Un plan sistemático de destrucción
El gobierno nacional pareciera tener una intención natural por avanzar sobre distintos frentes que hacen al bien común del pueblo, adjetivados en el paraguas simbólico de la justicia social. Quienes conforman al Poder Ejecutivo representan a poderes que están más allá, en el marco de un plan sistemático de destrucción, de un pueblo, de la comunidad, de la mirada en el otro. Se ve a si mismo como un reflejo de aquel plan sistemático de destrucción que vivimos en la última dictadura militar, pero con las reglas del presente democrático que estamos transitando.
El plan no es específicamente contra la educación pública (en este caso las universidades). Tampoco es solamente contra los jubilados. Ni siquiera contra los trabajadores. Es contra todos nosotros, que nos enfrentamos por naturaleza o por definición a los intereses que el gobierno representa. Mientras discutimos todos estos problemas, entre otros que también son muy sensibles para la sociedad; hay sectores de distintas empresas que están cuadriplicando sus ganancias, y eso no está en discusión. Todos estos ataques contra distintos sectores, hacen que no lleguemos a dimensionar los factores que motivan estas decisiones.
Desde la Educación que rige en la Gestión Social Cooperativa y Comunitaria, tenemos la obligación de no dejarnos engañar y poner la discusión donde debe estar: en el modelo que hace al sistema y sus objetivos. El un problema mucho más profundo que la coyuntura particular y el ataque puntal es de esta semana o la anterior.
Indudablemente uno sale en la lucha a defender las universidades públicas tras el veto, porque sabemos que es con el otro. Por eso somos de gestión social. Pero lo hacemos sin perder de vista que el enemigo no es el gobierno en si mismo, ni quienes piensan diferente a nosotros. El enemigo está en quienes concentran el poder del dinero, y que son sutilmente representados por el gobierno y los sectores que se ven identificados con su relato.
Como alternativa, no podemos olvidarnos que la salida es con el otro, nunca es individual. Porque la felicidad es indudablemente con el otro. Esta idea es la semilla que sembramos en nuestras escuelas, y de que algún día volverá a asomar la solidaridad frente a la propuesta del lucro y la falta de humanidad.



