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Vivienda, alimentos y trabajo: los ejes ganadores de los Coop Innovation Awards

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Los prestigiosos premios cooperativos estadounidenses son impulsados por Capital Impact Partners y por Cooperative Bank.

(ANSOL).- El modelo cooperativo se consolida en Estados Unidos como una herramienta crucial para revertir las tendencias de desigualdad y de exclusión financiera que se extienden a nivel mundial.

Recientemente, cinco iniciativas de base comunitaria fueron reconocidas en el marco de los prestigiosos Co-op Innovation Awards, impulsados por Capital Impact Partners y el National Cooperative Bank. Lejos de premiar ideas abstractas, el jurado se centró en proyectos con potencial de réplica a escala, para crear acceso a vivienda, dignificar el trabajo y garantizar la seguridad alimentaria.

El programa ha canalizado más de 1.23 millones de dólares a 35 cooperativas desde 2015, demostrando el compromiso de las entidades financieras de impacto con la Economía Social y Solidaria (ESS). En esta edición, el fondo de 205.000 dólares se destina a soluciones innovadoras que abordan problemas sistémicos desde la autogestión local.

Respuesta cooperativa a la crisis inmobiliaria

Tres de los proyectos se enfocan en proteger comunidades vulnerables de la especulación inmobiliaria, un desafío que crece en las metrópolis estadounidenses.

En Los Ángeles, California, el Fideicomiso Comunitario Tierra Libre está impulsando la primera cooperativa de vivienda liderada por residentes del Este Los Ángeles. Este modelo de Community Land Trust asegura el control colectivo del terreno, convirtiendo la vivienda en un derecho y no en una mercancía.

Similarmente, en Tennessee, la Nashville Equitable Housing Cooperative desarrolla un complejo de 60 unidades bajo un innovador modelo de «equity limitada», creando una isla de propiedad compartida y control democrático en un estado con escasa tradición cooperativa.

Alimentos y trabajo

Las otras dos iniciativas demuestran la versatilidad del modelo para generar empleo de calidad y sostener la vida comunitaria: Farm Generations Cooperative (Nueva York) utiliza la tecnología para empoderar a pequeños productores con su plataforma GrownBy, una solución «por agricultores, para agricultores», que acorta la cadena de suministro y garantiza que el valor permanezca en el campo.

En el ámbito del trabajo digno, la U.S. Federation of Worker Cooperatives recibió apoyo para su proyecto «Win-Win Child Care Initiative», un puente entre sindicatos y cooperativas para crear servicios de cuidado infantil autogestionados. Este modelo aborda la escasez de cuidados de calidad, mientras crea empleo estable.

El trabajo de Prospera Community Development (Oakland, California), que impulsa nuevas cooperativas con mujeres latinas e inmigrantes, subraya el hilo conductor de la premiación: usar la gobernanza democrática y la propiedad colectiva para generar resiliencia.

La experiencia estadounidense no solo marca un rumbo, sino que se une a la larga tradición de modelos concretos sobre cómo la innovación y el capital pueden alinearse para impulsar una economía social robusta, enfocada en la solución de las necesidades más urgentes de la comunidad.

Coop
Prospera Community Development impulsa cooperativas con mujeres latinas.

El auge de la propiedad colectiva

Mientras la imagen global de la economía estadounidense está dominada por Wall Street y las grandes corporaciones tecnológicas, una robusta y resiliente Economía Social y Solidaria (ESS) opera en las bases, respondiendo a las huecos estructurales del mercado.

El movimiento tiene profundas raíces históricas, que se remontan al siglo XIX con el auge de las Cooperativas Agrícolas y las Cooperativas de Crédito (Credit Unions), entidades nacidas para dar acceso a financiación y justicia de mercado a agricultores y trabajadores excluidos.

Esta tradición se revitalizó en las últimas décadas del siglo XX, impulsada por las luchas contra la pobreza y el surgimiento de nuevas formas de asociativismo, como los Fideicomisos Comunitarios de Tierra (CLTs).

La influencia de este sector no se mide en el PIB de forma tradicional, sino en su impacto directo en la inclusión y la resiliencia comunitaria. Organizaciones como las Instituciones Financieras de Desarrollo Comunitario (CDFIs) manejan miles de millones en activos que son esenciales para el desarrollo comunal y la financiación en áreas desatendidas por la banca comercial.

De esta manera, el sector cooperativo se establece como un contramodelo que, en lugar de priorizar la ganancia para los inversores, promueve la propiedad laboral, la participación democrática y la reinversión de valor en las comunidades, ofreciendo salarios más equitativos y beneficios sociales.

Actualmente, el movimiento se concentra en ofrecer soluciones asequibles en los ámbitos más presionados por la desigualdad. La vivienda y la tierra son un foco central, con cooperativas de vivienda y CLTs luchando contra la gentrificación y preservando el acceso a un techo digno.

Paralelamente, las Cooperativas de Trabajadores y las innovadoras empresas de Cuidado Infantil autogestionadas abordan la crisis del trabajo digno y de los servicios esenciales, combinando empleo de calidad con provisión social.

Este panorama de innovación y autogestión reafirma que la Economía Social en Estados Unidos es un motor de desarrollo que utiliza la cooperación y la propiedad colectiva para construir comunidades más saludables, equitativas y sostenibles.

Lejos de ser un nicho marginal, se trata de una estrategia de largo plazo que utiliza los valores fundacionales del cooperativismo para generar soluciones escalables y replicables, ofreciendo una alternativa viable a la concentración de capital.

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