El hambre no es normal

Columna de opinión

El hambre no es normal

Por César Malato

Presidente de FEDESAM (Federación de Cooperativas «Entidades Solidarias para la Ayuda Mutua») y la mutual MiPyME Santa Fe.

La muerte de una niña en la provincia más rica del país (Capital Federal), cuyos funcionarios se vanaglorian de “exigirles a los padres de los alumnos en edad escolar, el cumplimiento de todos los días de clases, para poder mantenerles las ayudas sociales”, es, además de una tristeza enorme, un hecho institucionalmente imperdonable.

Próximos a cumplir 40 años ininterrumpidos de democracia, nuestros pendientes desde las políticas públicas, desde las responsabilidades de nuestros Gobiernos municipales, provinciales, nacionales, parecen volver a foja cero. Discutir otra vez lo básico de lo básico: garantizar cinco comidas al día a nuestras niñeces y adolescencias, y a nuestros mayores en su descanso jubilatorio, proveyéndolos de las condiciones para que sus tránsitos por esas etapas de sus vidas sean saludables, y sean aprovechadas socialmente con el mayor de sus potencialidades desarrolladas, principalmente en la etapa de formación física e intelectual de nuestras niñeces.

Las altisonancias de las voces que desde la política y sobre todo desde la moral intachable de nuestros comunicadores, pidiendo “consenso” desde los medios de comunicación centralmente de concentrados -que a su vez son solo propaladoras de los intereses económicos de sus patrones, a su vez nuevamente concentrados en Capital Federal-, revuelven nuestros estómagos y nuestras paciencias, sometiéndonos a asistir a ciclos que, no por reiterados, en nuestros países (¿periféricos?) resultan menos indignantes: hiper endeudamiento externo con fuga de capitales -ciclos recesivos y de transferencias de ingresos desde los trabajadores asalariados y sectores más desposeídos (de derechos y beneficios) hacia los sectores empresariales nacionales y extranjeros concentrados y cada vez mas concentrados- crecimiento económico con caída de participación en el reparto de beneficios y excedentes de las que generamos las riquezas -ahogamiento de los pequeños y medianos empresarios (PyMEs)-, jaqueo mediático-judicial- empresarial con persecución incluída (lawfare) a líderes populares y dirigentes opositores, y finalmente, retorno de los sectores representantes de los intereses de los sectores concentrados al Gobierno de nuestro País y nuestras Provincias.

Círculo o ciclo vicioso: casi cuarenta años de democracia, cada vez más desigual, cada vez más imperfecta, cada vez más profundamente injusta. ¡Cada vez menos apropiada por quienes defendemos esta Democracia!

Te jaquean con diferentes armas (ya no necesitan los militares ni golpear los cuarteles): protestás o marchás, te hacen una causa, seguís protestando, te hacen 500 causas (CFK tiene más de 500, literal) y te quieren inhabilitar para ocupar cargos públicos; te hostigan 24 x 7 desde cientos de medios de comunicación en cadena (con cientos de fake fews, por supuesto. Mienten, mienten, mienten….); te suben los precios y te ponen los alimentos, los medicamentos, el combustible, los productos de primera necesidad en lugares inalcanzables; te dicen que tu Gobierno es incapaz de controlar nada y te acusan de inútil y corrupto sin ninguna prueba todo el día, y a su vez cuando aplicas una medida a favor del Pueblo, te desacreditan por ser “populista”, y “aumentar el gasto Público”.

La paradoja es que muchos de nosotros, del lado que creemos que es imprescindible que los regímenes democráticos mejoren las condiciones de vida de las mayorías, también nos vamos comiendo el caramelo, y a eso agregamos las vanidades, los vedetismos, las disputas sectoriales y personales, en definitiva, nuestro granito o balde de arena que ayudan a que todo empeore. La política se enajena, se encierra en si misma, en sus propios mecanismos y en su auto contemplación: los quilombos siguen afuera sin solucionarse (o mejor dicho: los soluciona la derecha y la concentración económica, como les conviene a ellos).

La Economía Social y Solidaria, el Mutualismo, el Cooperativismo, las Organizaciones libres del Pueblo, históricamente hemos generado y puesto en práctica un sinnúmero de servicios, propuestas, proyectos, que mejoran e diario la calidad de vida y los accesos a servicios de calidad a millones de familias en nuestro país.

Mutuales y Cooperativas que tienen una vigencia de más de ciento veinte años, agrupan en la actualidad a más de treinta millones de argentinos asociados y ligados a sus Entidades. La Producción y el acceso a los alimentos en condiciones dignas y de calidad a través de proveedurías y mercados populares en cientos de nuestras ciudades y localidades, la provisión de agua potable, luz, gas, comunicaciones de telefonía, e internet; servicios educativos y de capacitación presenciales y virtuales; servicios de coberturas de salud solidarios a costos justos, y provisión de financiamientos a través de sistemas propios de administración de ahorros de nuestros asociados, ponen en valor una red de mecanismos institucionales que nuestros decisores políticos no deberían desdeñar.

Quienes definen las políticas públicas a diario deben reflexionar si sus energías seguirán en un mayor porcentaje invertidas en “calmar a los mercados”, o si por el contrario pueden ser puestas –en esfuerzos y en presupuestos- en decisiones de impulso a iniciativas solidarias, que fortalezcan el entramado que cotidianamente brinda y amplía derechos, provee soluciones, y satisface las demandas de las grandes mayorías.

El hambre no espera.