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CM50 fija 5 metas para llevar la cooperación a una escala inédita

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Ochenta dirigentes de cooperativas y mutuales de 28 países acordaron en Bruselas construir un mercado digital compartido, una nube cooperativa, programas de alimentación saludable, formación de líderes y capacidades de reconstrucción tras crisis. La iniciativa también se propuso acercar la facturación mundial del sector a cinco billones de dólares.

El primer Leaders Summit del Círculo de Liderazgo de Cooperativas y Mutuales 50 (CM50), realizado a fines de junio de 2026 en Bruselas, convirtió una declaración política en cinco compromisos cuantificables. Participaron 80 presidentes ejecutivos y dirigentes de 28 países y cinco continentes, pertenecientes a organizaciones que en conjunto representan al menos 500.000 millones de dólares de facturación.

CM50 fue presentado en noviembre de 2025 durante la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de Doha. Su intención es reunir a grandes cooperativas y mutuales para ejecutar proyectos que ninguna organización podría desarrollar con la misma escala por separado. La meta económica más ambiciosa consiste en elevar la facturación cooperativa y mutual mundial desde unos 2,7 billones hasta cinco billones de dólares anuales.

CM50: del manifiesto a cinco compromisos

El primer compromiso es crear un mercado digital cooperativo que sea utilizado diariamente por 150.000 empresas. La propuesta busca que organizaciones de distintos sectores puedan comprar, vender y establecer alianzas sin depender por completo de plataformas controladas por el capital tradicional. Para que funcione, deberá resolver la interoperabilidad, los pagos, la logística, las reglas de ingreso y la protección de la identidad cooperativa.

El segundo proyecto es una infraestructura denominada Cloud Coop, concebida como un bien común digital para al menos 100.000 empresas usuarias por día. La soberanía sobre datos, programas y capacidades de inteligencia artificial se vuelve estratégica: si las cooperativas trasladan toda su actividad a nubes externas, pueden conservar la propiedad formal y al mismo tiempo perder control sobre la información que sostiene sus negocios.

La tercera meta apunta a orientar a 500 millones de personas hacia dietas saludables y sostenibles. El desafío exige la coordinación entre cooperativas agrícolas, de consumo, salud, seguros y finanzas. No se trata sólo de ofrecer productos distintos, sino de modificar modalidades de abastecimiento, precios, información nutricional y prácticas productivas sin descargar el costo de la transición sobre agricultores o familias de menores ingresos.

La cuarta iniciativa propone formar a 4.000 dirigentes a través de una infraestructura académica de alcance internacional. En un contexto en el que las organizaciones deben desenvolverse en entornos cada vez más complejos, marcados por la transformación tecnológica, la transición climática, los cambios regulatorios y las nuevas dinámicas financieras, el desafío consiste en desarrollar liderazgos preparados para responder a esos escenarios sin perder la identidad cooperativa. La premisa es clara: a diferencia del management empresarial tradicional, las decisiones deben orientarse al bienestar de los socios y de las comunidades, y no a la maximización de la rentabilidad para accionistas externos.

El quinto compromiso plantea poner las capacidades del cooperativismo al servicio de la reconstrucción en, al menos, cinco grandes contextos afectados por conflictos, desastres naturales o desplazamientos forzados. Cooperativas de vivienda, crédito, salud, energía y producción pueden desempeñar un papel clave en el restablecimiento de servicios esenciales, la recuperación del empleo y la reactivación de las economías locales. A diferencia de muchas intervenciones de emergencia, su fortaleza radica en que crean organizaciones de propiedad comunitaria, con capacidad para sostenerse en el tiempo una vez finalizada la asistencia humanitaria.

Sin embargo, trasladar ese modelo a escenarios de alta vulnerabilidad supone desafíos significativos. La reconstrucción requiere financiación de largo plazo, una estrecha coordinación con los gobiernos y organismos internacionales, y mecanismos de gobernanza que garanticen que la urgencia no termine desplazando la participación democrática que caracteriza al modelo cooperativo.

En ese sentido, CM50 deberá demostrar con qué criterios seleccionará los territorios de actuación, qué papel tendrán las organizaciones locales en la conducción de los procesos y cómo medirá el éxito de las intervenciones, incorporando indicadores de fortalecimiento institucional, cohesión social y desarrollo sostenible, además del volumen de recursos invertidos.

La prueba será compartir poder y resultados

Durante la cumbre también se presentaron casos de innovación y crecimiento de organizaciones como la cooperativa láctea india Amul, la etíope Oromia Coffee Farmers Cooperative Union y la brasileña Coopercitrus. Estas experiencias demuestran que es posible alcanzar una escala global sin renunciar a la propiedad colectiva ni a la gestión democrática. Sin embargo, aún está por verse si las cinco iniciativas impulsadas por CM50 lograrán articularse en una estrategia coherente y accesible para el conjunto del movimiento cooperativo.

El desafío inmediato será transformar los anuncios en una hoja de ruta concreta. Para ello será necesario definir mecanismos de gobernanza, fuentes de financiación, cronogramas de ejecución, responsables de cada proyecto y criterios transparentes que permitan la participación de cooperativas de distintos tamaños, sectores y regiones. La legitimidad del programa dependerá, en gran medida, de que esas decisiones no queden concentradas en un número reducido de organizaciones.

En definitiva, el éxito del Círculo de Liderazgo de CM50 no se medirá únicamente por la magnitud de las inversiones movilizadas o por la cantidad de entidades adheridas, sino por su capacidad para construir herramientas verdaderamente compartidas. Si el mercado digital, la infraestructura tecnológica, los programas de formación y las iniciativas de reconstrucción fortalecen a cooperativas de todos los continentes y dimensiones, la cumbre de Manchester habrá dado un paso decisivo hacia una nueva etapa de integración económica cooperativa. Si, por el contrario, esos recursos terminan concentrándose en las organizaciones más grandes, el proyecto correrá el riesgo de reproducir las mismas asimetrías que el cooperativismo ha buscado corregir desde sus orígenes.

La escala obliga a rendir cuentas

Los compromisos asumidos en Manchester solo podrán evaluarse si van acompañados de mecanismos de seguimiento transparentes. Más allá de los anuncios, CM50 deberá publicar indicadores periódicos que permitan medir el grado de cumplimiento de cada iniciativa, el destino de los recursos y el impacto generado sobre cooperativas, asociados, trabajadores y comunidades.

La magnitud de los objetivos convierte la rendición de cuentas en un componente tan importante como los propios proyectos. Contar con información abierta y comparable permitirá verificar si las plataformas digitales, los programas de formación, las inversiones y las acciones de reconstrucción están ampliando realmente las oportunidades para todo el movimiento cooperativo o si sus beneficios terminan concentrándose en un número reducido de organizaciones. Solo esa evidencia permitirá determinar si la cooperación internacional logra transformar mercados y distribuir poder económico de manera más equitativa.

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