ECONOMÍA

Conect Agro visitó el país y firmó un acuerdo con FECOFE

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Una misión del programa formativo de la cooperativa agropecuaria brasileña Cotrirosa mantuvo reuniones con los principales representantes del cooperativismo argentino.

(ANSOL).- Entre el 18 y el 22 de agosto, integrantes del programa formativo Conect Agro, de la cooperativa agropecuaria brasileña COTRIROSA, emprendieron una misión técnica en Argentina que consolidó vínculos cooperativos, movilizó intercambios técnicos y proyectó nuevas alianzas regionales.

Conect Agro nació como una iniciativa de COTRIROSA, fundada en 1968, que se consolidó como referente del agronegocio en Rio Grande do Sul. Con una capacidad de almacenamiento de seis millones de sacos de granos, una red de 23 supermercados en 15 municipios y una diversificación productiva que incluye molinos, fábricas de raciones y una línea de más de 50 productos, Cotrirosa se convirtió en la plataforma ideal para impulsar un proyecto que combina innovación, formación y cooperación.

La alianza con Sebrae, Bioagreen y BASF permitió articular un programa que capacita a productores y sus familias en gestión, innovación, sucesión familiar y gobernanza cooperativa.

El objetivo de Conect Agro va más allá de la transferencia técnica: busca consolidar comunidades rurales con resiliencia, autonomía y capacidad de innovación, «preparando a las nuevas generaciones para un mercado agrícola global cada vez más competitivo y exigente».

Misión técnica de Conect Agro en Argentina

Conect Agro

El viaje realizado entre el 18 y el 22 de agosto llevó a los integrantes del programa a recorrer cooperativas e instituciones clave del agro argentino. En Villa del Rosario, Córdoba, conocieron la experiencia de Jucofer, una cooperativa que logró integrar a productores citrícolas para industrializar jugos y aceites esenciales, generando valor agregado en origen.

En Santa Fe, se reunieron con dirigentes de la Federación de Cooperativas Federadas (FECOFE), donde se firmó un acuerdo de cooperación internacional que marca un hito en la construcción de lazos duraderos entre productores de ambos países.

La misión también incluyó la visita a la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), que en 2025 agrupa a más de 135 cooperativas de primer grado y reúne a 40.000 productores. El recorrido por el Puerto Timbúes, una de las terminales agroindustriales más modernas del continente, permitió dimensionar la magnitud de su logística exportadora.

En paralelo, la planta de bioinsumos de Agricultores Federados Argentinos (AFA) mostró el camino hacia la transición agroecológica con nuevas tecnologías. El itinerario se completó con el Grupo GDM, líder en mejoramiento genético vegetal, y con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), donde se discutieron agendas comunes de innovación y sustentabilidad.

Cada encuentro sumó aprendizajes técnicos y humanos, pero sobre todo proyectó una integración más estrecha. En ese marco, la misión fue la antesala del Congreso Congrega Coop, previsto para el 5 y 6 de noviembre en Santa Rosa, Brasil, que buscará reunir a miles de productores y dirigentes de la región para profundizar el intercambio.

Un corredor agroindustrial con peso global

La relevancia de estos vínculos se entiende mejor si se observa el peso de Argentina y Brasil en el tablero global de alimentos. Brasil alcanzó en 2024 un PIB agropecuario de 2,72 billones de reales, y en soja logró una producción récord superior a 150 millones de toneladas, con casi la mitad del comercio mundial de poroto bajo su control. Es también el primer exportador mundial de carne vacuna, con cerca del 25% de los embarques globales, y disputa con Estados Unidos el liderazgo en maíz.

Argentina, por su parte, mantiene un rol protagónico en derivados: lidera el comercio mundial de harina y aceite de soja, con participaciones que rondan el 40% y 50% respectivamente, y se mantiene entre los tres principales exportadores de maíz. En conjunto, ambos países integran uno de los corredores agroindustriales más poderosos del planeta, con más de 90 millones de hectáreas cultivadas y la capacidad de influir en los precios internacionales de granos, carnes y subproductos.

Este peso no es solo macroeconómico. La población vinculada directa o indirectamente al agro en los dos países supera los 30 millones de personas, lo que evidencia el impacto social del sector.

El acuerdo impulsado por Conect Agro, en este contexto, no se limita a un intercambio de buenas prácticas, sino que representa una apuesta estratégica para que la economía solidaria tenga un papel central en un mercado de alimentos cada vez más disputado.

El peso de las cooperativas

Conect Agro

El modelo cooperativo y mutualista es la columna vertebral de este proceso. En Brasil, las cooperativas agro concentran más del 50% de la producción de soja y maíz, el 70% del trigo y casi la mitad de la leche. El Anuario del Cooperativismo 2025 del Sistema OCB señala que estas entidades alcanzan una facturación conjunta de 438.200 millones de reales y articulan una red de más de mil cooperativas.

En Argentina, el panorama es similar en términos relativos: las cooperativas aportan el 28% de la producción cerealera y oleaginosa, explican el 8% de las exportaciones agropecuarias y el 5% del comercio exterior total. En cadenas estratégicas como la soja, el trigo o el girasol, cooperativas como ACA, AFA o las federadas en FECOFE son responsables de coordinar logística, industrialización y financiamiento. Estos números revelan que el cooperativismo no es un actor marginal, sino una pieza estructural de la oferta de alimentos en ambos países.

Proyección hacia el futuro

Las proyecciones de organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indican que la demanda mundial de alimentos crecerá un 15% hacia 2030, con la soja y el maíz como productos estratégicos para el suministro de proteína animal.

En ese escenario, Argentina y Brasil no solo deben sostener sus volúmenes de exportación, sino también adaptarse a exigencias cada vez más fuertes en materia de trazabilidad, sostenibilidad y transición climática.

Aquí, el cooperativismo se convierte en una ventaja competitiva. Su estructura democrática, la vinculación directa con productores y la capacidad de agregar valor en origen le permiten responder mejor a la demanda internacional de alimentos sustentables.

La misión técnica de Conect Agro muestra que es posible combinar innovación tecnológica, cooperación internacional y economía solidaria para generar un modelo que no solo produzca más, sino que produzca mejor.

La magnitud de la unión entre ambos países, medida en millones de hectáreas cultivadas, en volúmenes exportados y en el protagonismo de sus cooperativas, da cuenta de que esta alianza trasciende fronteras y coyunturas. Lo que está en juego no es solo el comercio, sino la posibilidad de garantizar alimentos al mundo bajo un modelo más inclusivo, equitativo y sustentable.

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