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El legado de Nano Balbo: pensar otra escuela, pensar otro Estado, pensar en otra sociedad

Columna de opinión.

Por Laura García Tuñón

Maestra, ex diputada de CABA y coordinadora del Encuentro entre docentes y educadorxs populares

Este domingo 19 de febrero, la tristeza me invadió, como le habrá pasado a compañeros y compañeras. Nos enteramos que el querido maestro y educador popular Orlando Nano Balbo había fallecido. Desde hacía muchos meses que su cuerpo le jugaba una mala pasada y no lo trataba bien. A partir de la noticia, las redes se inundaron de homenajes y recordatorios de toda Latinoamérica y de nuestro país.

El Nano era ante todo un militante popular, y siempre luchó por un mundo mejor. Y era un MAESTRO, así, con mayúsculas. Él fue Coordinador de la CREAR (Campaña de Reactivación Educativa de Adultos para la Reconstrucción), que promovía la alfabetización para adultos durante el gobierno de Héctor Cámpora en 1973. Allí conoció al educador Paulo Freire. El 24 de marzo de 1976 fue detenido por una patota militar y torturado salvajemente, lo que le ocasionó entre otras dolencias, su sordera.

Se exilió gracias a la ayuda del Obispo De Nevares. Fue testigo fundamental para la condena de los responsables de las violaciones de los DDHH, en el llamado caso “La Escuelita” en Neuquén. A su vuelta del exilio, viajó a Huncal, en la Patagonia, como alfabetizador de una comunidad mapuche, donde siempre destacó: «con los mapuches aprendí más de lo que enseñé”. Años después fue Secretario General de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) y dirigente de la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) de Neuquén.

El legado de Nano Balbo: pensar otra escuela, pensar otro Estado, pensar en otra sociedad

Nano era un educador incansable. Decía que Paulo Freire “fue quien nos ayudó a comprender que lo pedagógico es el saber que le da sentido a nuestra práctica como docentes, y que resulta vital para construir nuestra identidad, en tanto es este saber el que nos permite distinguirnos con nitidez de otras prácticas”.

Le gustaba charlar y construir nuevos saberes, especialmente con los estudiantes, futuros docentes. Siempre con una sonrisa nos animaba a pensar y reflexionar sobre la tarea de educar, diciéndonos que la Educación Popular no es alternativa al sistema. Que la Educación Popular es una concepción, es una manera de hacer educación. Que siempre, como educadores, tenemos que estar dispuestos a soñar algo mejor, una vida y una educación mejor. Que tenemos que recuperar la pedagogía como esa ciencia que nos guía como docentes, que eso le da sentido a nuestras prácticas.

Que el primer desafío es con nosotros mismo. Que la escuela le tiene que dar herramientas a los chicos para intentar ser felices. Que tenemos que tener la posibilidad de pensar otra escuela, lo que significa pensar otro Estado y pensar en otra sociedad.

El Nano nos deja sus saberes, sus palabras, su defensa por la justicia y especialmente su ejemplo. Para continuar con sus construcciones. Por eso hoy lo lloramos, pero por sobre todo, sabemos que mañana, cuando sequemos nuestras lágrimas, buscaremos seguir con su ejemplo.