Por primera vez, un joven argentino es coautor de un libro UNODC

«Futuros Robados: Cómo la Corrupción Perjudica a los Jóvenes«, es un nuevo informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en el cual se analiza cómo las generaciones más jóvenes perciben y experimentan la corrupción en su vida cotidiana.
El informe ofrece datos de vanguardia basados en encuestas y grupos focales, realizados por jóvenes para jóvenes. Contó con la participación de más de 1000 jóvenes en 92 países de África, América, Asia, Oriente Medio, el Caribe y Europa.
Adrián Gustavo Díaz, referente e integrante de la Juventud de la Confederación Argentina de Mutualidades (CAM), fue parte del equipo de UNODC y representante de Argentina.
Desde la CAM, destacaron que Adrián Gustavo Díaz fue parte del equipo que redactó este informe, que fuera presentado en formato libro, que por ahora se puede leer en inglés. Al respecto, Díaz expresó: «Fue un gran trabajo el cual me siento orgulloso de haber sido parte, ya que es la primera vez que un joven argentino es coautor de un libro de la UNODC«.

Educación y oportunidades, pilares fundamentales para el futuro
Del libro, se desprenden conclusiones como por ejemplo que la corrupción limita el acceso a servicios esenciales en todo el mundo. Para los 1900 millones de jóvenes de entre 10 y 24 años, estas pérdidas afectan tanto al presente como al futuro.
La corrupción puede sofocar la iniciativa, extinguir las esperanzas y alimentar la desconfianza en un sistema que parece recompensar en función de las conexiones y los recursos económicos, en lugar del mérito.
Lo que la juventud pierde a causa de la corrupción
Para los jóvenes de todo el mundo, el problema parece presentarse de forma clara: la pérdida de oportunidades; especialmente, en la educación y el acceso al mercado laboral.
«La corrupción genera incertidumbre. Desde solicitar plaza en una escuela hasta votar, te hace sentir que no tienes el control total de los resultados, independientemente de tus esfuerzos y acciones», explicó uno de los participantes en las consultas regionales.
Desde el soborno en los procesos de admisión hasta la asignación injusta de becas y la manipulación de los resultados de los exámenes, las barreras comienzan pronto y a menudo persisten más allá de la educación. En la transición al mercado laboral, el nepotismo y el favoritismo siguen limitando el acceso a oportunidades justas y basadas en el mérito.
Una deriva peligrosa
Muchos jóvenes manifestaron que el acceso al empleo y al ascenso profesional a menudo depende de contactos personales o pagos informales, más que de cualificaciones. «La corrupción garantiza que los desfavorecidos sigan siéndolo para siempre«, afirmó un participante de Asia.
A medida que la movilidad social se ve obstaculizada por conflictos de intereses y sobornos, la confianza en los sistemas educativos y los mercados laborales disminuye. Con el tiempo, esto puede traducirse en una insatisfacción generalizada con las instituciones, una tendencia preocupante para la sociedad en su conjunto.
Este círculo vicioso demuestra que la corrupción no solo es consecuencia de una gobernanza débil, cuando los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas son frágiles o inexistentes, sino que también la refuerza.
Sueños robados, voces silenciadas
A pesar de representar casi una cuarta parte de la población mundial, los jóvenes siguen estando significativamente subrepresentados en los procesos de toma de decisiones. Según un informe del PNUD, la edad media de los líderes nacionales es de 62 años, y solo el 2,8% de los responsables políticos a nivel mundial tienen 30 años o menos.
Además de las barreras que les impiden participar activamente en la mejora de las políticas anticorrupción, los jóvenes también se enfrentan a obstáculos para denunciar la corrupción.
Durante las consultas, se identificó el temor a las represalias y la falta de mecanismos de protección como la barrera más extendida en todas las regiones.
«Si me caigo, me romperé el cuello. No aterrizo sobre nada blando. Eso me impediría denunciar la corrupción«, afirma uno de los encuestados de América.
Independientemente de la ubicación geográfica, el contexto social, político o legislativo, los jóvenes manifestaron sentirse inseguros al expresar sus opiniones y desconfiar de las instituciones formales.
Una generación lista para actuar
Si bien el informe presenta un panorama sombrío de la corrupción como un desafío sistémico al que se enfrentan los jóvenes, destaca una generación cada vez más consciente y dispuesta a tomar medidas concretas.
Los jóvenes encuestados identificaron varias maneras de abordar la corrupción; entre ellas, en la educación, mediante iniciativas lideradas por jóvenes, reforzando la protección de los denunciantes y apoyando la vigilancia cívica juvenil.
Iniciativas como el Consejo YouthLED de la UNODC, apoyado por el Recurso Mundial para la Educación Anticorrupción y el Empoderamiento de los Jóvenes (GRACE), tienen como objetivo empoderar a los jóvenes y brindarles las herramientas y el espacio para que desarrollen su potencial como impulsores de la integridad.
El informe “Futuros robados” estará disponible próximamente en otros idiomas.
Para acceder al libro en ingles HACER CLICK ACÁ



