ECONOMÍA

Vitivinicultura en crisis: el cooperativismo como respuesta superadora

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Con una caída sostenida en los precios, el consumo y las exportaciones del sector, la experiencia de FECOVITA demuestra la capacidad del modelo asociativo para contener a los productores.

La vitivinicultura argentina enfrenta desde hace varios años problemas estructurales profundos que condicionan severamente su rentabilidad y competitividad. El elevado nivel de stocks, la caída sostenida del consumo interno y la retracción de las exportaciones configuran un escenario complejo que limita de manera directa la capacidad de mejorar el precio de la materia prima en las fincas de todo el país.

Este diagnóstico crítico queda expuesto de manera sistemática en el Semáforo de Economías Regionales elaborado por CONINAGRO, que ubica persistentemente a la vitivinicultura entre las actividades con mayores dificultades de la producción agropecuaria nacional. Según el relevamiento histórico de la entidad, la actividad permaneció más del 72% del tiempo en «rojo» durante los últimos ocho años.

Uno de los datos que más preocupa al sector es la distorsión en la distribución del valor dentro de la cadena: actualmente el productor recibe apenas el 12% del precio final del vino, cuando históricamente esa participación rondaba el 26%.

A este atraso se suman variables comerciales y productivas en franco deterioro. Durante abril, el precio promedio pagado al productor se ubicó en $273 por litro, registrando una baja del 18% en términos interanuales. En paralelo, la superficie destinada a la actividad descendió a 196 mil hectáreas, el consumo interno proyectado cayó a 14,5 litros por habitante (un 10% menos) y las exportaciones se retrajeron un 4%. En sentido contrario, las importaciones crecieron un 63%, inyectando una presión asfixiante sobre el mercado doméstico.

FECOVITA: un escudo frente a la crisis de la vitivinicultura

Es precisamente en este escenario de vulnerabilidad generalizada donde el modelo cooperativo demuestra su valor estratégico como amortiguador social y económico. Frente a la lógica del mercado tradicional, la Federación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas Ltda. (FECOVITA) viene desplegando su capacidad de gestión y articulación interna para defender el ingreso genuino de quienes producen la tierra y garantizar la continuidad de la actividad.

Un ejemplo claro de esta capacidad de resolución frente a la crisis se vivió recientemente en la provincia de San Juan. Tras un foco de tensión y disconformidad por parte de un grupo de viñateros respecto a los valores iniciales de la última cosecha, FECOVITA activó los mecanismos de diálogo del asociativismo.

Con la mediación de las autoridades provinciales, la federación cooperativa logró destrabar el conflicto y consensuar un acuerdo de precios, estableciendo el pago de $255 por kilo de uva tinta y $185 por kilo de uva blanca.

Consultados por ANSOL, desde FECOVITA señalaron desde la entidad que la prioridad absoluta de la federación sigue siendo proteger a los eslabones más débiles de la cadena. «Como parte del cooperativismo, siempre intentamos llegar al mejor precio posible para el productor», ratificaron.

El caso referencial del rescate de Bodega Resero

La resolución del caso sanjuanino no es un hecho aislado, sino el resultado de una red de contención cooperativa que trasciende las fronteras provinciales. Para sostener la operatoria en San Juan en un contexto adverso, FECOVITA puso en 2025 nuevamente en funcionamiento la histórica Bodega Resero, garantizando la recepción de aproximadamente 24 millones de kilos de uva de productores locales que mantienen un vínculo comercial con la entidad desde hace más de dos décadas.

Concretar esta acción requirió una inversión de más de un millón de dólares destinados a la elaboración de la producción recibida. En una muestra cabal de intercooperación, estos recursos económicos fueron aportados y financiados por cooperativas mendocinas integradas a la federación.

Desde la conducción de la entidad explicaron que la decisión responde al compromiso histórico con sus productores asociados, demostrando que, aun cuando las variables de la macroeconomía empujan hacia el rojo, el cooperativismo elige construir comunidad y sostener el trabajo en el territorio.

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