COLUMNA

Un hito histórico: las Ligas Agrarias

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Oscar María Braceras, referente de las Ligas Agrarias y Gerente Gral de la UCAL entre 1970 y 1976, comparte su discurso, pronunciado el 6 de mayo de 2006, en el contexto de aquel relanzamiento de las Ligas Agrarias.

Discurso pronunciado el 6 de mayo de 2006 con motivo del relanzamiento de las Ligas Agrarias

Me da un poco de vergüenza estar vivo, porque yo también merecía no estar… pero bueno, así es la vida, y hoy vengo de la Patagonia, donde vivo, con mucha tristeza por un lado y con mucha alegría por otro, como nos pasa a los hombres. Con mucha tristeza por los compañeros perdidos, por las conquistas perdidas. Pero, a su vez, alegría porque nunca me imaginé que un día como hoy íbamos a reivindicar a las Ligas Agrarias, íbamos a homenajear a nuestros mártires, que íbamos a abrir un nuevo camino de esperanza con una Liga que, gozando de la experiencia del pasado, nos permita proyectarnos para defender lo que perdimos, en este caso en el nordeste argentino, porque esto es Chaco, es Santiago del Estero, es Formosa y es Misiones.

Podría hablar muchísimo porque realmente uno sabe más por viejo que por diablo, y me falta poco para los ochenta. Pero lo que quiero destacar, como cosa positiva para el futuro, que yo ya no lo voy a ver seguramente, es la importancia que tuvo la Unión de Cooperativas Agrícolas Limitada (UCAL). Eso funcionó, agarrando una UCAL tres veces fundida en el 67 y la llevamos a ser un emporio, pero no solo con treinta cooperativas, veinte de Chaco, tres de Formosa y siete u ocho de Santiago del Estero, sino además con dos fábricas hilanderías poderosas, Barranqueras y Santiago del Estero.

Con dos desmotadoras de último modelo quisimos hacer nuestra superdesmotadora en Sáenz Peña y Barranqueras, y una que modernizamos en Santiago del Estero. Con cerca de tres mil obreros, con doce mil quinientas familias de productores entre las treinta cooperativas, con una flota propia de camiones para exportar, con una fábrica de algodón hidrófilo para farmacias, con un frigorífico para traer las mejores frutas del país a los mejores precios para los colonos, y una fraccionadora de vino para traerlo y fraccionarlo nosotros, para que tomen vinos buenos y baratos, porque para producir y tener éxito económico hay que conseguir los mejores precios y también hay que gastar menos. Así hicimos un cooperativismo integral.

¿Pero por qué se pudo hacer todo eso? Lo que figura es, como entidad económica, las 30 cooperativas, todo lo demás y la federación de cooperativas. A su vez creamos —eso en lo económico—, en lo previsional, una cooperativa de seguros poderosísima para los seguros nuestros y luego expandiéndose a todo el país.

Cosecha, que fue un orgullo para los chaqueños, llegando a posicionarse en el séptimo lugar entre más de doscientas cincuenta aseguradoras del mercado. En la parte de formación, formamos la Unión de Jóvenes Cooperativistas de UCAL, que eran jóvenes de distintas cooperativas que se unían aquí, de la cual Carlitos Piccoli era el presidente y Carlitos Orianski en la administración —el primero asesinado y el segundo secuestrado y desaparecido—.

ligas agrarias

Esa era la formación de los jóvenes para futuros dirigentes, para el conocimiento y acompañamiento nuestro, de los mayores, para saber en qué consistía la cooperación y la actividad económica, y como un cuarto poder, y debajo de los jóvenes de la Unión Cooperativista de UCAL: las Ligas Agrarias. ¿Qué significaba eso? Hicimos una táctica, porque en diferentes gobiernos teníamos dificultades que no daban salida por razones de intereses bastardos. Un ejemplo: UCAL manejaba 30/40 mil toneladas de fibra de algodón. El 60% del algodón de la Argentina.

Nosotros surtíamos la demanda interna de hilanderías a quienes vendíamos la fibra de algodón. Grafa, Alpargatas, etcétera.Proveíamos a nuestras fábricas con 4 mil toneladas —dos hilanderías, Barranqueras y Santiago del Estero— y nos sobraban 30 mil toneladas que ubicábamos en la exportación. No permitían que se exporte. ¿Por qué? Para que las hilanderías monopólicas se surtan de algodón barato que sobraba en la Argentina. Hicimos mil trámites y no nos permitían la exportación. Del sobrante que le vendíamos a Hong Kong, Tailandia y Taiwán, la única forma de destrabar la cosa era usando el poder de convocatoria de las Ligas, que en 24 horas ponían 15 mil tipos en Resistencia.

Y entonces así, sin ningún arma ni nada, entrando a la Legislatura con caballos y tractores, conseguimos que nos liberen la exportación para poder valorizar el producto de los agricultores. Un ejemplo: tenemos muchos de ese tipo. El lucimiento era nuestro, de UCAL, la entidad económica, pero el gran mérito era de la juventud de las Ligas Agrarias, que, actuando con un poder de convocatoria increíble, no ponía 50 tipos cortando la ruta: ponía 15 mil tipos en Resistencia caminando.

Empezó con Ítalo Distefano a la cabeza, con un pañuelito atado en las cuatro puntas, yendo a Resistencia en la primera marcha de las Ligas. Distefano, después del Concilio Ecuménico de Medellín, trajo la nueva política de Juan XXIII, que estaba con el pueblo, y ahí nacieron los tercermundistas, más cerca del pueblo, y surgieron los grandes obispos que tuvo la Argentina, como el obispo de Neuquén, Novak, el obispo de Goya, cinco o seis obispos que se jugaron por su pueblo como Distefano, oportunamente acá. Fueron estos muchachos, de origen católico, los que iniciaron las Ligas Agrarias. No fueron ni comunistas, ni marxistas ni nada. Hijos de nuestros agricultores, chicos cooperativistas.

Ligas Agrarias: ¿Pero por qué entonces fueron declarados enemigos y diabolizados?

Porque el triunfo del complejo UCAL significó el único caso en la Argentina de elaborar el 80% del producto bruto de una provincia. El 80% de la riqueza del Chaco era hecha por este conjunto, mejorando la renta de los productores que antes se llevaban los monopolios. El resto, ¿qué era? Los sueldos del gobierno, empleados públicos, maestros, policías, etcétera. Lo otro, ¿qué era? Riqueza genuina elaborada por los agricultores, transformada en hilados, en algodón hidrófilo, en aceite. Hacíamos 30 mil toneladas de girasol, en fin. Y la exportación. Entonces, era una cosa que preocupaba mucho porque el resto del algodón de la Argentina era Bunge y Born, y nosotros los liquidamos en algodón.

¿Por qué? Porque Bunge y Born y los grandes monopolios no cultivan nada. El algodón lo cultiva la gente y entonces los tipos no tenían producción. Pusieron fábricas propias y no consiguieron más algodón. Tuvieron que cerrar sus fábricas. Entonces, ese fue el motivo principal de que vinieron los militares acá, todos representantes, funcionarios y ministros de las multinacionales, de los directorios. Cada directorio tenía un general y esos vinieron a destruir todo esto no por cuestiones políticas, sino por cuestiones económicas.

Y así entonces, en el 76, con las desmotadoras más grandes de la Argentina, con las cuentas perfectamente bien, un verdadero emporio teníamos nosotros. Con cerca de 3.000 obreros, con quienes compartíamos el 17,5% de las utilidades. No supieron qué hacer para destruirnos. Teníamos la administración general en Buenos Aires, por el puerto y demás. Empezaron a mandarnos inspecciones. Mandaron la DGI. Vieron todo. Perfecto. A los 15 días mandaron la Dirección Provincial de Cooperativas. La Dra. Kesselman. Le digo: vea, doctora, usted está fuera de lugar, tiene que ir a Sáenz Peña, donde están los dueños, pero igual inspeccione lo que quiera. Revisaron todo. Todo perfecto. Nos mandaron la Dirección Nacional de Cooperativas, el coronel Pueyrredón, de los milicos. Revisaron todo.

Todo perfecto. Ninguna de estas tres entidades hizo un acta ni para decir que estaba todo perfecto. Pero le comunicaron al gobierno que “no pudimos con estos tipos porque está todo perfecto”. Entonces, esto es histórico: me habla el presidente de UCAL, que era don Alberto Muchutti. Ya unos días antes había venido el general (Jorge Rafael) Videla, con (Albano) Harguindeguy y el general jefe de la defensa nacional del Paraguay, el general Samaniego, a instalarse en Barranqueras y a ver cómo estaba eso, nuestras desmotadoras e hilandería. Qué lindo estaba eso, con Videla a la cabeza. Me llama el presidente y me dice: “venga que va a visitarnos el presidente Videla”. No voy: yo con esa gente no tengo nada que ver.

A los pocos días nos llama el ministro de Economía del Chaco, Benedit: “Sabe qué pasa, ingeniero, no le hemos encontrado un pelo en la leche. Y hace como diez años que está acá. Y hay que renovar un poco. ¿Sabe por qué? Porque yo soy el que maneja la economía del Chaco, y el Chaco no puede funcionar sin la UCAL. Tenemos que ser un matrimonio acá. Yo no tengo nada porque todo lo fabrican y manejan ustedes. ¿Entonces qué hago yo? Pago a los policías, los maestros, etcétera. Todo lo demás lo hacen ustedes. Entonces necesitamos manejar también la UCAL. Hacer un matrimonio: el Chaco con la UCAL”. Bueno… yo no le puedo solucionar nada. Hable con los directivos. Yo soy un funcionario nada más. Cuando salimos de allí le digo al presidente: ¿qué vamos a hacer ahora? Me contesta: nada. No… ¿cómo nada? Tenemos que denunciar ante la asamblea este asunto.

Hicimos una asamblea de todas las cooperativas y expliqué: señores, ocurrió tal cosa. Y yo voy a renunciar. Es lo mejor que puedo hacer por ustedes. Porque si no, los van a perseguir a ustedes. Y así, parece que muerto el perro se acabó la rabia. Renuncié y me fui. Me equivoqué. Porque empezaron a robarse la UCAL al día siguiente. Un coronel se llevó al Paraguay la fábrica de algodón hidrófilo. Se la afanó. A Barranqueras, de 40 hectáreas en plena ciudad, la cortaron en pedacitos. Cerraron la desmotadora, cerraron la fábrica.

Bueno… la destruyeron. Desapareció. Quedó lo que queda. Las fábricas todas cerradas. Las cooperativas cerradas. Aquí tres cooperativas fabulosas: La Unión, La Sáenz Peña y El Progreso, extraordinarias. Ahí están, vendiendo chorizos. Da pena…

Esta es la verdadera historia, las verdaderas razones por las que fueron perseguidos, encarcelados y torturados más de cuatrocientos esforzados trabajadores de la tierra. Por defender que no les roben el fruto de su trabajo. Por defender la tierra. En este punto las Ligas Agrarias dieron muestras cabales de lealtad a los campesinos.

Dos compañeros nuestros, Héctor Norniella y Carlitos Orianski, por el extraordinario trabajo y capacidad de movilización de la organización, se ganaron un espacio en el Instituto de Colonización en 1973, pero no pasó mucho tiempo para que la hipocresía y la traición a las promesas por parte del gobierno los colocara, como correspondía, del lado de la lealtad y la verdad. En consecuencia, el ingeniero Norniella, un extraordinario compañero, falleció en un accidente automovilístico nunca debidamente investigado, y Carlitos Orianski terminó despedido por negarse a los negociados de trastienda.

Además fueron numerosos los sucesos en que las Ligas Agrarias llenaran de campesinos los campos que pretendían ser arrebatados a sus legítimos ocupantes para adjudicarlos a los amigos del poder. Y probablemente el caso más recordado sea la frontal y valiente actitud en oportunidad de la visita del presidente de facto Alejandro Lanusse. Públicamente se le exigió en el palco de Ex Comercio que se abortara la entrega de un millón de hectáreas a su familia en el recordado Plan Agrex. Fue el coraje de los jóvenes dirigentes, que incluso llegaron a negarle el saludo al presidente, lo que hizo que este, en el mismo acto, asumiera el compromiso de dejar sin efecto ese despojo a los chaqueños.

Por esta historia que les relaté brevemente fueron asesinados unos y desaparecidos otros, diez de los mejores jóvenes dirigentes cooperativistas a quienes hoy homenajeamos aquí, y que junto a los que sobrevivieron produjeron entre 1970 y 1975 la más espectacular y formidable revolución en la lucha por la distribución de la renta campesina. Sin violencia, con trabajo, creando conciencia.

Esta mezcla de tristeza y alegría que decía al principio me embarga. Se integra por el dolor por los que no están, por la tremenda injusticia, por la enorme pérdida para sus familias y para el futuro del Chaco, que vio truncado un proceso extraordinario. Pero también experimento una gran alegría por ver a aquellos luchadores sobrevivientes de ayer rodeados de otros jóvenes ávidos por capitalizar las mejores experiencias.

Este relanzamiento de las Ligas Agrarias, a cuyo desafío me sumo a pesar de mis años, será sin lugar a dudas la continuación de aquella historia trunca, y volverán a brotar, a fluir y a difundirse las ideas de la importancia del asociativismo, la importancia de la organización, la importancia de cubrir cada rincón del campo chaqueño con el espíritu de lucha, sacrificio, transparencia y solidaridad que hermanan a los hombres y los convierten en la fuerza constructiva más formidable que se pueda imaginar. Estamos de pie. Por nuestros queridos compañeros asesinados y desaparecidos, por nosotros, por nuestros hijos y por esta tierra que amamos: ADELANTE… ADELANTE… ADELANTE.

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