Som Energía: 15 años de la cooperativa que ya produce 71 GWh y desafía al mercado eléctrico español

La empresa cooperativa Som Energia cumplió 15 años de trayectoria consolidándose como un actor clave en la transición energética de España. Fundada en 2010 en Girona, la entidad logró quebrar la lógica del mercado eléctrico tradicional, alcanzando hoy la cifra de 87.000 asociados y la gestión de 120.000 contratos de suministro eléctrico.
La expansión de la cooperativa se produce en un contexto particular. España mantiene uno de los sistemas eléctricos más concentrados de Europa, con un reducido número de empresas que dominan la generación y comercialización. En ese escenario, Som Energia no solo se inserta como un actor más, sino que propone una lógica diferente de organización del sector.
No es solamente la capacidad de gestionar la producción y distribución de energía, sino la capacidad de promover nuevos procesos de energía sustentable, tendencia cada vez más relevante para las cooperativas de servicios en España y en toda Europa.
Dato Clave: Con una producción propia que ya supera los 71 GWh anuales, la cooperativa reinvierte sus excedentes en el fortalecimiento de la base social y en nuevos proyectos de generación fotovoltaica.

15 años de energía cooperativa
En un sistema eléctrico caracterizado por la alta concentración, Som Energia propone una lógica diferente de organización. El proyecto «no va solo de luz», sino de construir un modelo basado en la cooperación y la justicia climática. Esta definición se traduce en una estructura donde desaparece la figura del cliente para dar paso a la de los asociados, quienes participan activamente en la toma de decisiones.
La gobernanza cooperativa de Som Energía se articula a través de una asamblea general anual y una red de grupos locales distribuidos por distintas regiones. Este esquema permite sostener una organización compleja sin perder el control colectivo, algo poco frecuente en un sector altamente tecnificado.
Som Energía autosustentable
Uno de los ejes centrales es la construcción de capacidad propia de generación para reducir la dependencia del mercado mayorista. Para ello, impulsa proyectos financiados mediante aportaciones voluntarias de sus integrantes. Este mecanismo permite reunir capital sin recurrir a grandes inversores, vinculando directamente a quienes consumen energía con su producción.
Este modelo de comunidades energéticas —que ya tiene ecos en experiencias similares en el cooperativismo eléctrico argentino— busca democratizar el acceso a la energía renovable. De esta forma, la infraestructura deja de ser un ámbito ajeno para convertirse en un espacio de participación directa.




