Cooperativas de plataforma: la disputa por el modelo digital frente al extractivismo de datos

En la última década, el cambio de lógica en el ámbito del trabajo, le ha dado la bienvenida a las cooperativas de plataforma, como expresión alternativa a la economía de plataformas instalada. La expansión de la economía digital ha transformado sectores enteros como el transporte, el turismo y el comercio minorista, instalando un paradigma de intermediación que a menudo erosiona los derechos laborales. Empresas como Uber, Amazon o Airbnb consolidaron modelos basados en plataformas tecnológicas que funcionan como infraestructura obligatoria para el intercambio de servicios.
Sin embargo, este crecimiento exponencial ha estado acompañado por niveles críticos de concentración económica, donde el control de los algoritmos y la propiedad de los datos queda exclusivamente en manos de fondos de inversión o accionistas externos al proceso productivo.
Este escenario ha generado una tensión creciente entre las corporaciones y quienes efectivamente generan el valor: los trabajadores y los usuarios. En el ámbito del transporte o el reparto de mercaderías, la discusión sobre las condiciones de laboriosidad se ha vuelto central en las agendas políticas de múltiples países, especialmente en las regiones donde la precarización se disfraza de autonomía.
Ante este avance, el movimiento asociativo ha comenzado a articular una respuesta soberana a través de cooperativas de plataforma que busca democratizar el acceso y la gestión de las herramientas digitales.

El surgimiento de las cooperativas de plataforma como alternativa de gestión
En este contexto emerge el concepto de cooperativas de plataforma, una propuesta política y técnica que traslada los principios históricos del cooperativismo al ecosistema digital. El eje central de este modelo es la propiedad: quienes utilizan o trabajan en la plataforma deben ser sus dueños. Esto implica modificar radicalmente la lógica de distribución de excedentes y, fundamentalmente, la gobernanza de la tecnología.
A diferencia del modelo de la «gig economy«, donde la toma de decisiones es opaca y vertical, el cooperativismo de plataforma apuesta por la transparencia algorítmica y la participación democrática en la definición de las reglas de juego.
Aunque el término comenzó a difundirse a mediados de la década pasada, su desarrollo se ha acelerado debido a la necesidad de encontrar salidas colectivas a la crisis de los modelos de intermediación extractiva. En este sentido, la Alianza Cooperativa Internacional (ACI) y diversas redes regionales han comenzado a fomentar estas iniciativas como laboratorios de innovación social.
Se trata de una transición desde el «emprendedurismo» individualista hacia la autogestión colectiva, asegurando que la digitalización no signifique un retroceso en las conquistas sociales del último siglo.
Experiencias internacionales de cooperativas de plataforma
Existen casos concretos que demuestran la viabilidad de este camino, como la red europea CoopCycle, que agrupa a cooperativas de reparto urbano bajo una arquitectura de software libre gestionada por los propios repartidores.
A su vez, en el sector turístico, iniciativas como Fairbnb proponen un esquema donde parte de los ingresos se reinvierte en proyectos comunitarios locales, contraponiéndose a la gentrificación que suelen impulsar las plataformas tradicionales.
En el ámbito de la producción de contenidos, organizaciones como Stocksy United permiten que los fotógrafos mantengan el control sobre su obra y reciban una retribución justa por su trabajo.
Al comparar estas experiencias internacionales con la realidad nacional, se observa que Argentina posee un terreno fértil gracias a su extensa tradición de empresas recuperadas y cooperativas de trabajo. Si bien en Europa el impulso suele estar vinculado a marcos regulatorios activos, en nuestro país la fuerza proviene de la organización de base de las federaciones.
La disputa por la soberanía tecnológica en el territorio local se refleja en la necesidad de desarrollar aplicaciones propias que no dependan de servidores extranjeros ni de lógicas de cobro de comisiones abusivas que desfinancian a la economía social.
El desarrollo de herramientas vinculadas a la Tecnología e IA por parte de cooperativas de trabajo que desarrollen software libre a escala local es un ejemplo de que es posible construir una infraestructura digital en el marco de cooperativas de plataforma.

Soberanía tecnológica y el control colectivo de los datos
Uno de los aspectos más críticos de la economía de plataformas es la gestión de la información. En las corporaciones tradicionales, los datos generados por el uso cotidiano de las aplicaciones constituyen un activo financiero que se utiliza para entrenar algoritmos de predicción o para la venta a terceros. Por otra parte, las cooperativas de plataforma buscan revertir esta lógica estableciendo mecanismos de gobernanza donde los datos son considerados un bien común.
En este sentido, la soberanía digital se vuelve una herramienta de defensa para las comunidades, permitiendo que la información sirva para mejorar el servicio y no para manipular el consumo o intensificar la vigilancia laboral.
El desafío de la escala sigue siendo el principal obstáculo para estas organizaciones. Mientras que los gigantes tecnológicos acceden a financiamientos millonarios, las cooperativas de plataforma suelen depender de recursos limitados o programas de fomento específicos. No obstante, el modelo cooperativo introduce una lógica de sostenibilidad que no se mide únicamente en términos de captura de mercado, sino en la calidad de vida de sus asociados.
Por último, la consolidación de este sector dependerá de la capacidad de integrar las redes de la Economía Social y Solidaria existentes con el desarrollo de software soberano, asegurando que el futuro del trabajo sea gestionado por los propios trabajadores.
La reciente asamblea de cooperativas de servicios tecnológicos en Argentina ratificó que el camino es la integración federada para competir contra los monopolios digitales.



