Cómo Cooperar 7 de Mayo evitó perder 150 empleos y se reconvirtió para sobrevivir a la crisis industrial

Cuando una inversión millonaria prometía modernizar la producción siderúrgica de Villa Constitución (Santa Fe), la cooperativa de trabajo Cooperar 7 de Mayo recibió una noticia que podía comprometer buena parte de su futuro. La incorporación de un nuevo tren laminador en Acindar eliminaba procesos industriales que la entidad gestionaba desde hacía años y dejaba bajo amenaza cerca de 150 puestos de trabajo.
A más de una década de aquel momento, y en el marco de sus 30 años de vida, la experiencia se convirtió en uno de los casos más significativos de reconversión productiva dentro del cooperativismo de trabajo argentino.
“Los procesos de reconversión tecnológica han sido un desafío permanente a lo largo de nuestra historia”, recordó el presidente de Cooperar 7 de Mayo, la Federación de Cooperativas de Trabajo de la República Argentina (FECOOTRA) y CICOPA Américas, Cristian Horton, en diálogo con ANSOL.

La situación comenzó a tomar forma en 2014, cuando Acindar anunció la instalación de un nuevo tren laminador destinado a producir hierro para la construcción mediante una tecnología que eliminaba etapas intermedias del proceso productivo.
Hasta ese momento, la cooperativa administraba una planta donde trabajaban alrededor de 70 personas dedicadas al enderezado en frío del material. Paralelamente, otras 70 u 80 personas se desempeñaban en un sector de acondicionamiento de barras que también resultó afectado por la reorganización industrial.
“Nos pegó de lleno y nos afectó 150 puestos de trabajo de los 265 que éramos en ese momento”, explicó Horton. “La buena noticia de una inversión millonaria para hacer más competitiva a la planta, para nosotros era un aspecto realmente negativo”, recordó.
Cooperar 7 de mayo: bajar los brazos no era una opción
Lejos de resignarse, la cooperativa inició una negociación conjunta con la empresa y la Unión Obrera Metalúrgica de Villa Constitución para ganar tiempo y diseñar una salida. “Podría haber sido un misil que golpeaba el barco y lo hundía. Nosotros nos subimos arriba de una oportunidad para generar una reconversión”, resumió Horton.
A partir de allí comenzó un proceso que demandó casi una década. La entidad puso en marcha un plan de retiros voluntarios, aprovechó jubilaciones naturales, buscó nuevas tareas complementarias para compensar la caída de actividad y diseñó un ambicioso programa de inversiones y capacitación.

La reconversión tuvo una particularidad: gran parte de la formación práctica se realizó en un proyecto propio. Mientras avanzaba la transformación productiva, la cooperativa desarrollaba un barrio construido sobre tierras adquiridas por la propia organización para facilitar el acceso a la vivienda de sus asociados.
“Dijimos que el barrio iba a ser el lugar de ensayo y recapacitación de nuestro personal”, contó Horton. Allí los trabajadores aprendieron movimiento de suelos, apertura de calles, obras de infraestructura, desagües, cordón cuneta y redes de agua, conocimientos que luego permitieron desarrollar nuevas unidades de negocio vinculadas a la construcción.
Al mismo tiempo, otros grupos fueron capacitados en logística y transporte. Para eso, la cooperativa realizó inversiones sostenidas en camiones, carretones, tractores y maquinaria especializada para ampliar su presencia en nuevos mercados. “Fue un fuerte plan de inversión de varios años que prácticamente terminó de consolidarse entre ocho y nueve años después”, señaló Horton.

Como parte de esa estrategia, Cooperar también construyó una nave industrial propia fuera de Acindar para albergar y consolidar las nuevas actividades. El proyecto, iniciado durante la reconversión, pudo completarse en 2022 luego de las demoras provocadas por la pandemia.
El financiamiento provino de una combinación de capitalización propia y líneas de crédito productivo. “Hicimos un plan de negocios y de inversiones muy fuerte que por suerte evitó ese golpe duro”, destacó el dirigente.
La transformación no estuvo exenta de dificultades. Muchos trabajadores debieron abandonar tareas que realizaban desde hacía años para aprender nuevos oficios. Algunos optaron por retirarse y otros accedieron a la jubilación. Sin embargo, la cooperativa logró atravesar el proceso sin perder su identidad.
“Obreros metalúrgicos que estaban capacitados durante muchos años para una tarea debían adquirir otros conocimientos. No fue fácil”, reconoció Horton. Hoy, en medio de una nueva etapa de dificultades para la industria nacional, Cooperar 7 de Mayo mantiene más de un centenar de puestos de trabajo y desarrolla actividades en logística, construcción, movimiento de suelos y servicios productivos.
“Después de todo ese proceso intenso, que fueron dos procesos al mismo tiempo —la reconversión y concretar el sueño del barrio—, culminamos con éxito ambos desafíos”, concluyó Horton.



