura militar después del golpe de Estado. En el exilio en España, hizo si maestría y doctorado sobre el movimiento cooperativo.
Estudió las cooperativas escolares, y de vuelta en la Argentina fue docente de la Universidad de Buenos Aires y creó múltiples tramos universitarios en la UNTREF, en materia de Economía Social. Recientemente editó un libro donde propone una estrategia: Vincular a los clubes, con las cooperativas, las mutuales, las cooperadoras escolares y diferentes entidades sociales para trabajar en favor de la comunidad.
En dialogo con ANSOL, hacemos un repaso de parte de su vida, trayectoria académica, militante y de vida en el marco de los 50 años del golpe de Estado.
Jorge Bragulat en La Pampa: un comienzo
-¿Cómo se genera esa relación entre tus estudios y tu militancia?
-En la Universidad de La Pampa hice la carrera de contador público. Y fui presidente del Centro de Estudiantes justo cuando fue el Cordobazo. Así que fue un momento muy particular para todo el país. Y La Pampa, a pesar de ser una provincia pequeña, tenía un espacio universitario con mucha efervescencia.
-¿Y qué te generó el Cordobazo?
Nos llevó a todos puestos, en el sentido de que no lo esperábamos. Por lo menos yo no lo vi venir, pero fue todo un empuje de estudiantes y el sector obrero, unidos, que generó un impacto muy grande de toma de conciencia a nivel estudiantil y a nivel de la clase trabajadora, de que se podían pensar cosas importantes camino hacia una mejor Argentina desde el punto de vista de la distribución de la riqueza.
Aunque nosotros estábamos dentro del peronismo, que en aquel momento en la universidad estaba mucho más desdibujado, después en la década del 70, ya la cosa estaba más clara y también se produjo una confluencia de la juventud con un sentido emocional y popular.
-¿Para ese momento ya habías terminado la carrera?
-Sí, terminé la carrera universitaria y me fui a trabajar a Neuquén. Estando allá, en el año 73, el gobernador de la provincia, Aquiles Regazzoli, me llama para hacerme cargo de la Universidad Nacional de La Pampa, que recién se nacionalizaba. Ahí estuvimos en la universidad un año y pico, hasta que después, el ministro de Educación, Iván Isevich, que vino desde la derecha se puso furioso con la universidad, nos sacó y nos expulsó en el 75.
Nos desplazaron a todos. Quedamos como docentes, pero no como conducción. Y en septiembre del 75, se produce un hecho importante desde el punto de vista jurídico, donde las policías provinciales pasan a depender del Ejército con facultades extraordinarias. El gobernador se quedó sin el mandato hacia las policías, y pasa a tomar el mando de la policía, el jefe del regimiento de Santa Rosa, de la subzona 14, que era el coronel Ramón Camps, nada más y nada menos. Y ahí empezó la represión y nos detuvieron.

Detención: La Pampa, Devoto, Resistencia
-¿Cuándo fue tu dentención y cómo se concretó?
-El 13 de noviembre de 1975. Todavía estaba Isabel Perón como presidenta, era una figura de gobierno democrático en lo formal, por lo tanto todas las detenciones que se hacían eran en blanco. En aquel momento estaba operando la Triple A y todo el mundo recibía una amenaza de ellos. Yo también lo recibí.
Nos llevaron a Santa Rosa primero, después a Devoto, donde nos molieron a palos y después a Resistencia en avión, todos acusados de subversión. En Chaco nos amenazaban que nos iban a tirar. Nosotros estábamos inconscientes de todo lo que ocurría. Hubo mucho maltrato, pero no hubo desapariciones, estábamos todos registrados.
Sufrimos torturas de la Penitenciaría de cada uno de los espacios carcelarios. En Santa Rosa ocurrió un hecho anecdótico que es que cuando yo estaba de autoridad en la Universidad, el jefe de la Penitenciaría tenía mucho interés en que los internos estudien y nosotros les invitamos a tomar clases. Entonces yo tenía contacto con él y cuando me detienen, me fue a recibir.
-¿Cómo lograste la libertad y la salida del país?
-Estaba detenido con casi todos mis compañeros de militancia. Éramos como veinte. Hugo Chumbita, el escritor, estaba también con nosotros. En ese momento había un reglamento de que si no había comprobación de que habías cometido un delito y no había cargos, tenías la opción para salir del país. Pero era una opción muy difícil de obtener. Todos presentamos la opción pero a ninguno le salió.
Entonces viene el golpe y la vida carcelaria fue otra. Revisaron toda la documentación y empezaron a liberarnos para después secuestrarnos de manera ilegal. Ese era el mecanismo. Porque uno tiene más información de la causa, estando adentro que afuera. De golpe, nos liberan a las tres de la madrugada, sin documentos, sin nada. Nos acompañan con un jeep mientras nos apuntan con una ametralladora y cuando llegan hasta el final de la Penitenciaria nos dicen: “bueno, corran”.
Salimos corriendo pero no sabíamos dónde ir. Estábamos en Resistencia. Uno que venía conmigo tenía un pariente en Corrientes y nos tomamos un colectivo a la noche. Cuando estamos cruzando el puente que une Resistencia con Corrientes, el colectivero nos dice: “ustedes bájense, bájense, bájense”. Y nos bajamos porque no teníamos alternativa. Bajamos, caminamos por el costado del puente y vimos que a 400 metros había un operativo policial deteniendo. Ese colectivero hace cincuenta años, nos salvó la vida.
Finalmente llegamos a la casa del pariente del compañero y pedimos el pasaporte. Nos lo dieron y nos fuimos del país, a Barcelona, España.
Barcelona, cooperativismo en el exilio
-¿Pudiste retomar tu actividad académica en Barcelona?
-Si, porque pude entrar en la Universidad de Barcelona como docente y estar en seminarios de estudios cooperativos y seguí la carrera sobre cooperativismo. Fue como un camino complementario, porque en La Pampa llegamos a crear una carrera de técnico en cooperativas, pero cuando subió al gobierno militar la eliminaron. Terminada la cursada, hice la tesis sobre las cooperativas de educación, que son las escuelas de gestión social, que ahora que están organizadas como cooperativas.
Había muchísimas cooperativas de educación en aquel momento, porque con el franquismo los colegios privados eran muy caros. Los católicos no tenían buena fama y los públicos eran muy franquistas. Entonces las familias organizaron cooperativas de educación. Incluso, pude dar clase en una cooperativa. Ese tema me interesó mucho, y hasta terminé haciendo el doctorado sobre las cooperativas de educación.

-¿Cómo fue vivir en el exilio?
-Tené en cuenta que no había internet, no había celular. Entonces nos escribíamos cartas con mi familia. Hicimos una revista con Hugo Chumbita: «Testimonio Latinoamericano«. El primer número que sacamos pusimos en la tapa una foto de las Madres de Plaza de Mayo. Prácticamente nadie decía nada de las Madres. Era el 81 o 82. Conocíamos nosotros más en el exterior a las Madres de Plaza de Mayo que en Buenos Aires.
También le hicimos un reportaje a Mercedes Sosa. Recuerdo una pregunta que le hicimos que todavía me impacta: «¿qué pensás?» Y dijo: «lo que me pone triste es que la gente se olvide de mí». No le dijimos nada, ¿qué le íbamos a decir? Pero uno pensaba ¿qué se van a olvidar? Hay muchas anécdotas tristes, que ahora te regresan.
-¿Con qué Argentina te encontraste cuando volviste?
-Volví con el regreso de la democracia, en una Argentina con mucho lío, mucha desorientación. Las cosas no estaban más claras. Había toda una discusión dentro de la gente exiliada sobre a quién votar. El grupo nuestro dijo: «votamos por el peronismo, pero ojalá que no gane«. Uno tenía en el pensamiento un peronismo nacional, cultural, con justicia social, con esa bandera. Entonces, aquella frase fue muy buena para pensar.
Fue muy difícil insertarse, pero me presenté como docente de la Universidad de Buenos Aires, en una cátedra de economías cooperativas y otras entidades de economía social, en la Carrera de Contador Público y ahí estuve 27 años. Era una materia pequeña, marginal, pero la mantuvimos. Y estaba asesorando también a una federación de bancos cooperativos. En la Argentina había en aquel tiempo 70 bancos cooperativos.
Lo que pasa es que (Alfredo) Martínez de Hoz sacó la Ley de Entidades Financieras, que obligaba a las Cajas de Ahorro a formarse en bancos. Entonces, se formaron bancos pequeños que no tenían sustentación sólida, ni patrimonial, ni fiscal y desaparecieron todos. Algunos con muchos problemas políticos internos, otros con problemas fiscales. Quedó solo el Banco Credicoop.
Volver a la Argentina; antes, durante y después
-¿Cómo empieza tu vínculo en la Universidad del Tres de Febrero?
–Con un proyecto de posgrado. Empezamos a mover el tema de la enseñanza virtual que ya tiene 23 años de antigüedad. Y después del posgrado, una especialización, una maestría, y el día 31 de marzo de este año lanzamos el primer doctorado virtual en Economía Social, Solidaria, Comunitaria y Popular. Así que les estoy dando la noticia.
El primero de todo el país. Hay doctorados virtuales de muchas carreras, pero de Economía Social… es el primero. Eso es un orgullo y a su vez es una tristeza, porque si hubiese 42 doctorados de economía social el país sería otro.

-¿Cómo fueron los años del kirchnerismo para con el cooperativismo?
-Muy bueno. Porque se fomentó el trabajo y la sabiduría. Fue como un aluvión que se vivió con el fomento de las cooperativas de trabajo. El propio cooperativismo tradicional, que no era de trabajo, no entendía. Recién ahora lo está entendiendo el cooperativismo de servicios públicos y el cooperativismo agropecuario. Hubo un aluvión de cooperativas de trabajo, pero también el cooperativismo de trabajo fue un movimiento que se fue forjando en los 90, desde abajo, producto de la crisis.
El cooperativismo siempre viene a dar respuesta a la crisis, ya sea en el sector industrial o en el agropecuario. Cuando en el interior no llegaba la electricidad, los vecinos se juntaron y armaron las cooperativas eléctricas. Y hoy son muy importantes y le dan el servicio a muchas ciudades. Además las cooperativas son las que generan trabajo. En momentos de desocupación la gente se organiza y las cooperativas son generadoras de puestos de empleo. La gente se la rebusca y encuentra en las cooperativas un camino, una opción.
-¿Es válido también para este momento histórico?
-Ahora hay desocupación, pero no se están generando puestos de trabajo, y eso no es culpa de las cooperativas. Ocurre que el Estado realmente está en contra de las cooperativas. Las está atacando. Menem fue indiferente, con el kirchnerismo eran atendidas. Ahora están siendo atacadas.
-Desde el cooperativismo ¿se puede comprar lo que acontenció en los años 90 con la actualidad?
–En los 90, para el cooperativismo no hubo desprestigio cultural, hubo desprestigio económico. No tenían interés, pero ayudaban. No como ahora que no tienen nada de interés decididamente. En la Argentina de hoy cerraron 26.000 industrias y no hay un fenómeno de recuperación de las empresas.
El Estado no solo no los ayuda, sino que los desestimula. Una cosa es no promoverlos, y otra cosa es no ayudarlos. No hay un empuje cultural. Antes, la gente se ayudaba por abajo, con solidaridad, participación y equidad. Culturalmente había una efervescencia.
-¿A qué sensaciones te remiten los 50 años del golpe de Estado?
-Me parece que es un momento muy importante para recordar lo que la sociedad sufrió con la represión y los homicidios que sabemos que ocurrieron. Al final, nos encontramos con una justicia ecuánime y eso nunca va a desaparecer de la memoria, pero hay que pensar desde esa base hacia adelante.
En términos de política económica, la de hoy no difiere para nada con la de la dictadura militar. El poder dominante y las decisiones políticas no difieren. Es cierto que es otro contexto, pero económicamente es parecido, la diferencia fundamental es que no hay una dictadura, sino que estamos en democracia con todas sus limitaciones. Si me preocupa el momento cultural, social y económico. Pero los 50 años son para recordar, repudiar lo que pasó y construir para adelante. También es importante la autocrítica, pero no para quedarse solo con eso sino para construir otra cosa.
Los clubes como asociaciones civiles
-¿Por qué hiciste un libro recientemente con los clubes?
-El club es una cooperativa con más solidaridad, porque los clubes no pueden distribuir los beneficios como distribuyen las cooperativas. En Argentina los clubes son como 15.000, entre todos, chicos, grandes y medianos. Si todo eso se va a manos privadas, desaparecen todos los otros deportes porque el fútbol es lo que mantiene todo. Con las sociedades anónimas deportivas se pone en peligro ese modelo.

-Además todo el tejido social que se genera alrededor de los clubes
-En los clubes se mezclan las clases sociales, gente de distintos lugares, distintas profesiones e ideologías, es decir, el tipo que es socio y pone el pie en el club ya es un par, con el otro socio que vive a la vuelta y que no tiene un mango. Y eso culturalmente es muy importante. Eso con las sociedades anónimas se modificaría y todos serían clientes. Argentina es uno de los pocos lugares en el mundo donde se da este fenómeno de asociatividad y solidaridad.
Hay que integrar el movimiento de la economía social con las cooperativas, las mutuales, las cooperadoras escolares y los clubes. Hay 30.000 cooperadoras escolares, 15.000 clubes, 20.000 cooperativas y 5.000 mutuales que hay que asociar. Las cooperadoras son un reservorio de ciudadanía, de compañerismo, donde se trabaja para todos. En la medida en que haya una integración estratégica de todas las entidades asociativas democrática sería una opción culturalmente muy importante.
-¿Este es el camino de la economía social?
-Sí, totalmente. La economía social es un proyecto económico cuya herramienta principal es la educación y la cultura. O al revés, es un proyecto cultural que para llegar utiliza la herramienta económica democrática. Tenemos que juntar economía y educación. Nosotros estamos para convencer, si no convencemos no subimos al tren a nadie. Por eso es un momento para trabajar con los clubes, las cooperativas, las mutuales, las cooperadoras y otras entidades para en favor del sector público, como hospitales, museos, plazas, escuelas, etc. Entonces, en ese momento vamos a estar trabajando para la sociedad, para que todo aquello que haga el Estado sea para la comunidad.



