Las cooperativas de energía, socias clave en el plan de electrificación de Filipinas

(ANSOL).- En un claro reconocimiento al poder del modelo cooperativo para impulsar el desarrollo nacional, el gobierno de Filipinas ha llamado al sector cooperativo a participar en la misión de alcanzar una cobertura total de energía en el país para 2028.
Este ambicioso objetivo, que busca llevar la electricidad a un millón de hogares adicionales en los próximos tres años, subraya el papel primordial que las cooperativas desempeñan en la construcción de una sociedad más equitativa e inclusiva. Tal como en distintos casos alrededor del mundo, el cooperativismo cumple un rol estratégico en la promoción y expansión del servicio de producción de energía con estándares de calidad y tiempo, superadores a los del capital hegemónico.
En este sentido, el pasado 7 de agosto, durante la celebración del 56º aniversario de la fundación de la Administración Nacional de Electrificación (NEA), la secretaria de Energía de Filipinas, Sharon Garin, fue enfática al afirmar que la meta de electrificación total no es simplemente un objetivo, sino un «mandato arraigado en el compromiso compartido con el desarrollo equitativo y el progreso inclusivo que debemos cumplir. Durante décadas, la NEA, junto con nuestros CE, ha estado a la vanguardia de la construcción nacional». En este contexto, su llamado a las cooperativas eléctricas es un eco del Discurso sobre el Estado de la Nación del presidente Marcos, que destaca la necesidad de un esfuerzo coordinado para llevar la energía solar, en particular, a las áreas más desatendidas de provincias como Quezón, Palawan y Zamboanga del Sur.
La confianza del gobierno en las cooperativas no es casualidad. Durante décadas, estas organizaciones han estado en la primera línea del desarrollo, asumiendo la difícil tarea de llevar la electricidad a las zonas rurales y apartadas que a menudo son ignoradas por el mercado. Como señala la secretaria Garin, el Departamento de Energía (DOE) y la NEA saben que «no pueden alcanzar el objetivo sin el apoyo del sector».

Esta colaboración entre el gobierno y las cooperativas eléctricas trasciende la simple provisión de un servicio. Se trata de un catalizador para la inclusión socioeconómica. El acceso a la electricidad es un habilitador fundamental para el progreso. la secretaria Garin destaca que los hogares con energía pueden ver un aumento del 22% en su producción agrícola, lo que demuestra cómo la electrificación se traduce directamente en un incremento de ingresos y una mejora en la calidad de vida.
Emil García, presidente de Vivant Energy Corporation, advirtió que se necesitará tanto liderazgo público como iniciativa privada. «La electrificación rural no se trata solo de energía. Se trata de equidad, se trata de dignidad, se trata de dar a las personas la capacidad de aprender, ganarse la vida y crecer sin tener que abandonar sus comunidades».
Las cooperativas han confirmado su compromiso de trabajar con el NEW y el DOE en 2026 para mejorar las líneas de distribución y subtransmisión, lo que refleja su rol activo no solo en la implementación, sino también en la planificación y la infraestructura del sistema energético. A pesar de las limitaciones presupuestarias, el nuevo administrador, Antonio Mariano Almeda, reafirmó su compromiso con la misión, enfatizando que impulsar el futuro, no solo significa conectar hogares, sino apoyar el desarrollo industrial de la nación.
Según el Banco Mundial, más del 98% de la población ya tiene acceso a la electricidad. La última milla del esfuerzo de electrificación es la más compleja. A menudo, implica llegar a las comunidades más dispersas y geográficamente desafiantes. Es precisamente en estos escenarios donde el modelo cooperativo, enraizado en la comunidad y con un profundo conocimiento de sus necesidades, demuestra su valor irremplazable como herramienta para la equidad y la cohesión social.
El plan de electrificación de Filipinas es un ejemplo palpable de cómo la Economía Social y Solidaria no es una alternativa marginal, sino una fuerza motriz central en las estrategias de desarrollo nacional. El reconocimiento del gobierno a la labor de las cooperativas de energía no solo legitima su modelo de gestión, sino que también sienta un precedente para que otros sectores y países consideren al cooperativismo como un socio indispensable en la búsqueda de un progreso verdaderamente inclusivo y sostenible.

Cooperativismo en Filipinas: un actor clave en el desarrollo
El movimiento cooperativo en Filipinas tiene una larga historia, reconocido por la ley y la Constitución de 1987 como un «instrumento político del gobierno para promover la justicia social y el desarrollo económico». Esta tradición de autoayuda y responsabilidad comunitaria se ha materializado en diversas formas, con empresas cooperativas que se han convertido en pilares de la economía solidaria.
La legislación, con hitos como el Código de Cooperativas de Filipinas de 2008, ha sido un marco favorable para el crecimiento del sector. A lo largo de los años, las cooperativas se han diversificado, abarcando desde el crédito y la agricultura hasta la electrificación, la educación cooperativa y los servicios, demostrando su capacidad de adaptación y resiliencia con más de 50 años de historia.
50 años de electrificación cooperativa en Filipinas
En la vastedad del archipiélago filipino, donde la geografía ha sido históricamente un obstáculo para el progreso. Su historia no es la de una empresa, sino la de un movimiento social y económico que ha transformado la vida de las comunidades rurales.
Para esta misión, se creó la Administración Nacional de Electrificación (NEA), una agencia gubernamental que se convertiría en la columna vertebral de este esfuerzo.
A diferencia de las grandes compañías eléctricas que operan en las áreas urbanas, el origen de las cooperativas se remonta a un imperativo de justicia y equidad. En la década de 1970, la mayoría de los filipinos vivían sin acceso a la electricidad, un servicio considerado un lujo en el campo. Fue en 1972, con el Decreto Presidencial No. 40, sentó las bases para el Programa de Electrificación Rural, un ambicioso plan para llevar la energía a los hogares más remotos del país.
A lo largo de las décadas, las cooperativas se expandieron a cada rincón del país, superando desafíos geográficos y económicos. Su éxito se mide en el impacto directo en el desarrollo socioeconómico. La llegada de la electricidad impulsó el crecimiento de negocios locales, permitió a los agricultores modernizar sus técnicas de producción y transformó la vida cotidiana. Los estudiantes ahora podían estudiar de noche, los centros de salud podían operar equipos esenciales y las comunidades enteras podían conectarse con el resto del mundo. Hoy, más de 121 cooperativas eléctricas operan en Filipinas, han electrificado a más de 15 millones de hogares, lo que representa a cerca de 70 millones de filipinos. Su contribución es tal que se han convertido en pilares de la economía local, generando empleo y fomentando la autosuficiencia.



