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Somos lo contrario al grado cero de la política

Columna de opinión.

Por Natalia Stoppani

Integrante de la Dirección General del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.

Me interesa hacer una reflexión sobre los proyectos políticos que albergan las cooperativas de las que formamos parte. Las cooperativas no son, para nosotrxs, una rueda de auxilio del sistema capitalista. Especialmente, desde nuestra concepción del cooperativismo transformador, entendemos que el cooperativismo no es solo una forma de organizar una actividad económica, sino que es además una forma de vida, una concepción del mundo y, sobre todo, una herramienta para la transformación social. Nuestras entidades, desde la concepción y la práctica de la autogestión, tienen vocación contrahegemónica y promueven prácticas alternativas al status quo.

La concepción de la Economía Social y Solidaria que sostenemos, pone en el centro las necesidades de las personas, consideradas en su integralidad. Como decíamos en un artículo colectivo publicado en la revista de Idelcoop (2017) “vivimos tiempos de avance voraz de un sistema global que tiene en su centro la acumulación de capital, la mercantilización de la vida y la explotación de la naturaleza a ultranza, que activamente produce desigualdad y concentración brutal de la riqueza, a la vez que desvaloriza a las personas y las deshumaniza al reducirlas a segmentos de consumo por clase, género, grupo etario y otras categorías útiles a los requerimientos del mercado” (p. 106).

No cualquier proyecto político nos contiene. Tal vez sea claro que el cooperativismo transformador se opone necesariamente al modelo individualista, conservador y violento que representa Javier Milei. Como cooperativistas, evitar el avance de esta derecha es también una tarea de nuestro sector. Porque ser cooperativistas y asumir esta identidad es una decisión política que tiene como eje la integralidad de la vida de las personas y la convicción de ser con otros, de vivir con otros, de creer en la vida colectiva como forma de realización y de emancipación. Es imperioso explicar por qué nuestro modelo se opone sin reservas al modelo de Milei.

Somos lo contrario al grado cero de la política

La filósofa argentina Diana Sperling, en artículo publicado recientemente en el diario Clarín, argumentó sobre la ausencia de pasado político de Milei y sobre cómo él construyó su capital político a partir de esta ausencia. Con agudeza, Sperling alertó que “Milei aspira a instaurar el grado cero de la política”.

Las y los cooperativistas somos lo contrario al grado cero de la política. No nos reconocemos sin filiación alguna, muy por el contrario, nos inscribimos en una tradición cooperativista, alternativa, popular que nos antecede. Nuestro movimiento fue reprimido durante la dictadura de Onganía, intentado desaparecer en la dictadura de Videla y Martinez de Hoz. Nuestros compañeros y compañeras más grandes integraron las organizaciones sociales y políticas combativas de los 40, los 50. Nosotras, como feministas cooperativistas, nos hacemos cargo del camino que iniciaron las anarquistas, comunistas y socialistas de principios del siglo XX, luego las peronistas con la conquista del voto femenino. Nos la jugamos en cada momento histórico, en la dictadura, en el menemismo y en la crisis del 2001 intervinimos en el debate público y político. También sufrimos derrotas, nos desaparecieron compañeros/as, nos quiere copar la parada el discurso del emprendedorismo y el sálvese quien pueda, las políticas públicas para el sector ayudan poco y muchas nos invisibilizan. No fuimos ni somos ajenas a cierto repliegue de los movimientos sociales. Pero debemos ser capaces de, creativa y responsablemente, salir al cruce de estas iniciativas. No sólo porque claro está que son proyectos que nos van a excluir, sino porque son inhumanos para el conjunto del pueblo y lo sabemos.

Es momento de volver a esas filiaciones de las que nos agarramos para ser lo que somos, de recuperar esos registros históricos de otros y otras que vivieron situaciones peligrosas como las que tenemos por delante y, sin duda, de tramar redes más colectivas que nunca para no sólo enfrentar al monstruo claro, sino para rearmarnos, reorganizarnos y luchar espalda con espalda para lo que sea que se venga.