Pequeños productores llevan más de diez años de asociativismo

(Ansol).- Ubicada en las zonas aledañas de la ciudad de Córdoba, la cooperativa San Carlos nació en 2002 cuando un grupo de 80 familias propietarias de quintas se unieron a alumnos de una escuela para conseguir agua corriente para las localidades de San Carlos, Los Socavones y Camino al Encuentro.

Además, muchos de los productores comenzaron a padecer las consecuencias del envenenamiento por agrotóxicos utilizados para el cultivo de soja, lo que motivó la intervención de la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación y la integración en el Foro Nacional de la Agricultura Familiar (Fonaf), que les permitió a los cooperativistas viabilizar sus proyectos y reclamos.

«Después de sortear numerosos obstáculos y lograr conectar el agua, quienes nos habíamos quedado afuera del sistema laboral comprendimos que si nos uníamos en cooperativa de trabajo, íbamos a avanzar», comentó el presidente de la cooperativa, Antonio Córdoba.

Hoy, San Carlos está completamente asentada en el mercado: «Tenemos muchos pedidos -aclaró Antonio Córdoba-, empezamos con 15 bolsones semanales y hoy estamos en unos 300, y a veces llegamos a 500, pero pasaron muchas cosas hasta llegar a esto que vivimos hoy».

Por su parte, el secretario de la cooperativa, Marcos Córdoba, detalló que siembran «todo tipo de vegetales» y que «somos los únicos en la zona que producimos de manera totalmente agroecológica libre de agroquímicos, lo que nos identifica y posiciona en el mercado».

Finalmente, el secretario recordó que «empezamos en 2011 a tomar conciencia de que debíamos devolverles sus nutrientes a estas tierras maltratadas por la soja y, gracias al asesoramiento de los estudiantes de agronomía de la Universidad Nacional de Córdoba y a que nos integramos al Movimiento Agricultores Urbanos, implementamos nuevas y viejas técnicas de recuperación orgánica de suelos como incorporar lombrices y abonos naturales, combatir plagas mediante barreras florales o monte nativo de control y preparar macerados de paraíso, ajo y romero. Todos estos procesos los hacemos a mano y de manera artesanal».