*Por Bruno Di Mauro

La medida tomada por Roberto Feletti, secretario de Comercio Interior, al respecto del control de precios generó, positivamente, un debate en la sociedad de la necesidad o no de intervención del Estado en las cadenas de producción y comercialización. Pero sobre todo, lo que se pone sobre la mesa es quiénes se oponen y por qué, evidentemente porque este esquema de país con inflación constante a alguien beneficia.

Los precios son uno de los eslabones de la cadena de estafas al pueblo que realizan los monopolios. Es de los precios híper-inflados (respecto a los costos de producción-distribución) de donde salen los excedentes extraordinarios que son luego convertidos en dólares para la fuga. Básicamente nos venden la riqueza de nuestro país para monetizarla y fugarla.

La inflación presiona al dólar y los mismos sectores que resisten el control luego reclaman devaluación. Esto obliga al gobierno a tomar medidas como el aumento de la tasa de interés, desalentando que esa presión vaya al dólar. Pero de esta manera igualmente perjudicamos el aparato productivo PyME al cual le resulta imposible el acceso a crédito (ni hablar de la Economía Popular que no tiene acceso al crédito por razones que incluso trascienden las tasas de interés). Así, el círculo vicioso cierra perfectamente con un país imposibilitado de construir un camino de desarrollo productivo.

En un mundo con sobreproducción, permanente concentración y competencia de los bloques imperialistas para la colocación de productos y servicios en nuevos mercados, un país más produciendo y compitiendo no está en sus planes. A pesar de tener las condiciones, Argentina está condenada a servir de tránsito de sus fortunas.

«En Argentina más del 50% de la producción y facturación de medicamentos la tienen empresas nacionales. Sin embargo, estamos condenados a servir de tránsito de sus fortunas»

Bruno Di Mauro, ´presidente de Farmacoop y militante del MNER

Entonces, más allá de las buenas intenciones de un funcionario en un gobierno peronista como el que tenemos, es importante que las y los trabajadores sepamos a qué nos enfrentamos y contra quién nos toca pelear. En Argentina, hace falta mucha educación financiera, principalmente entre las y los trabajadores.

El caso de los laboratorios es particularmente interesante. En nuestro país más del 50% de la producción y facturación de medicamentos está en manos de empresas nacionales. La capacidad instalada y la productividad son competitivas respecto de mercados extranjeros. Sin embargo, no somos capaces de hablar de soberanía sanitaria. Al igual que pasa con los alimentos, acá no es una cuestión de capacidad y falta de inversiones extranjeras, sino de decisión política.

Esa clase que se enriquece y que no tiene patria, tiene intereses, los conoce, los milita y también los convierte en sus partidos políticos. Nosotros debemos hacer lo mismo. Hay que controlar los precios, pero con eso no basta. Es imprescindible que desarmemos de raíz ese aparato fugador en Argentina. La riqueza física de nuestro país es enorme. Pero algo falta y es la decisión de las y los trabajadores de ser, dentro del movimiento popular, la vanguardia que proponga y construya un programa para liberarnos de una vez por todas del macabro escenario mundial que solamente nos ofrece más miseria, exclusión y dependencia.

*Trabajador de Farmacoop y militante del MNER (Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas)

Editor Ansol

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