Ese es el lema de la cooperativa en formación construida desde el Penal de Batán. Almacén, carpintería, rotisería, una huerta con un invernáculo del INTA, una nutrida biblioteca y hasta una diplomatura en “Autogestión en contextos de encierro” son partes de un sueño que se hizo realidad, con alto reconocimiento internacional.

20 de septiembre de 2021, CABA (Ansol).- “En Liberté no trabajamos para mostrar una cárcel linda, sino para que cuando la persona salga del encierro haya recuperado la dignidad y no vuelva. El sistema carcelario es el diablo, mientras lo combatimos, hacemos honor a nuestro lema ‘Construir esperanza en el mismísimo infierno’, afirmó Xavier Pampa Aguirreal, uno de los socios promotores de la cooperativa Liberté (e/f) en diálogo con ANSOL.

El pasado 22 de junio, el proyecto Liberté presentó formalmente la documentación para constituirse como cooperativa de trabajo en el marco de un encuentro de la Diplomatura “Modelos y prácticas de autogestión, lógicas de cuidado y justicia restaurativa en contexto de encierro”, que organiza conjuntamente con la Universidad Nacional de Mar del Plata, y el apoyo de otras organizaciones.

En la cursada de la Diplomatura, que cuenta con más de 1100 inscriptos participaron de las exposiciones el presidente del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), Alexandre Roig, junto a los vocales Zaida Chamaruk y Nahum Mirad, quienes dictaron una de las clases de la Diplomatura y junto a representantes de la Federación Argentina de Cooperativas de Crédito (FACC) Alberto Bavestrello, Pablo Ruggieri y Graciela Binztein, y de la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN) apadrinan el proyecto de conformación de la Cooperativa, desde el inicio.

Autogestión tras las rejas, sueño de un mundo libre

“El convertirnos en cooperativa nos permitió ver muchas acciones que ya llevábamos a cabo, la principal, fue ver que debíamos fortalecer nuestro cuidado, algo que Mario Juliano nos inculcó, y era él quien protegía de los que no nos quieren, pero falleció de repente. Por suerte su semilla dio frutos y el “Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura y otros Tratos Inhumanos y Degradantes” ya había declarado de interés a Liberté que fue un importante precedente”, desarrolló Aguirreal.

Juliano, quien falleció durante la pandemia de Covid-19, fue Juez del Tribunal Criminal Nº 1 de la Ciudad de Necochea, y fue el padrino del proyecto. “Él fue el que empezó en 2017 a trabajar para eliminar los “buzones”, visitaba las cárceles y decía: ‘Yo soy el que manda a los presos acá, y mi responsabilidad es ir a ver cómo están’.  Siempre se preocupaba por las condiciones de vida de los presos, se metía en las celdas, charlaba, hablaba con los guardias”, recordó Xavier, quien describe que el protocolo del uso de celulares se aceleró desde ese momento.  

Hoy Liberté está compuesto por 81 voluntarios y voluntarias, de los que 20 son socios fundadores en la futura cooperativa. Había nacido hace más de siete años con sólo dos personas: “Ahora hay que generar la demanda y los recursos para integrar a todos, para que puedan tener su ingreso por el trabajo que hacen”, añade Aguirreal, quien además enumera las actividades que hoy desarrollan: almacén, una carpintería, un emprendimiento gastronómico, la huerta promovida por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), un apiario donde se produce miel de excelente calidad, fabricación de porta termos, relojes, cuadros tallados a mano, el invernáculo y hasta jaboneras ecológicas que ya tienen un pedido importante.

Los proyectos de Liberté no se detienen, y uno de sus promotores lo expresa: “Mario Juliano nos había propuesto hacer una fábrica de pallets, para que nos compren los grandes supermercados, y gracias a ello hay contamos con máquinas de soldar, sierras industriales, lijadoras y gran cantidad de herramientas industriales para llevar adelante cualquier desafío. Es un proyecto a futuro”.

El almacén funciona como la unidad económica más rentable y que da sustento a las otras actividades por sus buenos precios y la calidad de sus proveedores, y como todo, surgió como respuesta a las necesidades: “Entramos en crisis con la pandemia porque las familias no podían traer mercadería al penal. En la proveeduría que había acá –La Cantina– te entregaban cada 15 días, mercadería rota, sin factura. Acá estaba prohibido el dulce de membrillo porque decían que corroía el hierro… sólo se olvidaron que sucede al estar en contacto 100.000 años con ese metal”, explica con ironía Xavier. 

Hoy el almacén vende todo tipo de productos y se compró una conservadora para la venta de helados.

Elaborar el conflicto, persuadir sin violencia

“Nunca tuvimos acción violenta en Liberté desde 2014, y eso que nos requisaron mil veces, nos mandaban al buzón con ratas, cucarachas, sin agua, cagados de frío, pensando que cuando salíamos les íbamos a dar plata por lo que generábamos. Pero con nuestra templanza pudimos mostrar que el accionar consecuente respetando nuestros principios, muy de la mano con los cooperativos, nos permitieron mostrar que debíamos y podíamos administrar los recursos que se generaban”, cuenta Aguirreal.

En estos siete años, Liberté se encontró con innumerables situaciones de conflicto: problemas por su espacio que fue clausurado y ocupado por una ONG, por la existencia de los buzones que dio lugar a Proyecto Mecha, por la relación con los guardias del SPBPB a quienes describen como también como “víctimas de un sistema” que también los obliga a pasar frío, ver tele en blanco y negro en un cuartito de 2×2”.

Pero a partir del diálogo, que hasta les permitió, como dije previamente, convencer al Director del Penal de vender helados de diferentes gustos, lograron conservar el espacio, construir protocolos y avanzar con el Comité de Prevención y Resolución de Conflictos. 

Quizás el logro más importante del grupo, ya que les permite participar del procedimiento de tratamiento y cuidado de los presos con problemas de conducta. “Diálogo tratamos de tener desde el primer día. Y siempre seguimos el planteo de Mario (Juliano) ‘Lo que no está prohibido, está permitido”, expone Aguirreal.

«El diablo es el sistema carcelario. Lo primero que necesita el sistema es quitarte la dignidad y los derechos a las presos: no me mires a la cara, ni reclames».

Xavier «Pampa» Aguirreal, cooperativa (e/f) Liberté

Ricardo Augman, es psicoanalista y trabajador de la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN), y un aliado central del proyecto Liberté.

Con gran experiencia en el campo de la salud mental, se desempeña hace años en el campo de la prevención de conflictos con diálogos colaborativos: “Liberté es un ejemplo autogestivo de escucharse y hacerse escuchar, logrando un cóctel poderoso que es el intercambio fluido con el servicio penitenciario. En general los presos van contra el sistema y el Sistema Penitenciario. Porque nadie escucha a nadie, ni a ellos ni a los agentes del servicio. Para eso es clave la participación en círculos de diálogo. Al día de hoy, ninguna institución del Estado ha resuelto cómo acompañar a las personas que han pasado tiempo privadas de su libertad cuando salen: el 50 por ciento vuelven al encierro. El sistema es un fracaso. La cárcel, las celdas de aislamiento, son un campo de concentración”, analizó en diálogo con ANSOL.

“Esto es el infierno, pero podría ser peor”

La discusión sobre la humanización de la cárcel circula todo el tiempo en el marco de una organización que supo construir en muy corto plazo, una propuesta de diplomatura de autogestión en contextos de encierro, con una duración de seis meses y una participación de más de 1100 inscriptos, que se dicta en el marco de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y en la que dan clases el Dr. Raúl Zaffaroni o el prestigioso docente catalán Iñaki Rivera Beiras, entre muchos docentes de renombre.

“El diablo es el sistema carcelario. Lo primero que necesita el sistema es quitarte la dignidad y los derechos a las presos: no me mires a la cara, ni reclames. Los mismos empleados que están encargados de nuestra seguridad son los mismos encargados de que estemos con cierto bienestar: es imposible. Esto es el infierno, pero sabemos que siempre podría ser peor”, reflexiona el Pampa.

Y para finalizar, recuerda una anécdota en el marco de la creación del Fondo de Ayuda a Víctimas (FAC) que promovieron, el cual regularmente realiza donaciones voluntarias para acompañar acciones reparatorias de víctimas por diferentes causas.

«El sistema es un fracaso. La cárcel, las celdas de aislamiento, son un campo de concentración. Hoy el 50 por ciento de los que salen en libertad vuelven al encierro»

Ricardo Augman, trabajador de la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN)

En un caso la ayuda fue destinada a un refugio de José C. Paz que protege a víctimas de violencia de género: “Con nuestra ayuda pudieron construir un pozo ciego para el hogar. Ellas estando afuera nos dijeron: ‘Ustedes nos dieron esperanza. Esa es la idea de la cooperativa, que quienes salgan, entiendan que afuera van a poder trabajar y tener un futuro y que ese futuro se empieza a construir ya mismo, desde aquí adentro'».

Permitida su reproducción total y/o parcial, citando debidamente la fuente. 

Editor Ansol

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