ECONOMÍA

La industria del vino enfrenta su peor crisis: cómo resisten las cooperativas

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Referentes del sector le dijeron a este medio que la baja del consumo de vino, que tocó niveles nunca vistos, se debe a la falta de dinero de la gente y a cambios en los hábitos de consumo.

(ANSOL).- El vino argentino se encuentra en el consumo per cápita más bajo de toda su historia. Los datos, aportados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), dieron cuenta de que en 2023 en Argentina se consumieron 16,7 litros por persona. El sector, con gran presencia de cooperativas, está ante el desafío de resistir a la crisis económica y al cambio en los modos de consumos.

La situación este año no parece mejorar. Según el INV, en octubre pasado el consumo per cápita fue de 1,48 litros por habitante (población total país), lo cual indica una disminución del 9,9% respecto a igual período del año anterior. En los 10 primeros meses de 2024, el consumo acumulado por persona es de 13,49 litros, lo que representa una caída del 2,9% en relación al mismo período pero de 2023.

ANSOL consultó sobre la situación a Fabián Ruggeri, presidente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas de Argentina (ACOVI), quien reconoció: «estamos en una crisis importante por una baja de consumo por la situación económica, la falta de plata en el bolsillo de la gente, y que afecta a un bien que no es de primera necesidad, y eso llevó a que baje el volumen de venta sustancialmente, así como pasó con las gaseosas y cervezas«.

Vino

Coincidió con su mirada Gabriela Olea, presidenta de la Cooperativa de Trabajadores de Viña (COTRAAVI): «la situación es crítica, pero sobre todo en los grandes estándares, por ejemplo, nosotros como cooperativa, que entre los asociados hacemos cosecha, racionamiento, etiquetado, producción, vamos abaratando costos y no la estamos llevando tan pesada«. Reconoció que donde más se ve la crisis es en «la comercialización, porque la población elige otras bebidas, pero nosotros nos manejamos con clientes fijos a través de la red Alimentos Cooperativos que distribuye a todo el país«.

Otra voz del sector es la de Fernando Castro, de la Cooperativa de Trabajo Ayllú (vino Brazos Tintos), quien le dijo a este medio: «nosotros somos una pequeña cooperativa y hemos percibido una baja en las ventas de vino en el último año que hemos atribuido a la recesión general, porque nuestros vinos son básicamente para consumo interno de sectores de clase media y entendemos que no son bienes de primera necesidad«.

En ese plano, la presidenta de COTRAAVI opinó que la baja de ventas está dada más que nada por la falta de dinero en la calle: «creo que la crisis se debe más a la elección de los consumos, a la situación económica del país donde se prioriza lo esencial, y si se coloca un vino en la mesa va a ser un fin de semana o una ocasión especial, pero no en el día a día».

Nuevos hábitos en el consumo de vino

Ruggeri explicó que a la crisis económica se le suman cambios de hábitos en los consumidores y que por eso están «reestructurando nuestra industria, viendo cómo adaptamos nuestro producto a los nuevos gustos, paladares, a los jóvenes, que buscan un vino con menos graduación alcohólica, pero que se pueda mezclar con otras bebidas y que no les produzca ningún tipo de zozobra, y estamos intentando aggiornarnos a los nuevos tiempos sin descuidar a la porción del mercado que quiere los clásicos».

El sector cooperativo vitivinícola ya tiene varias décadas de existencia, con sus vaivenes económicos, y por ello confían en que van a salir adelante. Desde ACOVI, por ejemplo, adelantaron: «estamos haciendo readaptaciones como ya muchas veces hicimos, porque estamos en el momento de menor consumo a niveles históricos, y para eso se requiere una mejora macroeconómica y que los consumidores tengan más dinero en el bolsillo, y ahí nosotros llegar con un producto diferenciado«.

Lo mismo piensan hacer desde la Cooperativa de Trabajo Ayllú: «consideramos que la baja de la demanda ha generado un incremento de la oferta de vinos a menores precios de grandes jugadores de la industria, por lo que para el año próximo estamos pensando en reducir la producción y reorientar parte de la uva a jugo que tiene un mercado distinto, es un producto saludable y la demanda viene creciendo«.

En este contexto, como decía Olea, las cooperativas por su gestión solidaria y autogestionada tienen resortes internos para aguantar: «Nosotros somos trabajadores que sostenemos la bodega con sudor, esfuerzo y paciencia«. Pero además, la presidenta de COTRAAVI puso de manifiesto las diferencias entre el sector cooperativo y las grandes empresas: «nosotros tenemos un Malbec reserva a un precio accesible, pero lamentablemente las distintas bodegas de renombre no lo hacen porque no les interesa tanto la venta en gran cantidad sino vender poco pero caro». Y explicó que, por ejemplo, «en el Valle de Uco (Mendoza) el 90 por ciento exporta su vino, y no tienen que salir a vender internamente«.

De esta forma, las cooperativas vitivinícolas resisten y se reinventan ante la crisis. Mientras reclaman señales desde el Gobierno, llevan sus productos a cada rincón del país y piensan en los nuevos pasos para sortear el mal momento. Algo que ya hicieron en años pasados.

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