Biocomunidad: preocupación por un retroceso del 24% de espacios verdes urbanos
(ANSOL).- La Fundación COLSECOR, a través de su proyecto Biocomunidad, realizó un diagnóstico integral sobre la evolución de los espacios verdes en zonas urbanas latinoamericanas.
El informe revela que la cobertura vegetal en ciudades de la región ha experimentado un retroceso promedio del 24 % en los últimos 20 años, una tendencia que tiene consecuencias directas sobre la calidad de vida de millones de habitantes, que residen en áreas densamente urbanizadas.
El informe, que sintetiza los resultados de los tres trabajos más recientes del ciclo Biocomunidad, sitúa al déficit de infraestructura verde como una problemática que supera la estética, y subraya su valor como elemento de salud pública, prevención sanitaria y justicia ambiental.
La Fundación COLSECOR, que creó el proyecto Biocomunidad para articular conocimiento técnico con incidencia social y territorial, destaca que esta pérdida de cobertura vegetal no solo está asociada a la expansión urbana desregulada y la falta de planificación, sino también a la ausencia de censos y monitoreo técnico apropiados, lo que impide el manejo eficiente del arbolado urbano en la gran mayoría de municipios latinoamericanos.
Según el diagnóstico, menos del 20% de las comunas cuenta con un inventario actualizado del arbolado, situación que dificulta la gestión ambiental responsable y limita las políticas públicas que podrían atenuar la degradación de los ecosistemas urbanos.
Impactos ambientales y de salud

El informe pone el foco en los efectos concretos de la reducción de espacios verdes y arbolado sobre la vida urbana. La ausencia de cobertura vegetal contribuye a un aumento de la temperatura en las ciudades de entre 5 °C y 7 °C, agrava la incidencia de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, y deteriora la calidad del aire en sectores densamente poblados.
Este fenómeno se integra con otros riesgos ambientales como la contaminación acústica y la pérdida de biodiversidad, que en conjunto reducen la resiliencia de las comunidades ante eventos climáticos extremos como olas de calor, tormentas severas y sequías, condiciones que ya forman parte de la cotidianidad de centros urbanos en la región.
Desde la perspectiva de salud pública, diversos estudios científicos internacionales han señalado que la presencia y el acceso a espacios verdes urbanos están asociados con beneficios físicos y mentales.
Entre estos últimos, se incluyen disminución de enfermedades crónicas, alivio del estrés, mejoras en la función cardiovascular y mayor actividad física, lo que refuerza la importancia de sostener y ampliar la infraestructura verde en las ciudades como una estrategia de prevención de salud y bienestar colectivo.
Equidad territorial y justicia ambiental
Los trabajos de Biocomunidad también enfatizan aspectos de inequidad territorial en la distribución de espacios verdes en urbes latinoamericanas, donde los barrios de mayores ingresos suelen tener hasta tres veces más cobertura vegetal que las zonas populares.
Esta desigualdad se traduce en brechas significativas en salud, confort térmico y calidad del ambiente, afectando de manera desproporcionada a poblaciones vulnerables.
La falta de arbolado urbano en sectores periféricos o de menores recursos no solo incrementa la exposición a riesgos ambientales, sino que también profundiza la injusticia en el acceso a servicios ecosistémicos esenciales como sombra, regulación térmica y aire limpio.
La síntesis de Biocomunidad subraya que la expansión inmobiliaria sin evaluación de impacto ambiental, la desinversión en infraestructura verde, la interferencia de obras públicas sin criterios de preservación y los daños por eventos climáticos extremos son factores que, combinados, aceleran la pérdida de espacios verdes.
El resultado es una degradación del hábitat urbano que vulnera no solo la calidad de vida, sino también derechos ambientales reconocidos en marcos legales nacionales e internacionales.
Soluciones y experiencias regionales
Frente a esta situación, la Fundación COLSECOR presenta también experiencias exitosas de gestión comunitaria y políticas públicas orientadas a revertir la degradación del arbolado urbano.
En distintas ciudades argentinas, como Rosario, la implementación de planes integrales de gestión del arbolado ha demostrado que se puede mejorar la calidad del ambiente local, mediante estrategias específicas de plantación, mantenimiento y participación vecinal.
Asimismo, ciudades como Medellín, en Colombia, han logrado reducir la temperatura urbana y mejorar la calidad del aire mediante corredores verdes que contribuyen a la mitigación de los efectos del cambio climático y a la mejora de la salud de sus habitantes.
El proyecto Biocomunidad ofrece así una base técnica y estratégica para orientar decisiones colectivas que vinculen ambiente, calidad de vida y desarrollo sostenible desde lo urbano hasta lo territorial.



