Cierre de Dass: construir trabajo y comunidad, una posible salida

(ANSOL).- Los medios periodísticos de la ciudad de Coronel Suárez anunciaron el despido de las últimas trescientas sesenta personas trabajadoras que quedaban en la planta del Grupo Dass, sumándose estas así al triste conteo que comenzó hace varios meses.
La noticia -que sorprendió a propios y extraños- desnuda la falta de comunicación que este tipo de empresas suele tener con los funcionarios y los vecinos y vecinas de cada localidad en que radican, priorizando siempre nada más que sus propios intereses.
Ante la situación de Dass, desde Textiles Pigüé fuimos convocados hace algunos meses e incluso nos han visitado funcionarios de la vecina localidad, cabecera de otro distrito. Señalo esto porque también hemos sido convocados desde otras poblaciones de nuestra provincia y de varias otras, lo cual revela hacia dónde están siendo empujadas las empresas en nuestro país.
Y están siendo empujadas por prácticas contrarias a la producción nacional y al fomento a las inversiones de un Gobierno Nacional que asusta. Pero no solo por esto, sino también por la violencia, la descalificación permanente y el desprecio que muestran al dirigirnos la palabra; principalmente, desde los medios de comunicación.
Casi nunca llaman los dirigentes sociales o políticos. Habitualmente, lo suelen hacer los propios trabajadores y muy ocasionalmente algún funcionario o funcionaria del Ejecutivo distrital. No hay juicio de valor en esto que escribo, solo un dato.
Al observar algunas primeras reacciones, creo, con mucha humildad y respeto, que estamos errando el primer intento de relación. Últimamente, vemos con preocupación que de parte de muchos sectores dirigenciales se piensa que la problemática de este país es por el accionar de los y las trabajadoras, y de los pibes, las juventudes, los adolescentes que «no saben votar»; los más arriesgados hasta se animan a insinuar un «¡Que se caguen, por gorilas!».
Hace veinte años, empezamos a observar esto que lamentablemente hoy se profundiza con cada vez más celeridad y, por eso, nos organizamos. Y fuimos a la vecina localidad a compartir la idea. Y aceptamos la decisión que allí se tomó de continuar con esa relación de dependencia, que es derecho del trabajador y su familia.
Después, observamos incrédulos cómo, en una buena época de crecimiento de la industria textil y del calzado, allá por 2010, se festejaba la opulencia del monstruo textil, con trabajadores que se contaban por cuatro o cinco mil; incluso cientos de ellos viajando desde localidades distantes de Suárez, como si eso fuese calidad de vida. Eso también era festejado como la manera correcta de producir.
Mientras tanto, por acá y después de ser bien presionados para elegir a empresas capitalistas por sobre cualquier intento de autogestión, después de soportar arrebatos por apuros siempre de terceros para que contactemos empresarios, sin pensar, egoístamente, que podían ser los mismos cooperativistas quienes se formen en estas tareas de conducir empresas, pusimos manos a la obra con la premisa de respetar una sola manera de interpretar a la producción y al trabajo: con una justa distribución; principalmente, en malos escenarios económicos y financieros como este y otros que pasaron. Y con todos adentro, jamás siendo el mercado quien indique nuestra suerte como laburantes, como tanto nos gusta señalar.
Estar atento a estas cuestiones del desempleo y las urgencias que trae es una conducta de las casi 500 empresas y fábricas recuperadas que existen en todo el país, y con una gran particularidad: no preguntar ni mucho menos culpar a las personas de trabajo cuestionando su voto o empezando con falsas arengas que no conducen a nada.
La historia se repite con Dass

Esto que ha pasado con Dass es más de lo mismo, ya que pasó con Gatic, Indular y con Vulcabras, quienes también eligieron dejar a sus trabajadores y trabajadoras afuera, en la calle. En el caso de Indular, un poquito más ventajoso para sus arcas, porque fue la firma creada por Guillermo Gotelli que compró a precio vil y de remate la planta de Coronel Suárez, más Pilar y Las Flores, engañando a miles de personas que pensaron que se iba a quedar a invertir y para siempre en sus ciudades. Para más datos, porque ya hemos hablado hasta por los codos de esta situación, lean el libro de Andrés Ruggeri llamado Textiles Pigüé, historia de la recuperación de una planta de Gatic.
Creemos fervientemente en el trabajo que hicimos con nuestra comunidad, dejando como corresponde las inversiones y las mejoras en la fábrica y beneficiando a la población. No solo con los puestos de trabajo que se generan, sino convidando con recursos estratégicos, con tierras cedidas para instalar empresas o fábricas en el sector industrial planificado de la Ruta Nacional 33, que ya debería ser parque industrial, o con edificios como el de la avenida Casey.
Dicho sea de paso, deseo de todo corazón se termine de ejecutar en favor del pueblo de Pigüé el traspaso de definitiva titularidad de los predios mencionados, que han sido otorgados en el mismo momento que escrituramos la empresa a nombre de nuestra organización y que cedimos con la clara ilusión de que allí se generen espacios de participación y democracia, en un convenio que hasta el momento solo han respetado los asociados y las asociadas de Textiles Pigüé pagando la unidades productivas acordadas con el gobierno de la provincia de Buenos Aires en todos los órdenes e instancias por donde haya transitado el expediente y levantando la hipoteca. Esto es importante destacarlo, porque lamentablemente este éxito no se les auguraba a los cooperativistas, siendo siempre señalados como incumplidores y faltos de garantías o seriedades para cumplir con la palabra empeñada.
A quienes ocupan puestos políticos, más cercanos, más distantes o a quienes se meten en el medio de las soluciones, ningún consejo, pero sí una mirada para compartir: acérquense, que no muerden, al menos de entrada, las personas de trabajo. Si son formados profesionales, pregunten, escuchen; hablen después. Si fueron o son personas de trabajo, búsquenlos desde ese lugar que adquirieron y hablen desde y con la llamada clase trabajadora, no con la clase trabajadora. Bájense. Desde y con. Y compartan, no se queden con ningún saber, conocimiento, contacto o recurso. Se pide acompañamiento, no resultados, si se observa que dejan todo por ayudar.
Yo no sé si quiero que cambien la manera de pensar algunos empresarios, menos los que son de capitales extranjeros. Ya los conocemos en sus formas desde antiquísimo tiempo. Pero sí podemos pensar en ilusionarnos con que cambien las distintas personas que ejercen más o menos cuotas, lugares, de supuesto poder y relevancia.
Desde chiquitos, cuando entren en una unidad básica -y para no ser tan peronista en este escrito, también comité o cualquier espacio de discusión política-, entren pensando en servir al prójimo y en poner más y sacar menos. Entonces, para acompañar verdaderamente a las familias que buscan trabajo, no coartar la primera intención de organizarse, sería de muchísimo valor, no meter internas personales, porque siempre las internas son personales, y demostrar capacidad de gestión para ir a golpear las puertas que sean necesarias y contribuir con efectividad a la inmensa tarea de recomponer el tejido social y familiar que se fragmenta cuando vemos este tipo de noticias que nos golpean y duelen.
Al mal tiempo, más solidaridad

Este 2025 lo transitaremos de la misma forma en que lo venimos haciendo hace casi 21 años: trabajando, creciendo, invirtiendo, relacionándonos con los espacios de trabajo, sean estos productivos, culturales, educacionales; en definitiva, de cualquier lugar donde haya personas que se sientan trabajadores con derechos por recuperar y defender.
Pensaremos siempre como primera medida en no aportar ni un solo dígito numérico a la triste estadística de desempleo en la región y proyectando las 200 viviendas que se tienen que empezar a realizar en los terrenos adquiridos y ya escriturados, que van a terminar de dar cuenta de lo que son capaces las empresas con vocación de generar y distribuir.
Los estados locales tienen que acompañar todos y cada uno de los proyectos que desde la comunidad surjan como alternativas de desarrollo. Tienen que dar a conocer las herramientas de que disponen los distintos gobiernos provinciales. Acompañarlos en la búsqueda, según el rubro, de cada cámara empresaria y económica; resolver con las federaciones, gremios y sindicatos y convocarlas a conocerse entre sí para agregar más volumen de ideas y acordar alianzas estratégicas que beneficien al conjunto y no a los especuladores, como parece ser la situación, que da pie a compartir con ustedes algunas miradas sobre lo más triste que nos puede pasar, como es estar desempleado.
Ya no alcanza con leyes que son de emergencia, de resoluciones que no regulan nada, de anteproyectos para aparecer un rato en los medios haciéndonos creer que tienen ideas, de paliativos que no solucionan de fondo nada. El agua que traigan debe estar en regaderas y ser utilizada para regar y hacer crecer algo y no para estar dentro de las mangueras de incendio llegando tarde siempre a tierras devastadas.
Para eso, es que lo primero que tienen que mirar es a sus corazones y entender si están dispuestos, y también calificados o calificadas, a ser parte determinante del cambio que necesitan las personas de bien de nuestro país, o si solo quieren seguir perteneciendo a una clase cada vez más resistida y viciada de malas prácticas.
Todos los días hay que levantarse pensando que a alguien, de una forma u otra, se puede ayudar. En este caso de Coronel Suárez y en otros, ahora con más frecuencia, hay que ayudar a centenares. Siempre estaremos a disposición; en principio, para ofrecer una posibilidad de salida, siempre compartiendo una historia de lucha, producción, organización y compañerismo que vela por otros intereses, que aporta a construir comunidades para todos y todas.



