Sin Estatuto del Periodista no hay libertad de expresión

Atravesamos una etapa de extrema complejidad para el gremio de prensa. No es una crisis aislada ni casual; el impacto se siente de lleno en el conjunto de nuestra actividad diaria. Desde el primer día, este Gobierno nacional puso a la prensa, a la comunicación y al derecho a la información como el blanco de un ataque sistemático.
Los agravios y embestidas que sufrimos los trabajadores y trabajadoras en esta gestión libertaria son incalculables y casi imposibles de documentar en su totalidad. Sin embargo, se pueden sintetizar de forma cruda en tres postales: el vaciamiento planificado de los medios públicos, el brutal ataque institucional que casi le cuesta la vida al reportero gráfico independiente y autogestivo Pablo Grillo por el solo hecho de contar lo que pasa en nuestro país, y ahora, el intento de derogación de nuestro Estatuto del Periodista Profesional.
Frente a este escenario de hostilidad, entendemos que la unidad es la única clave posible. Es fundamental superar viejas fragmentaciones: la supervivencia del sector se juega en la capacidad de articular una defensa común entre quienes formamos parte de los medios públicos, los privados y los medios autogestivos y cooperativos.
El Estatuto del Periodista como garante democrático
El intento de derogar el Estatuto del Periodista Profesional no es solo un golpe a las condiciones laborales; es un ataque directo a la libertad de expresión como un derecho inalienable de la sociedad. Lo que está en juego, en definitiva, es la calidad de nuestra propia democracia. Si toda esta persecución y precarización ocurre hoy con la ley vigente, cabe preguntarnos: ¿cuál sería nuestra situación si el Estatuto dejara de existir?
Desde SIPREBA no nos oponemos a las actualizaciones que hagan falta para modernizar la actividad o adaptarla a los tiempos tecnológicos actuales. Pero cualquier debate debe darse sobre la base indestructible de garantizar los derechos fundamentales que ya tenemos. Las reformas deben ser para que nuestra situación esté mejor, nunca peor de lo que está hoy. Y eso es lo que aparece como una amenaza real en el horizonte.

El reconocimiento histórico de la autogestión
La urgencia no solo nos convoca a resistir, sino también a proponer hacia adelante. El Estatuto del Periodista original fue sancionado en 1946 y, lógicamente, por su matriz epocal, no contemplaba a los medios autogestivos, cooperativos y comunitarios que hoy sostienen gran parte del mapa comunicacional de nuestro país.
Por eso, resulta central el proyecto que se presentó hace unos días en el Senado de la Nación para impulsar un nuevo ordenamiento que reemplace y actualice la norma original. En lo particular, este proyecto introduce un cambio de paradigma histórico: los medios autogestivos pasan a tener los mismos derechos profesionales que cualquier otro trabajador de prensa.
Más allá de las modificaciones particulares que cada sindicato haya conquistado a lo largo del tiempo en sus jurisdicciones, que la ley madre iguale a todos los trabajadores en el reconocimiento de sus derechos es un avance estratégico. Tanto en lo general como en lo particular, la defensa de este nuevo andamiaje legal es clave para poder desarrollar la tarea diaria de informar a la sociedad y cumplir con ese derecho de la manera más libre, soberana y segura posible.



