COLUMNA

La disolución de la CONAMI, el Parlamento y la Economía Social y Solidaria

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Columna de opinión.

La Comisión Nacional del Microcrédito (CONAMI), organismo ejecutor de la Ley Nacional de Promoción y Desarrollo del Microcrédito en la Argentina, fue creada en el año 2007 a instancias de la sanción de la Ley Nacional de Microcréditos.

Desde sus inicios, la CONAMI trabajó de forma plural y participativa con todas las organizaciones sociales, cooperativas, mutuales, iglesias y otro tipo de fundaciones y asociaciones civiles de la sociedad civil en la implementación de fondos de microcrédito para aquellas personas, organizaciones y conjuntos de personas que no tenían acceso al crédito tradicional.

Cientos de miles de familias en los sectores medios, en los sectores que se generan ingresos a través de su esfuerzo propio y la ayuda mutua en actividades comerciales, productivas o de servicios pudieron encontrar en los fondos de créditos administrados por organizaciones de la comunidad crédito accesible, económico, a tasas subsidiadas y que le permitieron herramientas, maquinarias y otro tipo de infraestructuras o adecuación de infraestructuras para mejorar su propuesta comercial, productiva o de servicios.

La CONAMI fue, así desde el 2007 hasta el 2015, un enorme oasis en una realidad caracterizada por la falta de crédito en la Argentina a tasas accesibles, fundamentalmente por tantos años de tasas crediticias elevadas y falta de crédito para la producción, el comercio y el servicio, fue una herramienta central en el desarrollo del crédito en la Argentina y fue faro del crédito social y el microcrédito en Latinoamérica.

Este viernes, en un nuevo decretazo, el Gobierno Nacional de los hermanos Milei disolvió la CONAMI, dejando sin herramientas a cientos de miles de emprendedores y emprendimientos sociales, productivos, comerciales, y de servicios que desarrollan las economías locales y dan perspectiva de inclusión a cientos de miles de trabajadores autónomos, dejándolos, a merced de la usura, en una situación de pobreza y desigualdad, a las emprendedoras, con tasas imposibles de pagar.

Desde las organizaciones que en algún momento administramos fondos de microcrédito, nos preguntamos: ¿Cuáles son los mecanismos que imagina el Ministro que lidera hoy el Ejecutivo Nacional o el Legislador oficialista que respalda la disolución de organismos tan virtuosos como la CONAMI? ¿Qué estrategias se plantean para promover la inclusión laboral de estos sectores y evitar que caigan en la pobreza, la indigencia, la falta de empleo y la desocupación?

Este tipo de medidas parece ignorar la necesidad de herramientas concretas para fortalecer las economías locales y garantizar oportunidades para los más vulnerables.

Instamos, desde estas líneas, a los legisladores nacionales y las legisladoras nacionales, sean de los partidos que sean, y a las organizaciones sociales, cooperativas, mutuales, iglesias, fundaciones, asociaciones civiles, a ejercer conjuntamente una acción positiva que ponga en la discusión de la agenda pública la necesidad de una herramienta de las características de la CONAMI, inclusive mejorando los aspectos negativos que pueda haber tenido esta experiencia.

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