Baja de ventas minoristas del 1,5% impacta en proveedurías cooperativas y mutuales

El escenario económico del primer trimestre del año transmite una tendencia preocupante para el sector asociativo, especialmente en lo que refiere a las proveedurías cooperativas y mutuales. Según los últimos datos brindados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), en enero de 2026 el índice de ventas totales a precios constantes mostró una caída del 1,2% respecto al mismo mes del año anterior. Esta retracción no es solo una cifra estadística; en las y proveedurías mutuales del interior del país, el impacto se traduce en un cambio drástico en los hábitos de los asociados.
Dado que el consumo diario sigue cayendo, producto de la caída de la capacidad de compra especialmente como consecuencia del incremento del desempleo y la pérdida del poder adquisitivo, las cooperativas y mutuales con proveeduría se ven obligadas a buscar alternativas solidarias. La intercooperación y la ayuda mutua entre organizaciones permite dar respuesta, aunque sea de forma particular, a la contracción del consumo, dado que dentro de la misma cadena de valor no es posible encontrar una respuesta.
Desde la Mutual Soberanía, ubicada en la ciudad cordobesa de Río Cuarto e integrante de la Federación Provincial de Mutualidades de Córdoba (FEMUCOR), el contador Pedro Ramos advirtió, en lo que hace al consumo en la proveeduría, que la situación es crítica. «Ya no existe la compra del carro lleno que alcanzaba para dos o tres semanas. La cantidad de personas no cambió, pero sí el volumen de facturación», señaló el especialista, destacando que el costo operativo (servicios y alquileres) ha crecido por encima de la capacidad de absorción de las organizaciones.
Dato Clave: Mientras las ventas a precios corrientes subieron un 25,1%, quedaron por debajo de la inflación anual del 31,5%, lo que confirma una pérdida real del poder de compra de las familias.
Esta brecha obligó a las proveedurías a reducir estructuras y personal para garantizar la supervivencia del servicio. Según Ramos, el proceso de degradación del consumo comenzó con el pase de primeras marcas a segundas y terceras categorías, para terminar en la actualidad con «compras del día».
Un aspecto que genera alarma es el método de financiamiento de la canasta básica. El informe del INDEC revela que el medio de pago más utilizado fue la tarjeta de crédito ($1.008.091 millones), superando ampliamente al débito y al efectivo. Esto indica que la población se está endeudando para adquirir productos de consumo diario como carne (que subió un 49,4% interanual) y panadería.
De no mediar una recomposición salarial, Ramos advierte que la restricción de gastos operativos podría poner en juego la existencia misma de estos puntos de venta fundamentales para la economía local. “La situación nuestra no es ajena al contexto general, en el que se cierran pequeños comercios; el costo operativo ha crecido mucho, servicios, alquileres”, señaló Ramos, sumando al bajo consumo de los mismos asociados.

¿Por qué aumenta el endeudamiento por alimentos?
Un dato crítico para el sistema de datos del sector es el uso de la cuenta corriente a 30 días. Ante la falta de recomposición salarial, los asociados utilizan el crédito mutual para la canasta básica, pero al no poder cancelar el saldo, terminan recurriendo al servicio de ayuda económica. Esto genera un costo financiero adicional para las familias, transformando un problema de consumo en un problema de deuda financiera.
¿Cuál es el impacto en la estructura de las proveedurías cooperativas y mutuales?
La baja en la facturación dificulta la absorción de costos fijos como alquileres y servicios básicos. Ramos advierte que, para intentar salvar el servicio social, algunas instituciones han tenido que recurrir a medidas dolorosas:
Reducción de estructura operativa.
Reducción de personal.
Disminución al máximo de los márgenes de rentabilidad.



