Agroecología y cooperativas: Innova Ecovida impulsa la seguridad alimentaria en Brasil y Uruguay

La consolidación de modelos productivos que pongan en el centro la reproducción de la vida y la autonomía de las comunidades rurales encuentra hoy un puntal estratégico en la región. El proyecto Innova Ecovida, una iniciativa de cooperación internacional que se despliega entre 2022 y 2026, se ha transformado en una herramienta vital para fortalecer la seguridad alimentaria y la resiliencia climática en el sur de Brasil y Uruguay.
Liderado por CRESOL Agri-Agência (Cresol AA) y con el apoyo financiero de la Unión Europea, el programa Innova Ecovida articula cooperación técnica e innovación para potenciar a las cooperativas como sujetos determinantes del desarrollo rural inclusivo.
Este esquema de trabajo no es una intervención aislada, sino que se inscribe en una lógica de transición productiva profunda. Frente a los límites evidentes de los sistemas agroalimentarios industriales y concentrados, el proyecto promueve prácticas basadas en la agroecología y el uso de bioinsumos.
La meta de Innova Ecovida es clara: garantizar la sostenibilidad integral de las fincas familiares, convirtiéndolas en espacios de resistencia productiva ante la inestabilidad del clima y las presiones del mercado convencional. En este marco, las unidades de referencia en territorios rurales permiten la transferencia de conocimientos y la adaptación tecnológica necesaria.

Cooperativismo de crédito y exportación de conocimiento asociativo
La trayectoria de CRESOL Agri-Agência es un testimonio del crecimiento del sector dentro del esquema productivo regional. Esta entidad funciona como el brazo de asistencia técnica y vinculación internacional del Sistema Cresol, un entramado que nació en 1995 en el sur brasileño a partir de la organización de agricultores familiares que buscaban acceso al crédito y herramientas de inclusión financiera.
Lo que comenzó como una respuesta local a la exclusión bancaria, hoy representa uno de los pilares del cooperativismo de crédito en Brasil, con una inserción territorial que le permite dialogar con redes globales de desarrollo.
Un hito fundamental en esta historia de gestión institucional ocurrió en el año 2018. En ese entonces, CRESOL Agri-Agência obtuvo su acreditación ante AgriCord, una alianza internacional que nuclea a agencias vinculadas a organizaciones de productores de todo el mundo.
Este paso significó una maduración política y técnica: el sistema dejó de ser únicamente un receptor de ayuda externa —etapa en la que contó con el histórico apoyo de la agencia belga Trias— para transformarse en un actor capaz de exportar conocimiento y liderar proyectos regionales de gran escala.
Alianzas estratégicas para la soberanía alimentaria regional

En la actualidad, la organización con sede en Francisco Beltrão, en el estado de Paraná, gestiona fondos de organismos de peso global como la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD) y el programa FO-RI (Farmers’ Organizations for Resilience and Inclusion).
Su radio de acción no se agota en las fronteras brasileñas, sino que se extiende a Uruguay, Ecuador y Perú, priorizando siempre la participación de jóvenes y mujeres en los procesos de reconversión agroecológica. Se trata de una cooperación de tipo Sur-Sur, donde la experiencia acumulada en el territorio se traduce en políticas públicas que favorecen el capital de trabajo de los asociados.
El proyecto Innova Ecovida se destaca como el corazón de esta cooperación transfronteriza entre Brasil y Uruguay. Su diseño metodológico reconoce las particularidades de cada territorio, aplicando estrategias diferenciadas pero con un objetivo común: la soberanía alimentaria.
En Brasil, se aplica la pedagogía de Campesino a Campesino, un método de educación popular donde quienes ya dominan las técnicas agroecológicas transmiten sus conocimientos de forma horizontal a sus pares, reforzando el protagonismo de la base social en la transformación del modelo agrario comunitario.
Innovación participativa y ciencia al servicio del sector
Por otro lado, en Uruguay, la estrategia se denomina Co-innovación. Este enfoque integra la investigación participativa junto a instituciones académicas y gremiales de primer orden, como la Facultad de Agronomía de la Universidad de la República (UDELAR) y la Comisión Nacional de Fomento Rural (CNFR).
Aquí, el saber técnico y el saber empírico del productor se amalgaman para adaptar tecnologías a las condiciones locales, demostrando que la agroecología no es un retorno al pasado, sino una propuesta de vanguardia basada en la observación y la ciencia colectiva construida entre técnicos y productores asociados.
El despliegue operativo de esta iniciativa se apoya en las denominadas unidades de referencia. Estas son fincas familiares que funcionan como laboratorios vivos para la experimentación de técnicas como el Sistema de Siembra Directa de Hortalizas (SPDH), la recuperación de semillas criollas y la producción propia de bioinsumos.
Al reducir la dependencia de insumos químicos importados y dolarizados, las cooperativas mejoran sus excedentes y aseguran la salud de sus suelos y de los consumidores finales, fortaleciendo circuitos locales de producción y consumo que reducen la huella ambiental.
Impacto territorial y expansión de la red de fincas
Hasta el momento, el programa ha logrado consolidar 45 de estas unidades de referencia, distribuidas en 30 propiedades en Brasil y 15 en Uruguay. Este despliegue ha tenido un impacto directo e indirecto en aproximadamente 2.500 personas, quienes participan de instancias de formación, intercambio de semillas y gestión del conocimiento compartido.
La consolidación de estos espacios no solo mejora las condiciones de las familias rurales, sino que permite que el cooperativismo dispute la agenda pública, demostrando que existe una alternativa viable frente a los modelos extractivos y dependientes.
En definitiva, Innova Ecovida pone de manifiesto que la economía social posee la capacidad técnica y política para enfrentar las crisis ambientales contemporáneas. A través de la intercooperación y el fortalecimiento de las organizaciones agrarias, se construye un escudo productivo que protege a la agricultura familiar.
El desafío de aquí a 2026 será profundizar esta integración para que el modelo asociativo no solo sea una respuesta ante la emergencia climática, sino la base de un nuevo paradigma alimentario en el Cono Sur, basado en la cooperación y la sostenibilidad integral.



