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¿Resignación o «contra-modelo»? Profundizar la discusión vale la apuesta

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La discusión legislativa por la reforma laboral, trae la oportunidad de un profundo debate hacia adentro de las organizaciones cooperativas y mutuales. ¿Qué tipo de país se está reconfigurando y qué tipo de país queremos configurar? ¿Es posible vernos a nosotros mismos como un contra-modelo viable?

¿Es correcto preguntarnos si tenemos que resignarnos o si podemos analizar una opción alternativa que funcione de «contra-modelo»? Nos dicen que es modernización, pero lo que asoma es otra cosa: anulación de derechos laborales conquistados a lo largo y ancho de nuestra historia, licencias determinadas unilateralmente por los dueños de las empresas, eliminación del derecho a enfermarse sin perder el ingreso, organización del trabajo en “bancos de horas” según la necesidad del patrón y no de la persona, jornadas interminables que expulsan el descanso y vacían la vida familiar.

¿Qué Argentina se está reconfigurando con la derogación de derechos sindicales y laborales? ¿Qué profundidad tiene la herida que estas leyes —sin consideración por los colectivos de trabajadores, por las personas concretas, por sus familias y por nuestras comunidades— abren en el entramado social? Un país con obra pública cero, con precarización absoluta de lo que hasta ayer llamábamos empleo formal, con cientos de miles de jóvenes librados a su suerte bajo el algoritmo de plataformas como Rappi y Uber, cuyos verdaderos dueños ni siquiera conocemos. ¿Qué modelo de país estamos construyendo —o padeciendo— cuando trabajar deja de ser un derecho con garantías y se convierte en una intemperie permanente?

Capas de incertidumbre e inestabilidad se superponen y avanzan sobre cada espacio donde nos reconocíamos como ciudadanos con derechos: derechos consagrados en nuestra Constitución y en nuestras leyes, fruto de una tradición democrática construida con división de poderes —Ejecutivo, Legislativo y Judicial— y con participación social activa.

Cuando lo que vemos es una intervención brutal del Estado para ampliar beneficios a favor de patronales y grupos económicos concentrados, nacionales y extranjeros, la pregunta deja de ser retórica: ¿tenemos, desde nuestra perspectiva de dirigentes cooperativos y mutuales, un rol que disputar frente a esta deriva que castiga a trabajadores formales y precarizados?

Encuentro cooperativo y mutual, 2024.

La oportunidad del contra-modelo

¿Existe una ventana histórica desde la cual el cooperativismo, el mutualismo y el conjunto de la Economía Social y Solidaria podamos asomarnos para construir un verdadero contra-modelo, asumir nuevas actividades, nuevos compromisos y animarnos a revincularnos —sin desconfianzas heredadas— con sectores a los que hasta ahora mirábamos de reojo?

Tal vez el desafío sea ese: dejar de resistir en soledad y empezar a proponer, con audacia y organización, una alternativa concreta frente a esta intervención cruel y salvaje sobre el mundo del trabajo.

Si el mercado laboral formal se achica y la precarización avanza, las cooperativas y mutuales podemos pensarnos como un verdadero contra-modelo productivo. No sólo en los rubros tradicionales —como construcción, alimentos, textiles o servicios personales— sino también en sectores estratégicos: producción y distribución de alimentos a escala local, logística de cercanía, economía del cuidado, reciclado, software, comunicación y energía comunitaria.

Allí donde el capital se retira o concentra ganancias expulsando trabajadores, desde el entramado cooperativo y mutual podemos intervenir organizando trabajo con derechos, precios justos y reinversión local de excedentes. No se trata de romanticismo solidario: es disputa concreta por cadenas de valor que hoy están altamente concentradas.

En el comercio y los servicios, el desafío es articular redes que rompan la intermediación abusiva y el endeudamiento crónico de las mayorías.

Las mutuales podemos fortalecer sistemas de crédito no usurario, compras comunitarias y proveedurías que bajen costos a familias trabajadoras; las cooperativas podemos organizar plataformas propias de distribución, ferias estables y circuitos cortos entre productor y consumidor.

Pensarnos contra-modelo implica dejar de actuar aisladamente y construir escala, integración horizontal y vertical, acuerdos de precios solidarios y herramientas tecnológicas compartidas. Es decir: competir donde el mercado excluye, pero con reglas distintas, priorizando el empleo digno y el acceso popular a bienes y servicios básicos.

mutualista
Encuentro mutual en Santa Fé, 2025. La fuerza de estar unidos.

Contra-modelo como alternativa posible, cooperativa y mutual

Frente a la eliminación o flexibilización de derechos laborales, el cooperativismo y el mutualismo podemos ser refugio, pero sobre todo alternativa estructural. No reemplazar la responsabilidad del Estado ni la lucha sindical, pero complementarlas generando trabajo registrado bajo formas asociativas, cobertura de salud, formación profesional y sistemas propios de protección social.

En una Argentina atravesada por la incertidumbre, la clave es que estas decenas de miles de experiencias nos reconozcamos como actor económico y político de peso, capaz de incidir en políticas públicas y disputar sentido: demostrar que es posible producir, comerciar y prestar servicios sin precarizar, sin especular y sin expulsar. Esa es la potencia de un verdadero contra-modelo.

En este tiempo de fragmentación y descreimiento, la Economía Social y Solidaria tiene una responsabilidad estratégica en dos planos inseparables:

  1. Por un lado, que como dirigentes asumamos un rol activo en la reconstrucción de la herramienta política como ámbito legítimo de participación, debate y decisión colectiva, fortaleciendo el sistema democrático desde lo local —en Municipios y Provincias— hacia lo Nacional, Regional y Global;
  2. Por otro, que desde el cooperativismo y el mutualismo revinculemos con lo más genuino de la política y del sindicalismo, sin prejuicios ni rencores anclados en diferencias históricas concretas, apostando a nuevas síntesis colectivas capaces de articular producción, trabajo y representación social en un proyecto común.

Porque si el mundo del trabajo se reorganiza, también deben reorganizarse sus formas de acumulación social y de construcción de poder democrático.

Resignarnos, nunca. El desafío está servido.

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