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Las cooperativas de trabajo en el mundo: la autogestión como motor de la economía global

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Con más de 3 millones de entidades y un impacto que alcanza al 12% de la población mundial, el cooperativismo de trabajo se consolida como una alternativa real frente a la crisis del empleo. En el marco del Día Internacional de las Personas Trabajadoras, la ACI destaca la resiliencia del modelo asociativo.

La conmemoración del 1° de mayo adquiere una dimensión distinta cuando se analiza desde el prisma de la autogestión. Lejos de las estructuras tradicionales de empleo bajo dependencia, el cooperativismo de trabajo propone una organización donde la democracia y la autonomía no son solo valores éticos, sino el motor de una eficiencia productiva que compite en los mercados más complejos.

En la actualidad, este movimiento no representa una alternativa marginal, sino un pilar fundamental de la economía mundial que garantiza lo que la Organización Internacional del Trabajo denomina «trabajo decente» para millones de personas en los cinco continentes.

La capacidad de estas organizaciones para sostenerse en el tiempo radica en su flexibilidad y en el compromiso de sus asociados. Ante la volatilidad de los mercados financieros y la precarización que imponen las plataformas digitales, el modelo asociativo ofrece un refugio de estabilidad.

En este sentido, la propuesta política del sector hacia los próximos años apunta a que los gobiernos nacionales reconozcan a las cooperativas como sujetos activos de sus presupuestos y planes de desarrollo industrial, trascendiendo la visión de asistencia social para verlas como unidades de producción sofisticadas y competitivas.

OIT cooperativismo de trabajo

El impacto del cooperativismo de trabajo

Para comprender la magnitud de este fenómeno, es imperativo observar las cifras actualizadas del World Cooperative Monitor 2025. Según los registros de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), existen hoy en el mundo 3 millones de cooperativas que nuclean a más de 1.200 millones de miembros, lo que representa aproximadamente al 12 por ciento de la población global.

En términos de empleabilidad, el impacto es contundente: el movimiento cooperativo sostiene de manera directa el 10 por ciento de la población empleada en todo el planeta, consolidándose como uno de los mayores empleadores del sector privado si se lo analiza como bloque.

Dentro de este universo, las cooperativas de trabajo asociado presentan una solidez particular en el sector industrial y de servicios. El informe anual destaca que, a pesar de las presiones inflacionarias globales, las cooperativas han logrado mantener sus niveles de capitalización y empleo. La eficiencia se logra mediante la asociación estratégica y las compras conjuntas, permitiendo que pequeñas unidades de producción alcancen escalas de competitividad similares a las de las multinacionales tradicionales.

Por su parte, la organización sectorial CICOPA enfatiza que el 1 de mayo debe servir para visibilizar que el trabajo sin patrón es una realidad técnica y económicamente viable en sectores que van desde la metalurgia hasta la alta tecnología.

Referentes regionales y la consolidación en las Américas

La incidencia del modelo tiene bastiones históricos en Europa, pero muestra una vitalidad creciente en todo el continente americano. En España, el referente ineludible es la corporación Mondragón, que agrupa a decenas de cooperativas y emplea a más de 70.000 trabajadores en sectores industriales y financieros. En Italia, centrales como Legacoop nuclean a más de 10.000 empresas, demostrando que la cooperación puede gestionar infraestructuras críticas con eficiencia social. Estos modelos europeos han logrado integrar la formación profesional y la innovación como parte de su ADN productivo.

En los Estados Unidos, la US Federation of Worker Cooperatives reporta un crecimiento sostenido en sectores de servicios, tecnología y cuidados, desafiando la lógica del capital tradicional en el corazón mismo del mercado global. Por su parte, Brasil presenta un ecosistema robusto a través de organizaciones como UNISOL, donde el cooperativismo de trabajo asociado tiene una fuerte presencia en la industria metalúrgica y en la gestión de residuos. Estas experiencias demuestran que la autogestión es una herramienta poderosa para la inclusión socioproductiva de grandes masas de trabajadores en economías de escala.

Mondragón Assembly - cooperativismo de trabajo

La expansión en Oriente: el peso de China, India y el Pacífico

En Oriente, las naciones han visto un crecimiento exponencial de las cooperativas de trabajo, adaptando el modelo a culturas laborales de alta complejidad. En Corea del Sur y Japón, el cooperativismo ha penetrado con fuerza en la economía del cuidado y en los servicios de proximidad digitales.

Esta expansión global demuestra que la autogestión es un lenguaje universal que se adapta a diversas culturas, manteniendo siempre la propiedad colectiva de los medios de producción y la distribución equitativa de los excedentes entre sus asociados.

China mantiene una tradición histórica a través de las cooperativas industriales conocidas como «Gung Ho», que continúan siendo un pilar para la producción manufacturera en regiones rurales y centros urbanos industriales.

En India, el impacto es masivo mediante organizaciones como SEWA, que agrupa a millones de trabajadoras por cuenta propia bajo esquemas asociativos que garantizan derechos laborales y protección social. Estas experiencias en Asia ratifican que el modelo cooperativo es fundamental para organizar a los trabajadores en las economías más pobladas del planeta, donde el asociativismo es la única garantía de soberanía económica.

trabajo autogestionado de mujeres en India

En este tablero internacional, la experiencia de Argentina se alinea de manera orgánica con las tendencias de resiliencia observadas en Europa. Mientras que en Italia el foco es la prestación de servicios, el cooperativismo argentino aporta al mundo su vasta experiencia en la recuperación de empresas por sus trabajadores.

La capacidad de las federaciones locales para transformar unidades productivas en crisis en cooperativas sostenibles resuena con la búsqueda de soberanía productiva que pregona la ACI a escala global. El desafío para el 2026 será fortalecer los lazos de intercooperación financiera para que la escala nacional alcance los niveles de capitalización de los grandes polos cooperativos del mundo.

Al observar este panorama internacional, la realidad en Argentina se alinea con la búsqueda global de resiliencia. Mientras que en Europa o Asia el foco puede estar en la escala industrial o de servicios masivos, el cooperativismo argentino aporta al tablero mundial su vasta experiencia en la recuperación de empresas y la organización territorial frente a las crisis de desindustrialización, un fenómeno que ha sido objeto de estudio por parte de referentes como Bruno Roelants.

La vinculación entre las federaciones locales y entidades como CICOPA permite que la experiencia argentina de resistencia se traduzca en una propuesta de desarrollo que el mundo observa con atención. El desafío para el 2026 será consolidar la intercooperación para que el flujo de capital solidario circule con la misma potencia que en los grandes polos mundiales.

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