El viento es de todos: la revolución energética y cooperativa de Europa

(ANSOL).- Bajo el cielo danés, donde el viento del Mar del Norte azota con fuerza constante, se escribe uno de los capítulos más inspiradores de la revolución energética global. Lo que comenzó en 1976 con la cooperativa Okkol, en Tvind, cuando un grupo de profesores y estudiantes construyó el primer aerogenerador comunitario del país, hoy es un sistema que provee más del 52% de la electricidad nacional, a través de más de 900 cooperativas registradas.
El secreto de este éxito radica en una simple pero poderosa idea: la energía como bien común. «No somos simples consumidores, somos coproductores«, explica Mette Hansen, asociada de la cooperativa Middelgrundens Vindmøllelaug, que gestiona el emblemático parque eólico frente a Copenhague.
Este modelo ha demostrado ser extraordinariamente resiliente: durante la crisis energética de 2022, mientras Europa sufría aumentos brutales en las facturas, los 8.500 socios de Middelgrunden disfrutaban de precios estables y hasta un 30% más bajos que el mercado convencional.
Samsø: la isla que soñó con la independencia energética y lo logró
A solo 15 kilómetros de la península de Jutlandia, la pequeña isla de Samsø y su cooperativa Samsø Energi- og Miljøkontor se han convertido en el símbolo viviente de lo que es posible cuando una comunidad toma las riendas de su futuro energético. Lo que parecía una locura en 1997 (convertirse en 100% renovable) hoy es una realidad que atrae a investigadores de todo el mundo.
El alcalde Marcel Meijer señala que en los primeros días. cuando la cooperativa Samsø Energiakademi instaló sus primeras turbinas, los llamaban los soñadores de Samsø. Hoy exportan energía limpia y crearon 120 empleos verdes. Pero no se detienen ahí: su nuevo proyecto estrella, financiado con fondos europeos, convertirá los excedentes eólicos en hidrógeno verde para alimentar los ferris que conectan la isla con el continente.
Blockchain para democratizar la energía
Cooperativas pioneras como SEV (Samsø Energi Vision) y Thy Energi han combinado como nadie la innovación tecnológica con la participación ciudadana. Utilizan sistemas blockchain que permiten a cada socio rastrear en tiempo real la energía que produce y consume. Esta innovación revolucionaria es promovida desde la federación Dansk Energi Fællesskab, que agrupa a las principales cooperativas energéticas del país.
Esta transparencia radical ha generado niveles de confianza impensables en el sistema energético tradicional. Apps como MinEnergi, desarrollada por la cooperativa EnergiFællesskabet, permiten a los usuarios gestionar su consumo, vender excedentes a vecinos y participar en decisiones colectivas sobre nuevas inversiones. El resultado es contundente, un 94% de satisfacción entre los socios, según la última encuesta del Instituto Danés de Estadística.
La batalla legal por el futuro energético

No todo ha sido fácil en este camino. Las grandes compañías como Ørsted han librado una dura batalla legal contra cooperativas emblemáticas como Himmerlands Energifællesskab y Vestegnens Energifællesskab, cuestionando sus privilegios fiscales. Esto resultó en importantes litigios que al momento, resultaron favorables a las cooperativas.
Marzo de 2024 marcó un punto de inflexión cuando el Tribunal Superior danés falló a favor de mantener las exenciones fiscales para estas iniciativas comunitarias. «Esta sentencia protege no solo nuestro modelo energético, sino nuestra democracia», celebró Lars Albertsen, portavoz de Dansk Energi Fællesskab tras el veredicto.
Revolución energética que se expande por el globo
El éxito de cooperativas como Middelgrundens Vindmøllelaug y Samsø Energiakademi está inspirando cambios globales. En Chile, la cooperativa Energía Local ha replicado el modelo con mini-hidroeléctricas en comunidades mapuches, mientras en Ucrania, el plan de reconstrucción incluye proyectos inspirados en Thy Energi.
Incluso California, azotada por frecuentes apagones, ha modificado su legislación para permitir cooperativas al estilo danés. «Lo más valioso que exportamos no es tecnología, sino una forma de pensar», reflexiona la ministra Dan Jørgensen durante su reciente visita a Bruselas, donde se discute una directiva europea basada en el modelo de Dansk Energi Fællesskab.
Educación energética: el secreto mejor guardado de Dinamarca
Detrás de este éxito hay un factor menos visible pero igualmente crucial: la apuesta por la educación. El 62% de los daneses recibe formación en energías renovables, ya sea en escuelas, centros comunitarios o incluso a través de programas de televisión. Entender de dónde viene la luz que enciende la heladera, la tv o la compu, cambia completamente nuestra relación con la energía, allí radica la importancia de generar conciencia.
Este esfuerzo educativo ha creado una cultura energética única. Los niños crecen visitando las cooperativas locales, los universitarios pueden especializarse en gestión comunitaria de energías renovables, y hasta los jubilados participan activamente en las asambleas de sus cooperativas.
El futuro ya está aquí: próximos pasos de la revolución energética
Con los ojos puestos en 2030, Dinamarca no se conforma con lo alcanzado. El gobierno acaba de anunciar un fondo de 580 millones de euros para impulsar cooperativas de hidrógeno verde, mientras las islas de Bornholm y Samsø compiten por ser las primeras en lograr un balance energético positivo.
Es por esto que el director de la Academia Energética de Samsø, Søren Hermansen, afirma que están demostrando que otro mundo es posible: «Un mundo donde la energía no divide, sino que une a las comunidades; no empobrece, sino que crea prosperidad compartida«.
Mientras el planeta busca desesperadamente soluciones a la crisis climática, Dinamarca sigue escribiendo, molino a molino y comunidad a comunidad, su receta para una transición energética justa. Una receta que prueba que el futuro no solo debe ser renovable, sino profundamente democrático.



