El 60% de las mujeres campesinas hacen tareas de cuidado, productivas y domésticas

El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) Somos Tierra elaboró un estudio de investigación participativa sobre cómo la crisis socio productiva y el cambio climático impactan en la vida de las mujeres campesinas e indígenas, que habitan en diferentes zonas rurales del país.
El documento al que accedió ANSOL se denomina «Análisis Integral de la Situación Socio productiva con perspectiva de género, de los hogares del MNCI-Somos Tierra» y será presentado públicamente el próximo mes de abril, en el marco del Día de La Lucha Campesina.
El proceso de investigación que realizó el MNCI-Somos Tierra se llevó a cabo en 150 hogares de comunidades rurales de distintos puntos del país y apuntó al reconocimiento del rol de las mujeres campesinas indígenas en las tareas de cuidado de la vida, producción, comercialización y la mitigación del cambio climático.
«Con el aporte de la compañera investigadora Daniela Mariotti, conformamos un equipo de investigación participativa, coordinado por compañeras referentes de cada una de las provincias en que está el MNCI Somos Tierra, para llevar adelante el estudio», explicó Carolina Llorens, miembro de la Coordinación Nacional del MNCI Somos Tierra, en diálogo con ANSOL.
«El trabajo se enmarca en un contexto de profundas desigualdades de género y creciente vulnerabilidad climática que afecta a las comunidades rurales de Argentina y fue diseñado como una herramienta de diagnóstico participativo», señalaron desde el MNCI.
La encuesta abarcó seis dimensiones clave: características sociodemográficas, territorio y servicios básicos, producción y autoconsumo, impacto del cambio climático, roles de género y participación, comercialización e ingresos.
«Los datos no solo describen una realidad sobre la de la agricultura familiar, campesina e indígena, sino que también interpelan al Estado, a las organizaciones y a la sociedad sobre la urgencia de reconocer, redistribuir y recompensar el trabajo de cuidado que sostiene la vida en los territorios», destacó el estudio.
«El informe refleja el compromiso del MNCI-ST por construir economías feministas, justas y resilientes, en las que el cuidado de las personas y de la naturaleza sea el centro de toda estrategia de desarrollo», destacó Llorens.
Los datos del informe del MNCI
La autoidentificación de la mayoría de las personas encuestadas como productores primarios son el 74,7 por ciento y confirma el carácter eminentemente agropecuario de la base productiva, mientras que la presencia de elaboradores de alimentos, asistentes técnicos, docentes y dirigentes evidencia la existencia de roles híbridos y multifuncionales, donde la producción se combina con tareas de transformación y organización.
«Se rompe como el mito de que las mujeres no están tan implicadas en la producción. Las mujeres campesinas e indígenas tienen un fuerte protagonismo en la decisión y en las tareas productivas«, detalló Llorens.
«Pero a la vez se da una brecha comercial que limita la independencia económica. Esto se refleja en que las mujeres participan en un 32% en la toma decisiones productivas y en un 25% en las decisiones de comercialización«, sostiene el documento.
El análisis de la comercialización de la producción y de los ingresos del hogar permite comprender cómo las unidades productivas se insertan en circuitos económicos que combinan mercado, autoconsumo y estrategias de supervivencia, configurando un modelo híbrido propio de la agricultura familiar campesina.
La información relevada muestra que una proporción significativa de los hogares mantiene una orientación comercial sostenida, ya que más del 70% vende al menos la mitad de su producción y un 41% ciento coloca en el mercado aproximadamente tres cuartas partes de lo que produce.
Sin embargo, esta inserción no implica una desvinculación del consumo doméstico: la coexistencia entre venta y retención de alimentos evidencia una lógica de equilibrio entre generación de ingresos y seguridad alimentaria, donde producir para vender no anula la función primordial de alimentar al hogar y sostener la vida cotidiana.

Más tenencia de tierras, mayor adaptación al cambio climático
Por otra parte, los datos relevados permiten sostener la existencia de una asociación positiva y consistente entre la seguridad en la tenencia de la tierra y la adopción de prácticas de adaptación al cambio climático, entendiendo esta relación no sólo en términos jurídicos sino también como una condición material y simbólica de permanencia territorial.
La tenencia segura opera como un habilitador de innovación adaptativa, en la medida en que ofrece horizontes de previsibilidad que justifican inversiones de mediano y largo plazo. Los hogares que disponen de propiedad o posesión estable (aproximadamente dos tercios de la muestra) muestran mayor propensión a incorporar infraestructura resiliente, como sistemas de riego eficiente y a sostener procesos productivos de transición agroecológica que requieren tiempo para consolidar beneficios en la fertilidad del suelo y la biodiversidad.
A ello, se suma el arraigo territorial prolongado, evidenciado en la permanencia de más de una década en la misma unidad productiva para una proporción significativa de los hogares, lo cual favorece un conocimiento situado del ecosistema, la experimentación con cultivos resistentes y la diversificación como estrategia de reducción de riesgos.
«Básicamente, necesitamos políticas públicas que estén orientadas al tema de la tenencia y del acceso a la tierra. Y si miramos desde la perspectiva de género, hace rato que venimos hablando de la necesidad de una reforma agraria popular y feminista, y acá tenemos datos centrales de cómo se sigue dando la desigualdad en la tenencia de la tierra, en el acceso a la tecnología, y cómo esta desigualdad condiciona tanto la producción de alimentos como el sostenimiento de la vida digna en el campo», describió Llorens.
La triple jornada laboral de las mujeres campesinas
Del trabajo, se desprende como conclusión general que existen claras desigualdades de género en relación a las tareas de cuidados que sostiene la vida cotidiana y productiva en los territorios. «Las mujeres rurales son el pilar de la producción y la resiliencia climática, pero su labor está invisibilizada», afirmó la investigación del MNCI.
«Una de las cosas más invisibilizadas son las tareas de cuidado que hacemos en la ruralidad. En eso está también muy orientada esta investigación. Dimensionar que estas tareas en la ruralidad no solamente están pensadas en las tareas domésticas y de cuidado de personas, sino en las tareas de cuidado del territorio«, apuntó Carolina Llorens.
Otro dato que revela la investigación es que el 60% de las mujeres campesinas indígenas experimenta la triple jornada laboral simultánea; es decir, tareas de cuidado, productivas y domésticas.
Las desigualdades de género y el cambio climático evidencian una paradoja estructural, ya que las mujeres concentran mayor exposición cotidiana a los impactos ambientales, por su rol en huertas, gestión del agua y tareas de cuidado y, al mismo tiempo, porque lideran prácticas adaptativas clave como la agroecología, la diversificación productiva y la organización comunitaria, aportando conocimiento técnico y redes de sostén que aceleran respuestas sostenibles frente a sequías y olas de calor.
El documento afirma que «la crisis climática es más trabajo de cuidado para las mujeres, profundiza desigualdades y genera vulnerabilidad en los territorios rurales. El 79% de las familias sufren de sequía y el 61% reporta perdidas económicas, de infraestructura y materiales por eventos climáticos».
En cuanto a la profundización de esta sostenibilidad, el trabajo afirma que el 57% de las mujeres prioriza el uso eficiente del agua. El 30% practica y desarrolla procesos, prácticas y cultivos agroecológicos.
«Ahí, vemos las brechas de género porque las mujeres tenemos una alta exposición a los efectos climáticos debido a la centralidad que tenemos en el manejo de las huertas, la gestión del agua y las tareas de cuidado», advirtió Llorens.
Además, la investigación sostiene que el más del 45% de la elaboración de alimentos está principalmente en manos de mujeres.

Las conclusiones del informe
En términos conceptuales, la investigación del MNCI afirma que las mujeres son el pilar del cuidado y la resiliencia climática, pero su trabajo continúa invisibilizado. De esta forma, el estudio recomienda que es urgente cerrar la brecha comercial para garantizar la autonomía.
El documento plantea que frente a la crisis y el cambio climático las mujeres rurales dan respuesta a través de la organización. En el 36% de los hogares, el MNCI es el principal canal de comercialización. En tanto, el 42% de las capacitaciones llegan al campo a través del Movimiento. A esto se agrega el apoyo jurídico y organizativo.
«Los números implican un conocimiento de nuestra realidad y no hay políticas públicas que podamos hacer desde el desconocimiento. Por eso, construir una investigación, involucrarnos todas las compañeras y compañeros de la organización, producir un material de divulgación para que esté al acceso de todas y todos«.
«Y generar un proceso de construcción participativa en nuestras comunidades de políticas públicas. Tenemos una larga trayectoria como organización campesina, con muchos conocimientos que es importante ponerlos a disposición de la construcción de políticas públicas que dan respuesta, tanto a la crisis climática como a la construcción de la soberanía alimentaria, y a la grave crisis alimentaria que estamos viviendo como país», Llorens.



