Jorge Bragulat: “Argentina no tiene clubes de fútbol; tiene clubes con fútbol”
En diciembre de 2022, la imagen de Julián Álvarez entrando a Calchín sobre un camión de bomberos ante 2.500 vecinos se volvió viral. Sin embargo, para Jorge Bragulat, Doctor en Economía y director del Doctorado en Economía Social, Comunitaria, Solidaria y Popular de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), esa foto es, en realidad, una tesis económica.
«Eso significa que el Club Atlético Calchín fue fundamental. Lo contuvo hasta los 12 años», analiza Bragulat en una profunda charla con ANSOL. «Después vino el salto a River, al Manchester City y la final contra Francia. Pero el inicio fue el mismo que el de Lionel Messi en el Club Abanderado Grandoli, Lautaro Martínez en Liniers de Bahía Blanca, o Enzo Fernández en La Recova de San Martín. Todos salieron de clubes pequeños de barrio y de los pueblos».
Para el especialista, la premisa fundamental es entender por qué el fútbol argentino es campeón del mundo sin tener, en su base, un modelo de negocio. La respuesta se resume en una diferencia de apenas tres palabras: «Argentina, por suerte, no tiene clubes de fútbol. Tiene clubes con fútbol». Esa matriz explica la existencia de las más de 15.000 instituciones barriales en el país que sostienen el deporte y la comunidad.

Una forma profunda de cooperativa
Bragulat, quien también dirige la Diplomatura en Economía Social y Clubes en la UNTREF, no duda en emparentar a estas instituciones con el ecosistema solidario. «Los clubes de barrio son una forma más profunda de las cooperativas«, afirma. A diferencia de una Sociedad Anónima, un club es una asociación civil sin fines de lucro: «Tienen excedentes y no se los pueden repartir entre los socios; tienen que obligatoriamente capitalizarse».
Esa estructura jurídica es la que los salvó de desaparecer en los momentos más oscuros de la historia reciente. «En los 90, con la convertibilidad y la crisis de 2001, algunos han tenido que hasta vender terrenos para subsistir. Pero no quebraron ni fueron comprados, porque no tienen dueño», reflexiona. Según registros de la Confederación Argentina de Clubes de Barrio, existen 15.696 entidades en todo el país (más de 4.000 concentradas en la provincia de Buenos Aires), un bloque que Bragulat propone integrar formalmente con las mutuales y cooperativas de trabajo.

Becas implícitas, contención y el peligro de las SAD
El valor social del club radica en prácticas que no figuran en ningún estatuto formal. «Un chico entra al club porque es socio él o su papá. Después, si no puede pagar la cuota, yo no he visto a ninguno que lo hayan dejado de lado. Como todos se conocen, es una beca implícita que se le está dando sin decirle nada», destaca el economista. Es una institución organizada por la comunidad, donde conviven familias de distintos ingresos económicos bajo una regla igualitaria: en el club, a diferencia de una S.A., tener más dinero no otorga más derechos.
En pleno debate por la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD), habilitadas a través del DNU 70/2023, Bragulat marca un contraste brutal: «Los clubes forman personas y deportistas. Las sociedades anónimas forman deportistas, sin importarle si saben«. Las estadísticas de las divisiones inferiores son implacables: solo el 2% de los chicos llega a Primera. Por eso, el club contiene de forma integral, exigiendo la escolaridad secundaria y ofreciendo cultura, educación y socialización colectiva.
El economista advierte además sobre el «efecto dominó» que provocaría el desembarco del capital privado lucrativo en el fútbol profesional. «Si se transforma en SAD, el resto de las disciplinas que vive a consecuencia del dinero que maneja el fútbol colapsa. ¿Cómo mantienen la pileta, el gimnasio, el vóley del barrio? Ni van a recaudar para calentar la pileta», alerta, citando modelos de franquicias multinacionales como el City Football Group, que ya pisó fuerte en Brasil y Uruguay. «El padre no va a ir a trabajar gratis para una sociedad anónima; trabaja para sus hijos. Con la SAD se pierde la integración social».
elgritodelsur 🇦🇷 Nacidos y criados en un club de barrio. Eso somos. Ni Sociedad Anónima ni mano invisible del mercado…
Los clubes como bloque económico
Frente a la amenaza privatizadora, Bragulat invita a pensar a los clubes de barrio como un gigantesco actor económico doméstico. «Si todos los clubes de la Ciudad de Buenos Aires deciden comprar las camisetas a una fábrica nacional y no pagarle a Nike o Adidas, fíjate la magnitud del dinero. O si dicen ‘hagamos una fábrica de pelotas de fútbol’, imaginate la demanda».
En esa misma línea, sugiere potenciar la intercooperación: «¿Por qué no concesionar una obra de un club a una cooperativa de trabajo? Así se beneficia a una estructura social. Cooperativas, mutuales, asociaciones civiles y clubes: todas tienen un socio, un voto, y no tienen fines de lucro«. Asimismo, rescató su rol fundamental en la salud pública, prestando sus instalaciones para las clases de educación física de las escuelas del barrio en un «acto solidario natural».
«Un barrio sin club es un barrio sin carnaval, sin pileta en verano, sin un padre llevando a cuatro chicos en el auto un sábado a las ocho de la mañana«, concluye Bragulat, dejando planteadas dos tareas urgentes para el sector: generar mayor conciencia cultural de lo que se puede perder y coordinar la integración organizativa de los clubes en el mapa de la economía social. «Mientras el mundo discute franquicias, Argentina todavía discute comunidad. Por ahora, el 1% llega a Primera. Pero el 100% se queda con el club»



