De la corbeta ARA Drummond a FEMFASE: Pablo Marín y el mutualismo como red para los veteranos de Malvinas
Para los veteranos de Malvinas que integran las organizaciones de la FEMFASE, el mutualismo fue, antes que un principio, una respuesta concreta al abandono. Pablo Marín conoció ese proceso desde adentro: primero como oficial a bordo de la corbeta ARA Drummond durante los 74 días del conflicto, y luego como responsable del área de veteranos de guerra de la Armada durante once años.

El dos de abril de 1982, a las seis de la mañana, Pablo Marín estaba en la cubierta de la corbeta ARA Drummond cubriendo el avance del buque San Antonio —que transportaba 400 infantes y los vehículos de desembarco— hacia las rías de Puerto Argentino. Era jefe de cubierta y armas submarinas. Desde ese rol siguió por las comunicaciones cómo caía herido el capitán Pedro Giachino, que fallecería esa misma mañana frente a la casa del gobernador. «La verdad que eso fue toda una emoción», dice hoy, 44 años después.
Marín tiene 73 años. En el conflicto era teniente y jefe de cubierta; los oficiales que comandaban la operación tenían entonces mucho más rango y más edad. Los conscriptos que fueron a Malvinas —las clases 62 y 63— tienen hoy entre 63 y 65 años, y son los veteranos más jóvenes. Entre los oficiales, Marín dice que era de los más jóvenes. Por eso observa con claridad el proceso que describe como «biológico»: la presencia de veteranos en los órganos de conducción del mutualismo se va reduciendo con los años, a medida que la generación que vivió la guerra va dejando paso. Pero él sigue activo: es Vocal Titular de la Federación de Mutualidades de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (FEMFASE), la estructura que agrupa a 12 mutuales de las distintas fuerzas —Armada, Ejército, Fuerza Aérea, Prefectura, Gendarmería— y que durante décadas fue una de las pocas redes de contención disponibles para quienes volvieron de Malvinas.
El dos de abril desde la cubierta de la Drummond

La historia de Marín en Malvinas empieza antes del dos de abril. A mediados de marzo del 82, la Drummond ya navegaba en adiestramiento cuando fue destacada a interceptar al buque inglés Endurance entre Georgia y Malvinas, en medio del incidente con la empresa Davidoff y la izada de bandera argentina en las Georgias del Sur. Capearon dos temporales. Volvieron sin saber bien qué se estaba gestando.
El 28 de marzo se incorporaron a la flota de mar en el Rincón de Bahía Blanca. El día 29 un helicóptero les bajó la orden de operaciones. Recién ahí supieron que iban a recuperar las Islas Malvinas. «Hasta ahí pensábamos que era un tema con Chile», recuerda.
El dos de abril escoltaron al San Antonio durante el desembarco. En esas primeras horas, abrieron fuego contra una embarcación de Royal Marines que intentaba escapar por los brazos de mar hacia el interior de las islas, y que finalmente terminó capturada.
Continuaron operaciones hasta el 14 de junio navegando por el litoral con la división de tres corbetas, incorporando a la corbeta Guerrico, que había llegado dañada de Georgia con cerca de 200 impactos en el casco. El ataque que podría haber cambiado el rumbo de la guerra —una formación de lanzamiento de misiles Exocet por el norte de Malvinas— debió abortarse después de dos horas corriendo a máxima velocidad: esa noche, en el Mar Argentino, no había viento y el portaaviones no podía despegar sus aeronaves.
Once años atendiendo veteranos desde adentro del Estado

Más de veinte años después del conflicto, Marín tomó una decisión que marcaría el resto de su carrera. En 2004 asumió el departamento de retirados, pensionados y veteranos de guerra de la Armada. Lo condujo durante 11 años, hasta su retiro el primero de enero de 2015. Los primeros siete años atendía retirados y veteranos en conjunto; los últimos cuatro el área de veteranos funcionó como departamento independiente.
«Fue una experiencia bastante completa. Aprendí mucho y el día de hoy me sigo encontrando gente que uno ha colaborado para mejorar su situación», cuenta. Atendió veteranos, resolvió trámites de salud, acompañó familiares y deudos. También fue testigo de primera mano de las consecuencias de una década de abandono.
«La primera ley llegó diez años después»
El diagnóstico de Marín sobre lo que vivieron los veteranos al volver es preciso y concreto: de los cerca de 10.000 soldados conscriptos que participaron en el conflicto —sumando Ejército, Fuerza Aérea y Marina— la enorme mayoría volvió sin ningún tipo de cobertura médica, laboral ni psicológica. «Los mandaron de baja y se los sacaron de encima», dice. Salvo excepciones —empleados de empresas del Estado que recuperaron su puesto— la mayoría quedó sin red.
La primera ley que empezó a reconocerles derechos llegó alrededor de 1991, casi diez años después del conflicto. Los exámenes psicológicos y psiquiátricos —hoy obligatorios antes y después de cualquier misión de paz— recién empezaron a implementarse para veteranos de Malvinas a partir de 1992 y 1993. «En el camino quedaron muchos, lamentablemente», resume.
FEMFASE: 12 mutuales, una red que fue llenando el vacío

Es en ese contexto donde Marín ubica el rol del mutualismo. La FEMFASE agrupa a mutuales de las distintas fuerzas y organismos de seguridad: el Centro Naval, el Círculo Militar, y las mutuales de Prefectura y Gendarmería, entre otras. En total, estima, son doce organizaciones.
El Centro Naval —donde Marín fue vocal del consejo directivo durante ocho años— tiene más de 200 empleados, gestiona panteones, préstamos, infraestructura de delegaciones y una actividad deportiva intensa: rugby y hockey en su sede de Núñez que convoca a socios civiles, de Ejército y de Fuerza Aérea.
Para Marín, la vinculación entre los valores de Malvinas y los del mutualismo no es abstracta: «El mundo del veterano quedó desamparado durante mucho tiempo. El mutualismo y las asociaciones ayudaron a cubrir lo que el Estado tardó diez años en garantizar, sobre todo en salud y medicamentos.» El hilo que une la causa Malvinas con la ayuda mutua, dice, es la misma experiencia del abandono: quienes vivieron la guerra aprendieron, más que nadie, que organizarse entre pares era la única red disponible.



