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Cimarrón: salieron de la cárcel y formaron una cooperativa para la integración social

Priorizando la contratación a recién salidos de las cárceles, presos con libertad condicional, personas en la pobreza extrema y víctimas de violencia de género, la cooperativa Cimarrón brinda posibilidades de trabajo digno a los excluidos del mercado laboral.

20 de abril de 2023, CABA (Ansol) – La cooperativa Cimarrón está ubicada en el polo industrial de Ezeiza en Buenos Aires y funciona desde el año 2007, aunque recién fue conformada como cooperativa en el año 2017. Desde sus comienzos, cumple la función de dar trabajo a personas recién salidas de la cárcel o pertenecientes a otros sectores marginados del mercado laboral tradicional.

El presidente de la cooperativa, Facundo D’Andrea, detalló a ANSOL: «El proyecto nace cuando uno de sus fundadores sale de estar privado de su libertad y, junto a uno de sus hermanos, empiezan a darle vida a este proyecto. Comenzaron a fabricar bombillas económicas, prácticamente artesanales, con dispositivos muy rudimentarios. La producción era muy escasa y se comenzó vendiendo en trenes locales, comerciales y locales minoristas».

Durante los primeros años de producción, se mantuvo la venta de bombillas muy económicas y, con el paso del tiempo, se comenzaron a usar otros materiales como el bronce y el acero, alcanzando a producir más de 20 modelos. «Para esta altura, ya había varios compañeros integrando el proyecto que habían pasado por el presidio y recién en el año 2017 se logra darle el rótulo de cooperativa, al ser registrada en el INAES«, recordó el presidente de Cimarrón. Actualmente, la cooperativa también fabrica productos plásticos de bazar para el hogar.

Cimarrón: salieron de la cárcel y formaron una cooperativa para la integración social

El proceso de incorporación de personas que salen de la cárcel a la cooperativa se dio de manera «orgánica, casi natural«, según describió el tesorero, Santiago Santoli. «Fue una metodología sin planteárselo como un estilo de proyecto, sino que al ser uno de los fundadores una persona liberada, cada vez que el proyecto necesitaba personas para incorporar, se pensaba siempre en gente que haya tenido pocas oportunidades o que haya estado en la cárcel o que esté en el ámbito de la delincuencia y quiera salir de ese de esa realidad«.

«No solamente gente que estuvo en la cárcel, sino también de todos los que están en los márgenes fueron teniendo oportunidades en Cimarrón, como gente que vivió en la calle, mujeres víctimas de violencia de género, personas que venían de la pobreza extrema, siempre dándole la posibilidad a personas que normalmente no tienen muchas posibilidades», explicó Santoli.

Con el pasar de los años, la cooperativa fue creciendo y, gracias al boca en boca, la gente ya se acercaba a Cimarrón por cuenta propia como relató el tesorero: «Nos empezó a llover todo el tiempo gente que se enteraba del proyecto y quería formar parte, tanto liberados, gente de los márgenes, personas que se iban enterando que no estaban en ninguna situación de marginalidad, pero que sí veían que el proyecto era noble y que la gente que pasaba por Cimarrón siempre mejoraba en algún aspecto o en la mayoría, y me incluyo».

El trabajo cooperativo, la esperanza de reinserción

Si bien Cimarrón comenzó contratando personas una vez que ya habían cumplido su condena, el reconocimiento de su trabajo les abrió muchas puertas. «Se empezaron a comunicar con nosotros de distintos organismos, el Patronato de Liberados, Ministerio de Justicia, Ministerio de Desarrollo, y directamente nos iban planteando personas para para incorporar al proyecto, que estaban por salir de la cárcel o que habían salido y estaban en seguimiento por algún asistente social«, explicó Santoli.

En ese sentido, destacó: «Conseguimos algunas salidas laborales, que se le otorgue el beneficio de la libertad ambulatoria o arresto domiciliario, pero con salidas laborales; de una u otra forma, estamos en todos los aspectos de la gente que fue liberada, tanto la gente que está en cana ahora, esperando la salida, o tramitando con nosotros la libertad ambulatoria laboral«.

El tesorero explicó que la manera cooperativa de trabajar, después de la cárcel, es una manera distinta de vivir: «Te enseña que trabajar es mejor que delinquir, que hay un montón de cosas en la vida para conocer, con un trabajo, en un grupo de gente positiva, que no te lleven por el camino de la oscuridad. Sentimos que no hay forma de que las personas no mejoren, por lo menos en el aspecto personal y económico, porque siempre es fundamental la parte económica para que la gente que sale de estar presa pueda valorar un trabajo».

«Siempre tuvimos la certeza de que, si vos das un trabajo a alguien que sale estar en cana y lo verdugueás, le pagás mal y lo tratás como si fuera que tiene que estar agradecido porque se le abrió una puerta, pero al mismo tiempo lo tratás como si fuera lo peor de la sociedad, aprende que laburar no sirve para nada», aseguró, y agregó: «Eso es una parte importante para entender que trabajar es mejor que delinquir: la oferta laboral que se te ofrece no puede ser algo que nivele para abajo, sino que sea superador a la situación anterior de tu vida, superador a otros proyectos«.

Si bien una de las banderas de la cooperativa es la inclusión de las personas en los márgenes nombrados, también el tesorero destacó que le dan mucha importancia a la mejora en la calidad de los productos y los procesos, con principal atención en la reducción del impacto ambiental.

Refiriéndose al impacto ambiental, expresó: «Hoy por hoy, estamos tratando de lograr calificar para empresas tipo B, que no es fácil, pero lo estamos tratando de lograr y nos gustaría estar en ese nomenclado como una empresa de esa categoría». Las empresas tipo B son aquellas que asumen un compromiso de mejora continua y tienen el propósito de un impacto positivo socioambiental en su modelo de negocio.