ENTREVISTA

Leandro Monk: «La inteligencia artificial es software. Si no nos la apropiamos, se convierte en magia»

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Trabajador, docente y cooperativista, Leandro Monk es presidente de la Mutual de lxs Trabajadorxs de la Informática y el Conocimiento (MIT) y uno de los referentes de la economía social tecnológica en Argentina. En diálogo con ANSOL, traza un mapa crítico sobre inteligencia artificial y trabajo: qué es realmente la IA, quién la controla, qué responsabilidad tienen los trabajadores y por qué el software libre es la respuesta colectiva al avance de los grandes proveedores globales.

Inteligencia artificial y cooperativismo son el núcleo del debate que plantea Leandro Monk, referente de la economía social tecnológica en Argentina. Lleva más de 25 años pensando la tecnología desde adentro del movimiento cooperativo: fue fundador de Gcoop, impulsó la creación de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores de Tecnologías de Innovación y Conocimiento (FACTTIC) y hoy preside la Mutual de lxs Trabajadorxs de la Informática y el Conocimiento (MIT). El diálogo con ANSOL se convierte en una clase abierta para entender el fenómeno de la tecnología y la Inteligencia artificial. Y el rol que les toca a los y las trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones.

-¿Cómo surge la iniciativa de los cursos de la MIT?

-Leandro Monk: Bueno, la MIT es una mutual nuevita que todavía no tiene ni dos años. La creamos con el apoyo de los compañeros y compañeras de las cooperativas tecnológicas de FACTTIC y desde que arrancamos vimos una necesidad de poder plantear algunas formaciones con nuestra mirada desde la economía social, solidaria y el conocimiento libre, que estaban faltando.

Nos pusimos manos a la obra para poder construir esta oferta de capacitación y la verdad que hoy estamos realmente muy contentos porque entendemos que armamos una oferta de capacitación muy interesante, novedosa y necesaria para poder enfrentar los desafíos del ahora. Entendiendo que la tecnología, pero sobre todo la inteligencia artificial, tienen que tener una visión crítica. Y tenemos que saber cómo funcionan, para qué están, en función de qué están y cómo podemos resignificarlos para utilizarlos desde la economía social y solidaria. Ese nos parece un desafío interesante.

-¿Cómo se vuelca esta mirada en los cursos?

-L. M.: Dos de estos cursos son para personas con algún tipo de formación técnica, que son los de inteligencia artificial libre y el de análisis de datos. Están pensados más en los trabajadores y trabajadoras de la industria de la tecnología y el conocimiento. Y los otros dos que son para personas sin formación técnica, que son el de Inteligencia artificial y sociedad.

La idea de este curso es poder analizar y entender cómo es que la irrupción de la inteligencia artificial ¿Qué significa? ¿Qué está pasando? ¿Cómo lo analizamos? ¿Cómo es este problema en función geopolítica? ¿Cómo es este problema en función de los derechos humanos o de los derechos individuales de cada persona? ¿Cómo muchas de las estrategias que impulsan las empresas detrás de estas tecnologías profundizan la lógica de la concentración y la desigualdad?

Y cómo, por ejemplo, con la de inteligencia artificial libre, podemos apropiarnos de esa tecnología y utilizarla sin necesidad de los grandes jugadores de la tecnología global. La idea es poder tener la tecnología en las manos de los trabajadores y las trabajadoras.

-¿Cómo es como problema y cómo es como oportunidad la inteligencia artificial?

-L. M.: Eso pasa con toda la tecnología. Porque, para empezar, hay una cosa que me parece importante detallar, que la inteligencia artificial es software. Un tipo de software nuevo que hace cosas, en muchos casos, muy impactantes, muy impresionantes, pero no deja de ser software. ¿A qué me refiero con esto? Que lo deberíamos pensar de la misma manera que pensábamos el software anterior. Porque es nuestro quehacer diario. Cambian las herramientas, pero lo pensamos de la misma manera. Con las cuatro libertades del software libre. Necesitamos poder saber cómo está hecho, estudiarlo, modificarlo y colaborar con nuestra comunidad. Apropiarnos de la tecnología, porque si no, la tecnología se convierte en magia y eso es lo que no podemos permitir.

-¿Qué lugar tienen los trabajadores en esa tarea?

-L. M.: Los trabajadores y las trabajadoras tenemos que saber, porque la responsabilidad final siempre está sobre los trabajadores y las trabajadoras. O sea, no debería ser posible decir, «no, lo que pasa es que lo hizo la IA«. Siempre hay alguien atrás, porque la IA no tiene ningún propósito. Los propósitos y la responsabilidad la tenemos nosotros. Será de un programador o de un usuario que no chequeó suficientemente bien lo que respondió la IA. La responsabilidad sigue siendo de los trabajadores y las trabajadoras, y eso es muy importante tenerlo en cuenta, porque en esta ola de marketing y humo de los grandes proveedores de inteligencia artificial quieren, justamente, invisibilizar eso, porque uno de los objetivos hoy planteados es la oportunidad del reemplazo de personas.

-Hay mucho miedo de compañeros y compañeras que se dedican a oficios vinculados a la comunicación, de ser reemplazados por la inteligencia artificial. ¿Qué te parece?

-L. M.: Yo entiendo que los compañeros y las compañeras no es que van a ser reemplazados, si la manejan de una manera correcta, y en el tiempo, pueden volverse más productivos, porque la inteligencia artificial sola no trabaja. Alguien le dice lo que tiene que hacer, y «ese» es un trabajador o una trabajadora, que puede ser más productiva porque ahora tiene una herramienta que hace algo que antes se necesitaba más tiempo para hacer, pero el diseñador sigue siendo el que tiene que pensar el prompt para que salga bien, la pieza comunicacional, con las características técnicas necesarias, y es el que da la evaluación técnica, si la composición está bien hecha.

Entonces, tenemos que entender que es una herramienta que nos puede generar mayor productividad, pero que tenemos que probarla en el tiempo, porque no sea cuestión que estemos tercerizando los problemas, quiero decir, yo estoy más productivo, pero al haber errores en lo que estoy haciendo, el que viene después en la cadena va a tener más trabajo. ¿Por qué? Porque mi trabajo es de peor calidad, es más rápido, pero es de peor calidad. Por eso, hay hay que medirlo bien, porque algunos dicen: «somos súper productivos», pero la Inteligencia Artificial se equivoca.

Hay muchas cuestiones que no conoce, como es la economía solidaria, la agricultura familiar, la comunicación comunitaria, digamos. Se equivoca en un montón de cosas. Es necesariamente una persona la que tiene que supervisarla. Por eso hay que ver el proceso completo. Por ejemplo: yo hago un software, que la Inteligencia Artificial me dice, ya está listo, pero después funciona mal, y alguien tiene que ir viendo cuáles son los errores que tiene, y hay un área que se tiene que ocupar de eso. Yo fui híper productivo, pero el que vino después en la cadena tuvo que tardar más tiempo. Entonces, por ahí el ciclo no es más rápido.

Por eso digo, todavía estamos en los albores de esto, y las proveedoras de estas grandes empresas, hoy venden que sí, pero los que estamos en el día a día, vemos que no sabemos todavía.

-¿Por qué creés que impactó tanto en la sociedad la IA?

-L. M.: Bueno, hay una campaña promovida por estos grandes proveedores, en términos comunicacionales, muy grande, con mucho dinero. En algún momento se habló que en Argentina iban a hacer un data center con una inversión de 35.000 millones de dólares. Todos hablan de miles de millones de dólares. Entonces, evidentemente, ahí hay una cantidad de intereses económicos de grandes grupos financieros, que son los que ponen estos miles de millones de dólares, en función de la promesa de que les van a echar a toda la gente. Esa hoy es la promesa de la IA. Inviertan en mí que yo los voy a dejar que trabajen solo los gerentes.

-¿Y eso es cierto a futuro?

-L. M.: Yo no tengo la bola de cristal. Lo que sí entiendo es que los trabajadores que les den las órdenes a la IA van a seguir siendo responsables y van a tener que chequear lo que hacen. Y también sé que la IA no tiene conciencia, no tiene propósito, por ende, siempre un ser humano lo va a tener que guiar. Porque nosotros lo guiamos a ellos. Nosotros lo alimentamos todo el tiempo.

Además, hay algunos otros problemas relacionados con los datos, porque ya no hay más datos para darle de comer a las inteligencias artificiales. La mayoría de los datos que había, ya los aprendieron. Y entonces, ahora se utilizan datos creados por la misma IA para crear IA. Además, una IA es un modelo de predicción de cuál es la siguiente palabra que viene en función de la que vino antes.

Eso es todo lo que hace la IA. Entonces siempre va a ganar el pensamiento hegemónico. Es un igualador, en ese sentido.Invisibilizador de las diferencias. Porque, obviamente, lo más probable en los datos que tiene la IA es que sea una respuesta del que manda.

-¿Del que manda?

-L. M.: Del que manda, del que crea los datos. ¿Se acuerdan que decíamos que la historia la escriben los que ganan? Eso quiere decir que hay otra historia. Bueno, si los datos los indexan los que ganan, quiere decir que hay otros datos que no se ven.

-Que son las disidencias…

-L. M.: Lo podemos pensar como en términos de la teoría de género. Las disidencias en la IA están absolutamente invisibilizadas. Porque no es lo más probable. Esto viene articulado a lo geopolítico. El que maneja la tecnología, ya sabemos, tiene un control importante sobre las sociedades. Entonces, necesitamos, para poder tener control sobre lo que hacemos, software abierto. Y en esto, hay hoy dos modelos de desarrollo claros en el mundo en relación a la tecnología, y especialmente la Inteligencia Artificial.

-¿Cuáles son?

-L. M.: Uno es el modelo de los grandes proveedores norteamericanos, ChatGPT, OpenAI, Meta, Google, Anthropic, que es el que hace Claude, esos grandes proveedores que hacen tecnología cerrada y la venden al mejor postor. Ya sea el Pentágono o grandes empresas. Y por otro lado está el modelo de China, que justamente es el de los modelos abiertos, del software libre, del compartir, de poner a disposición tecnología. Uno pone menos de lo que se lleva en tecnología. Entonces, sí, es un negocio virtuoso, además, en términos individuales tiene que ser un negocio virtuoso en términos colectivos.

Entonces hay dos polos. Cuando salió, fue un furor DeepSeek, pero no es el único modelo chino abierto disponible, que funciona muy bien, y también están las probabilidades norteamericanas. Y yo puedo utilizar los modelos abiertos para implementar en mi infraestructura o en mis computadoras. Otro de los desafíos que se vienen para pensar es, si alguien hace la IA, ¿el mundo no se va a dividir entre los que hacen y los que consumen IA?, ¿cómo hacemos para que eso no pase o para que eso se iguale? Porque si no, la distancia será cada vez mayor, porque justamente son las mismas arquitecturas de tecnología y de la concentración.

Integrantes de la Mutual MIT reunidos: inteligencia artificial y trabajo cooperativo desde la economía social tecnológica
Integrantes de la Mutual MIT reunidos: inteligencia artificial y trabajo cooperativo desde la economía social tecnológica.

-Hablabas de geopolítica en un momento. ¿Qué lugar tienen los Estados en este cuento? Porque los que elaboran y los que mandan acá, son las empresas de capital concentrado…

-L. M.: Sí y no, en el sentido de que todas estas empresas norteamericanas crecen a la sombra y a partir de la inversión pública en tecnología, que es muchísima.

Mariana Mazzucato, la economista italiana que escribe sobre todas las invenciones financiadas por el Estado norteamericano en las cuales se basó el iPhone para existir, dice: bueno, Apple no hubiera podido hacer el iPhone sin toda esta cantidad de miles de millones de dólares de inversión pública para que finalmente la empresa pudiese hacer el iPhone. Desde el sistema GPS hasta las cámaras fotográficas, fueron financiadas en parte por los estados. El problema es que se invisibiliza esa inversión pública.

De hecho, en el modelo chino, el Estado tiene mucho para decir. Las empresas en general tienen un alto porcentaje de participación estatal. Lo que pasa es que las grandes empresas no quieren que se diga. Por eso se visibiliza solo la problemática empresaria. Y yo ya diría que, para empezar, como es obligatorio decir que una foto tiene Photoshop y que esta imagen ha sido retocada digitalmente, entiendo que los productos hechos en base a IA deberían decir «hechos con IA».

-¿Cómo es la propiedad intelectual en la IA?

-L. M.: Hace poquito hubo un juicio, salió el primer fallo norteamericano y tendríamos que alinearnos con eso, pareciera benévolo, donde dice que el producto de la IA no tiene copyright.

-¿No tiene?

-L. M.: No. Entonces, no es de la IA, eso sería el sueño húmedo de cualquier magnate multimillonario de empresa tecnológica. «Yo soy el dueño de la IA y de lo que procesa la IA». Bueno, eso no pasa. Claramente las IAs están entrenadas con información pública. Por ende, el output, la salida, debería ser información pública. O sea, accesible para cualquiera.

Debería no tener ningún tipo de barrera en términos de los derechos de autor. No debería tener una barrera porque el insumo para que eso se pudiera hacer fue el trabajo de toda la sociedad.La creación de conocimientos es de toda la sociedad. De hecho, una paradoja es que las IAs saben programar gracias a que existe el software libre.

Inteligencia artificial y cooperativismo: 25 años de software libre, la misma pelea

-Vos que desde principios de los 2000 sos parte del movimiento de software libre en Argentina. ¿Qué tenés para contar de un recorrido de 25 años, en qué lugar estamos hoy?

-L. M.: Estamos en el mismo lugar y peleando por las mismas cosas. Por eso digo, la IA es software. Es la misma problemática del acceso al hardware y a los dispositivos. Además, por la burbuja misma de la IA, los dispositivos están en unos precios elevadísimos. La única manera es que lo pensemos de forma colectiva, porque cada uno, por separado, no va a poder.

Es una oportunidad para pensar, como en 1925, que una usina eléctrica no la podíamos tener cada uno en su casa y se pensaron las cooperativas eléctricas. Entiendo que la IA es una necesidad y si queremos tener control tenemos que hacerlo de manera colectiva, porque justamente la problemática de vigilancia de datos es muy grande.

-¿Por ejemplo?

-L. M.: Ya quedó al descubierto en la pelea entre el Pentágono y Anthropic, que es la empresa que está detrás de Claude. Decía que no se puede usar para hacer seguimiento masivo de ciudadanos norteamericanos. Pero yo no soy ciudadano norteamericano. O sea, que Anthropic está de acuerdo con que se utilice su IA para hacer seguimiento masivo de personas no norteamericanas. ¿Eso no es un escándalo? De alguna manera tenemos que pensar que eso lo tenemos que parar.

-¿Dónde estamos parados nosotros en el mundo de la economía social y el cooperativismo?

-L. M.: Esto sirve para cerrar lo que hablábamos al principio. Entiendo que hay un desafío que es generar conciencia sobre estas problemáticas. Estamos por ahí en la etapa de la obnubilación por la llegada tecnológica. Y parece lamentablemente que hay gente que termina con una relación con la IA…

-¿De afectividad?

-L. M.: Sí, de afectividad. Me parece que, en esta etapa, deberíamos ir a la problematización, por ejemplo, de la concentración económica. Y para eso es que en la Mutual pensamos los cursos que estamos ofreciendo a todos, que son muy accesibles. Hoy asociarse a la Mutual sale $6.550 pesos por mes y con esa cuota, tenés acceso a los cursos de manera gratuita.

-¿Y dónde se encuentran?

-L. M.: En MIT.org.ar está toda la información.

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