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De Brooklyn a Brasil: el mercado cooperativo que propone consumir y trabajar al mismo tiempo

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En San Pablo abrió Gomo Coop, un mercado cooperativo donde cada cliente debe asociarse y trabajar tres horas mensuales para acceder a alimentos a precios 40% más bajos. Se inspiran en el histórico modelo de Nueva York vigente desde 1973.

En enero de 2026 abrió sus puertas en San Pablo Gomo Coop, el primer mercado cooperativo y participativo de América Latina. Sus clientes no sólo compran: también son socios y trabajan algunas horas al mes para sostener el funcionamiento del espacio y acceder a precios hasta un 40% más bajos que en las grandes cadenas de retail.

Inspirada en la experiencia de Park Slope Food Coop en Nueva York —fundada en 1973 y activa desde hace más de cinco décadas—, la iniciativa paulista propone una forma distinta de organizar el consumo urbano en una de las mayores metrópolis de América Latina.

São Paulo no es un territorio sencillo para experimentar. Con más de 12 millones de habitantes y una estructura comercial dominada por grandes cadenas minoristas, abrir un supermercado ya implica una apuesta económica considerable. Hacerlo bajo lógica cooperativa supone, además, un desafío cultural sin precedentes en la ciudad.

La cooperativa instaló su base operativa en la céntrica Rua Santa Isabel 172, en el barrio de República. Su meta de arranque es precisa: proveer productos agroecológicos y de pequeños productores locales a precios accesibles, sin intermediación innecesaria.

¿Cómo se convierte un consumidor en socio del mercado cooperativo?

La regla estructural del modelo es indeclinable: cada persona que desee realizar compras debe estar asociada formalmente. Para convertirse en cooperante, el ingreso se formaliza mediante el pago de una cota-parte de 100 reales (alrededor de 18 dólares). A partir de ahí, cada socio debe cumplir un turno de trabajo mensual para sostener la operatoria del mercado.

No se trata de voluntariado ocasional. El acceso a los precios competitivos está condicionado directamente a la participación activa en la gestión cotidiana del espacio.

¿Qué trabajo deben hacer los socios para sostener el mercado cooperativo?

El sistema combina tres dimensiones en una sola figura: quien consume es al mismo tiempo copropietario y parte del equipo operativo. Los reglamentos internos de Gomo Coop establecen tres horas mensuales de participación en turnos rotativos. Las tareas incluyen desde la reposición de mercadería y el control de stock hasta la atención a proveedores agroecológicos, la organización de góndolas y el mantenimiento del espacio.

Toda decisión estratégica —precios, selección de proveedores, reglas internas— se define en asambleas donde cada voto vale lo mismo. No existe una figura empresarial que concentre la propiedad ni la toma de decisiones. Es un esquema que el cooperativismo argentino conoce bien: Supercoop, el histórico supermercado cooperativo que volvió a abrir en Buenos Aires, funciona bajo principios similares de gestión colectiva.

Fachada del mercado cooperativo Gomo Coop São Paulo.

¿Cuánto ahorra un socio en un mercado cooperativo respecto a las cadenas tradicionales?

La ausencia de accionistas externos que reclamen dividendos permite reinvertir todos los excedentes en el propio funcionamiento del mercado. El trabajo cooperativo mensual de los socios reduce los costos operativos sin generar precarización, ya que quienes cumplen los turnos son simultáneamente los dueños y los beneficiarios del proyecto.

El modelo de referencia en Nueva York documenta ahorros de entre el 20% y el 40% en comparación con supermercados convencionales, con un margen de ganancia sobre el costo mayorista de apenas el 25%, frente al 26%-100% habitual en el retail tradicional. Los datos son públicos en el sitio oficial de Park Slope Food Coop.

Para el equipo fundador de Gomo Coop, el objetivo no es sólo ofrecer alimentos más baratos, sino demostrar que el consumo urbano puede organizarse bajo reglas democráticas en contextos metropolitanos masivos.

¿Qué ocurre si un socio del mercado cooperativo no cumple su turno?

Uno de los puntos más sensibles del modelo es el cumplimiento de los turnos de trabajo. El esquema cooperativo no descansa en la buena voluntad individual, sino en reglas aprobadas colectivamente en asamblea. En experiencias similares, la no participación sostenida implica la suspensión temporal del derecho de compra hasta regularizar la situación.

La disciplina cooperativa no se apoya en jerarquía vertical ni en sanciones económicas directas, sino en la lógica del contrato social entre pares: quien no aporta no puede beneficiarse del esfuerzo colectivo que hace posibles los precios más bajos.

Este aspecto suele generar debate. ¿Es una carga excesiva para quienes tienen poco tiempo disponible? ¿O es precisamente esa participación la que construye comunidad y sostiene la viabilidad económica del proyecto? La experiencia de Park Slope Food Coop —que lleva más de cincuenta años operando en Brooklyn con una tasa de participación muy alta— sugiere que el esquema puede sostenerse décadas si existe sentido de pertenencia y claridad en las reglas internas.

El desafío específico de São Paulo será construir esa cultura cooperativa en un entorno urbano marcado por largas jornadas laborales, desigualdad estructural y una tradición de consumo marcadamente individual.

¿Puede el consumo organizarse de forma democrática a escala urbana?

El impacto potencial de Gomo Coop no radica sólo en sus precios o en su volumen de ventas inicial —todavía en etapa de consolidación— sino en la pregunta que pone en circulación. En una ciudad donde la relación con el consumo suele ser puramente transaccional, la cooperativa propone reintroducir participación y corresponsabilidad.

El modelo no pretende reemplazar a las grandes cadenas minoristas, ni tiene aún la escala suficiente para alterar el mercado paulista. Pero introduce una lógica que trasciende lo comercial: comprar deja de ser un acto individual para convertirse en parte de un proceso colectivo con reglas propias.

Si logra consolidarse, Gomo Coop no sólo habrá abierto un mercado distinto en América Latina, sino también un espacio de experimentación económica en una de las capitales más importantes del hemisferio sur. Como ocurrió en Brooklyn hace más de medio siglo, la clave no será únicamente el precio de los productos, sino la capacidad de sostener la participación activa de sus propios miembros a lo largo del tiempo.

Socios del mercado cooperativo Gomo Coop en São Paulo seleccionan frutas frescas
Trabajadores de Gomo Coop en turno de trabajo en las cajas registradoras del mercado cooperativo

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