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Villa Gesell: una cooperativa construye prosperidad y futuro para los pescadores artesanales de mar

En la localidad costera de la provincia de Buenos Aires, la entidad abrió una pescadería de productos frescos que aseguran los ingresos de más de 60 familias del sector acordando precios. Los desafíos del crecimiento en una actividad que mezcla tradición y pasión.

9 de junio de 2023, CABA (Ansol) – En Villa Gesell, provincia de Buenos Aires, desde febrero de este año funciona la Cooperativa de Trabajo de Pescadores Artesanales, un emprendimiento que ya cuenta con su propia pescadería y busca normalizar y dignificar los frutos del trabajo de 62 trabajadores de la zona.

En diálogo con Ansol, el presidente de la cooperativa, Martín Guiot, explica los pormenores de una actividad que mezcla trabajo con pasión y gastronomía. El local de venta, ubicado en Paseo 107 entre Avenida 8 y Avenida 10 de la ciudad costera, se destaca por una particularidad: no hay ese característico olor, ya que toda la mercadería es fresca. «Del mar a la mesa», es el slogan que luce en la marquesina.

Una tradición, una pasión, una forma de vida

«La pesca artesanal marítima existió desde siempre en Villa Gesell. Tengo 53 años y a los 15 ya entraba con un gomón junto a mi viejo a pescar mar adentro«, narra el presidente de la cooperativa. «Varios de los muchachos lo que hacemos ahora es con redes que no son de arrastre. Una vez por semana, si el clima lo permite, hacemos viajes entre 40 y 60 km mar adentro con equipo de pesca pesada: cañas de un máximo de 2 metros hechas de grafito y carbono y con rieles rotativos para pescar más de fondo. Los kayakistas hacen esto mismo pero más cerca, hasta 1000 metros de la costa».

Villa Gesell: una cooperativa construye prosperidad y futuro para los pescadores artesanales de mar

Habla de kayaks, de embarcaciones semirrígidas con motores fuera de borda y también pescadores de playa. «El pescador artesanal no está reconocido ni social ni comercialmente. Tampoco es reconocido como individuo, y menos todavía cuenta con apoyo político. El director de Producción de la municipalidad de Villa Gesell, el Dr. Miguel Cisneros, me propuso en febrero de 2022 generar el cooperativismo en el sector», cuenta.

Asegura que la conformación de la cooperativa fue una «idea maravillosa» para darle marco legal que represente al pescador artesanal ante la sociedad. «El pescador artesanal está visto como alguien que no tiene para comer y por eso pesca. En realidad tenés a esa persona que come lo que pesca por falta de ingresos, el pescador deportivo que devuelve la pieza al agua y por último el artesanal, que todos los días se mete al agua con frío, con viento, con lluvia. Este último vende lo que pesca».

Guiot también pone el acento en la necesidad de reconocer el contexto de la actividad. «Acá arranca el día de un modo pero después cambia el viento rápido, nada es estable. Y si te agarra un viento del sur en un kayak adentro de agua tenés muchas posibilidades de volcar o que te agarre una ola. Es muy peligroso el mar: adentro no tenés guardavidas, te saca Prefectura», advierte.

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Sin embargo, no deja de ser una pasión y un deporte. Traza el cooperativista una diferencia clave con la pesca de río. «Uno tiene la imagen del que tira la boyita se queda tomando mate. Eso es en los arroyos o las lagunas. En el mar estás constantemente en movimiento. Cada vez que tirás la plomada es un giro de la espalda; se hace un poco de ejercicio, no vas a sacar músculo pero volvés bastante cansado. Ni hablar si entrás en kayak, remando, o embarcado porque el mar tiene todo el tiempo oleaje y te movés a la par, para estabilizarte». 

Al tratarse de una actividad artesanal, uno de los desafíos es permitir el rastreo del origen del pescado», lo que genera dudas. «El que no entiende de pesca puede llegar a comprar un pescado con feo olor o pasado. La idea nuestra es dignificar y reconocer al pescador artesanal sumando trazabilidad del origen de cada pieza lo llevamos con un registro de fechas, embarcación, con qué carnada y qué ambiente marítimo y climatológico salió la pieza. Es artesanal pero también científica la labor«, define Guiot.

Dependiendo la altura del año, son diferentes las especies que traen a la pescadería. Se le llamaba variada de mar a la disponibilidad siempre cambiante de pollo de mar, gatuzo, corvina, palometa, pescadilla, brótola y pejerrey.

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Una cooperativa que potencia la pesca artesanal

La Cooperativa de Trabajo de Pescadores Artesanales en Villa Gesell se ocupa a resolver la instancia inmediatamente posterior a la pesca en sí: a quién vender las piezas conseguidas y sobre todo a qué precio.

«Acompañamos muy temprano cuando salen y también cuando vuelven los embarcados, para ver si precisan algo. Les compramos el pescado sucio, como se dice, que es cuando la pieza está con tripas, escamas, entero. Tenemos un precio acordado entre todos, algo muy importante. En general si no acordás las embarcaciones cobran lo que quieren pero también pescaderías que pagan lo que se les antoja, porque si están pasados de stock de pescado, seguro te bajan a la mitad el precio.

Guiot resalta que los 62 pescadores alcanzaron un acuerdo de precio y en la cooperativa entonces se encargan de recibir la pesca, limpiarla, filetearla, destriparla y darle el frío que corresponde. Además ya producen y comercializan productos exclusivos, como el «chorimar», un chorizo 100% de pescado destinado a la parrilla, éxito en la zona que ya patentaron.

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«Lo que estamos haciendo con los primeros dividendos favorables de la cooperativa es reinvertirlos en el negocio, para producir empanadas, sushi, brochettes, todo con pescado fresco». Relata que mantuvieron reuniones con el gobernador Axel Kicillof y con el ministro de Producción, Augusto Costa, explorando las posibilidades de acceder a varios subsidios, como el Impulso Cooperativo.

El paso adelante, según describe Guiot, está en aumentar la capacidad de enfriar y conservar la producción de la cooperativa. «La falta de frío nos limita porque llegamos a un tope de pesca y de venta. Con más capacidad de enfriar mercadería, se puede filetear y vender a los restaurantes, aparts, complejos y demás emprendimientos acá en la Costa. Como somos nuevos y pescadores, solo tenemos un pozo de frío de 450 litros y dos heladeras verticales de 120 litros. Estos subsidios nos permitirían comprar dos pozos más, tres heladeras y una horizontal», puntualiza, y señala que sus presentaciones esperan aún la confirmación por parte de la Provincia. 

«Todos los que estamos encarando esto tenemos otros trabajos. Pero lo hacemos porque es una pasión, y también porque sabemos que muchas familias así pueden ser reconocidas en su actividad y en vez de comer pescado todos los días pueden permitirse otras cosas«, resume el presidente de la cooperativa. A remo, red y caña, siguen avanzando.