Lula y el cooperativismo brasileño: autonomía política y construcción de consensos
En nuestra relación con el cooperativismo brasileño a través de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), hemos descubierto, conocido y tenemos una gran experiencia de trabajo conjunto con el glorioso movimiento cooperativo brasileño. Allí, producto de muchos años de incidencia y de fortaleza ante los gobiernos, han creado el Frente Parlamentario Cooperativo del Congreso, que es un trabajo político institucional de las cooperativas en su relación con la política partidaria.
Nuestro cuarto principio cooperativo, el de independencia de las cooperativas, siempre ha sido interpretado como independencia frente al poder político y ante los poderes económicos. En algunas lecturas se ha dicho que las cooperativas no participan en política, cuando eso es opinable, puesto que esa independencia y esa autonomía de las cooperativas no quiere decir que dejen de tener sus propios intereses políticos, de contar con una legislación y un fomento estatal acorde a la naturaleza de las cooperativas. Se trata, en definitiva, de llevar cooperativismo a la política, y no al revés.
Cooperativismo de escala
En el caso del modelo brasileño, tanto de gestión de política pública como de fomento cooperativo, podemos decir que está, entre comillas, “privatizado a favor del movimiento”. Es decir, no existe en Brasil un INAES, un instituto que regula las cooperativas, como en Argentina, sino que es el propio movimiento el que tiene su autorregulación y su autofomento, y para eso cuenta con fondos específicos y muy fuertes.
Hecha esta aclaración, sabemos, por ejemplo, que el 50% del producto bruto agropecuario brasileño pasa por el movimiento cooperativo. Eso marca la incidencia que tiene sobre el país y el impacto que puede tener la elección de uno u otro Gobierno.
Desde ya, en una elección tan reñida y tan pareja como la que ha habido este fin de semana, hay cooperativistas brasileños en todos los partidos políticos y personas vinculadas a cooperativas que han votado seguramente a todos los partidos. En este último balotaje, seguramente tanto a Flávio Bolsonaro como a Luiz Inácio Lula da Silva.
En Brasil, por lo que nosotros conocemos, hay una fuerte división, tal como ocurre en Argentina. De hecho, dentro de las cooperativas hay diferentes visiones, pero eso no quita que hayan preservado su autonomía e independencia respecto del Estado y del gobierno.

Nosotros desde Argentina, de todas maneras, sabemos que el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva ha sido proclive al fomento del cooperativismo. Entonces, desde aquí vemos con mucho interés el resultado de Lula ganador, en el sentido de que seguramente se van a afianzar todas esas políticas de creación y fomento de cooperativas, que han sido una característica durante sus últimos años. Y seguramente también se va a preservar esa autonomía.
El propio movimiento cooperativo sabrá darse su política de vinculación, cuya principal expresión es fortalecer el Frente Parlamentario Cooperativo, que, según se conoce, no es más que la vinculación de las cooperativas con los diferentes legisladores de todos los partidos.
Como nos dicen a veces sus representantes, o nos han dicho recientemente, después de cada elección hay que salir a armar el frente de nuevo, porque hay diputados y senadores que se van y otros que ingresan. Y sobre esos que ingresan hay que hacer un trabajo institucional para que se sumen al Frente Parlamentario.
Esa es la gran fortaleza del movimiento cooperativo brasileño: saber que, con su autonomía e independencia del poder político, lleva adelante vinculaciones, de manera tal que, pasen los gobiernos que pasen, los principios básicos de su fortaleza sean respetados y consensuados.



