Mujeres cooperativistas: el 32% lidera la resistencia contra el despoblamiento rural en España

Más de 120 mujeres cooperativistas de Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha se reunieron los días 15 y 16 de abril en el IV Encuentro Interterritorial de Mujeres Cooperativistas para consolidar un frente común. El objetivo fue fortalecer el modelo agroalimentario desde la sostenibilidad social y la igualdad efectiva, en un contexto donde el despoblamiento rural y la concentración económica presionan con fuerza sobre las estructuras asociativas del campo español.
El encuentro, financiado por la Fundación La Caixa y el Instituto de las Mujeres del Ministerio de Igualdad, se posicionó como un espacio estratégico para generar alianzas. La sede fue la cooperativa Oleand Manzanilla Olive S. Coop. And., en La Puebla de Cazalla, provincia de Sevilla, un ejemplo de producción oleícola local que integra innovación tecnológica con gobernanza participativa. La organización estuvo a cargo de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, con la participación activa de sus pares de Extremadura y Castilla-La Mancha.

Despoblamiento rural: la crisis silenciosa que el cooperativismo femenino sostiene
El peso del sector femenino en las cooperativas agroalimentarias no es solo simbólico: es estructural. En regiones como Andalucía, el 32 por ciento de las personas socias son mujeres, y su participación activa —parte de una tendencia de liderazgo femenino en el movimiento cooperativo global— se vincula directamente con la estabilidad de los territorios rurales. Según la viceconsejera de Agricultura, Pesca, Agua y Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía, Consolación Vera, la participación de las mujeres es la que mantiene vivos los pueblos. Andalucía presenta los menores índices de despoblamiento rural de España, y ese dato no es casual.
El problema de fondo es que, pese a esa presencia real en el campo, las mujeres siguen siendo minoría en los órganos de conducción y toma de decisiones de las cooperativas. El 32 por ciento de socias es un avance, pero también un techo: refleja que el modelo aún no ha resuelto la brecha entre participación productiva y representación institucional. Ese fue uno de los ejes más debatidos del encuentro.
Las entidades y el respaldo institucional
La inauguración contó con la presencia de la secretaria de Estado de Agricultura y Alimentación de España, Begoña García Bernal, quien planteó que el avance en derechos no debe leerse como confrontación con el sector, sino como un progreso estructural que fortalece al campo. «La fortaleza del campo depende de políticas públicas sólidas y de la coordinación con las organizaciones cooperativas», sostuvo. Desde el ámbito financiero, el director de AgroBank, Antonio Martínez, reafirmó el compromiso de esa entidad con el sector agroalimentario y señaló que una parte significativa de sus oficinas en zonas rurales está liderada por mujeres.
Jaime Martínez-Conradi, director general de Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía, destacó la necesidad de fortalecer el modelo cooperativo en dimensión empresarial, competitividad e igualdad al mismo tiempo, como condiciones que se potencian y no se contradicen. Una perspectiva con antecedentes en la región.
Una mesa redonda sobre sostenibilidad social reunió a responsables de Oleand Manzanilla Olive, la Fundación Cooprado y el Grupo Vidasol, con la responsable de Igualdad de Cooperativas Agro-alimentarias de Castilla-La Mancha como moderadora. Las tres organizaciones compartieron experiencias sobre gobernanza participativa, relevo generacional e integración de estructuras inclusivas dentro de cooperativas de base. El debate dejó una conclusión clara: la igualdad no puede entenderse como un elemento accesorio, sino como un factor que impacta en la resiliencia y en la cohesión interna del modelo cooperativo.
Mujeres cooperativistas: Comunicación, cultura y transformación
La segunda jornada, realizada en el Paraninfo de la Escuela Universitaria de Osuna, abordó la dimensión comunicativa del cooperativismo con perspectiva de género. Representantes de las tres regiones analizaron cómo el lenguaje y los relatos institucionales condicionan tanto la percepción externa como las dinámicas internas de las organizaciones. El desafío es claro: revisar las narrativas tradicionales para que los referentes femeninos ocupen en el discurso el lugar que ya tienen en la producción.
Una ponencia académica sobre feminismo en perspectiva histórica aportó el marco analítico para leer los avances y las limitaciones del movimiento en entornos rurales y de economía social. El alto grado de implicación de las asistentes en el debate posterior evidenció que las conclusiones no quedaron en el papel: las participantes llegaron con voluntad de trasladarlas a la práctica organizativa de sus cooperativas.
El cierre incluyó una visita técnica a Oleand Manzanilla Olive, donde se analizó cómo la digitalización y la innovación pueden ir de la mano con una gobernanza participativa e inclusiva. El IV Encuentro Interterritorial se consolida así como un espacio que crece en convocatoria y en densidad política, en un momento en el que el cooperativismo agroalimentario necesita de ambas cosas para sostener su modelo frente a las presiones del mercado concentrado.



