No podemos ser neutrales

Columna de opinión.

Por Rodolfo Mangas

Contador Público. Profesor Facultad de Ciencias Económicas UBA. Asociado a Residencias Cooperativas de Turismo y El Hogar Obrero Cooperativa de Consumo, Edificación y Crédito Ltda.

17 de noviembre de 2023, CABA (Ansol). –En estos días estamos atravesando los efectos que la pandemia, junto con una serie de cambios políticos, sociales y económicos de alto impacto, han dejado en la sociedad. Nos referimos a la postpandemia, no solo por la transformación que ha generado en las relaciones sociales, sino también por los cambios en la dinámica económica entre empresas y trabajadores, que afectaron inevitablemente al movimiento cooperativo en Argentina y en el mundo.

El cooperativismo afronta estos nuevos desafíos a partir de sus principios ya establecidos hace muchos años por un grupo de trabajadores, como son la solidaridad, la ayuda mutua y el trabajo conjunto, buscando objetivos comunes que mejoren las condiciones de vida de manera más digna. Estos principios, establecidos por la Alianza Cooperativa Internacional, son obligatorios para todas las cooperativas del mundo.

Es interesante explorar la documentación del Congreso de la Alianza Cooperativa Internacional de 1966. Inicialmente, el primer principio era la neutralidad política, racial y religiosa. Sin embargo, una comisión de reformulación constituida propuso cambiarlo por el principio de libre acceso y adhesión voluntaria. ¿Por qué? Las cooperativas, conformadas por personas con concepciones democráticas y humanistas, deben permitir la entrada sin discriminación por pensamiento político, color de piel o religión.

La discusión se centró entonces en la palabra ‘neutralidad‘ del hasta ese momento primer principio. En ese congreso, se acordó que los cooperativistas ya no podíamos ser neutrales si queríamos marcar diferencias filosóficas y de valores con el sistema social imperante. Después de la Segunda Guerra Mundial, los cooperativistas comprendimos que, como humanistas, no podíamos ser neutrales ante movimientos políticos que discriminaban por motivos políticos. La cooperación como propuesta, no nos permite discriminar.

El fenómeno político que nace con el acceso al poder de Trump, y se profundiza tras la pandemia, se multiplicó fuertemente en Europa y en varios países de la región, incluida Argentina. Sectores filofascistas avanzan, y esto nos remite nuevamente a la discusión que aquellos cooperativistas tuvieron hace sesenta años. Movimientos de similares condiciones ganan espacios de poder en España, Alemania, Hungría, Polonia, Italia y Francia, así como en nuestra región casos como el de Bolsonaro en Brasil se posicionan como oficialismo u oposición.

Los cooperativistas argentinos, conscientes de la importancia de nuestro movimiento, no podemos ser neutrales frente a políticas discriminatorias, persecuciones por diferencias políticas o religiosas.  Como humanistas y democráticos, tenemos la responsabilidad de no ser neutrales ante aquellos que proponen abiertamente retroceder a la noche más oscura de nuestra historia. En estos tiempos, más que nunca, debemos aferrarnos a la no neutralidad. Como cooperativistas, no solo tenemos la obligación por ser humanistas, democráticos y solidarios, sino también la claridad en el concepto de que no podemos ser neutrales frente a los que proponen nuevamente políticas regresivas.

No podemos ser neutrales