
El encuentro de junio de 2026 reunió a la conducción nacional de SANASA con representantes de las sociedades cooperativas del norte y el este. Allí se estableció que las organizaciones locales serán responsables de preparar e implementar sus propios planes, mientras la federación aportará asesoramiento y orientación técnica. De este modo, la definición de las prioridades partirá del conocimiento de cada comunidad y contará con el respaldo de una red de alcance nacional.
El enfoque cobra especial relevancia en dos regiones que, pese a sus recursos productivos y culturales, representan en conjunto menos del 10% de la economía de Sri Lanka. En abril de 2026, el Banco Mundial anunció inversiones específicas para generar empleo, fortalecer pequeñas empresas y ampliar las oportunidades económicas en el norte y el este. La iniciativa de SANASA se inserta así en una etapa de renovada atención sobre el desarrollo de ambos territorios.
SANASA: una red capaz de llegar donde otros no llegan
La principal fortaleza de SANASA es su presencia territorial. La federación articula más de 8.400 sociedades primarias, reúne alrededor de 1,7 millones de integrantes y está presente en todas las provincias de Sri Lanka. Su red se extiende desde comunidades rurales hasta centros urbanos y alcanza también zonas de población tamil del norte y el este. Esta capilaridad le permite conocer de cerca las necesidades económicas de cada comunidad y canalizar recursos mediante organizaciones ya arraigadas en el territorio.
En las comunidades rurales, una cooperativa de ahorro y crédito puede hacer mucho más que otorgar préstamos individuales. También puede reunir a productores, financiar capital de trabajo, organizar la compra de insumos y mejorar las condiciones de comercialización. La escala de SANASA ofrece la posibilidad de convertir necesidades aisladas en proyectos comunes, siempre que las sociedades cuenten con capacidad de gestión y reglas claras.

Agregar valor a la agricultura y la pesca
La agricultura ocupa un lugar central en la economía de Kilinochchi, mientras que la pesca sostiene a numerosas comunidades costeras del norte y el este. El desafío no consiste solamente en producir más, sino también en conservar, procesar y comercializar mejor. El acceso a infraestructura, tecnología y mercados puede reducir pérdidas, mejorar los ingresos y conseguir que una mayor parte del valor permanezca en el territorio.
La iniciativa prevé que cada sociedad local elabore e implemente su propio plan de desarrollo territorial con la asistencia técnica de la federación. En las comunidades agrícolas y pesqueras, estas propuestas podrían organizar proyectos de acopio y conservación, pequeñas plantas de procesamiento, comercialización conjunta o mecanismos de acceso al crédito. La función confirmada de SANASA, en esta primera etapa, será acompañar técnicamente su preparación y puesta en marcha.
La inclusión financiera también exige protección
La presencia territorial de las sociedades de ahorro y crédito puede acercar servicios financieros a mujeres, jóvenes y pequeños emprendimientos rurales que encuentran dificultades para acceder a la banca tradicional. Sin embargo, el crédito resulta verdaderamente inclusivo cuando está acompañado por capacitación, proyectos viables y acceso a mercados. Si los nuevos préstamos no generan mejores ingresos, el endeudamiento puede agravar la vulnerabilidad de las familias.
El acompañamiento técnico de la federación será especialmente importante para las sociedades con menor capacidad administrativa. Cada proyecto necesitará criterios transparentes de selección, condiciones de devolución compatibles con los ciclos productivos y mecanismos para evaluar sus resultados. En actividades expuestas al clima, la estacionalidad y las variaciones de precios, la sostenibilidad financiera dependerá también de una adecuada distribución de los riesgos.

De la reunión a resultados medibles
El valor de la iniciativa radica en articular dos escalas complementarias. Las sociedades locales son las que mejor conocen la realidad cotidiana y los obstáculos que enfrentan productores, pescadores, comerciantes y familias; la federación puede aportar coordinación, experiencia técnica y el respaldo de una red nacional. Esa combinación permite diseñar respuestas más cercanas a cada territorio sin dejar aisladas a las organizaciones comunitarias.
El desafío será convertir los planes territoriales en proyectos capaces de sostenerse en el tiempo. Los resultados deberán reflejarse en mejores ingresos, nuevas actividades productivas, empleos y mayor autonomía para las comunidades. Si las sociedades locales reciben el acompañamiento necesario, el programa iniciado en Kilinochchi puede transformar una red de ahorro y crédito ya consolidada en una plataforma más amplia de desarrollo cooperativo.



