*Por Eduardo J. Amorín

Recién en el pasado mes de agosto, las experiencias autogestivas vinculadas a la producción y el consumo, comenzamos a percibir en resultados la tan esperada sensación de mejora. Resulta imposible analizar la particularidad de cada rubro en cuestión, pero al menos podemos afirmar que una vez más nos hemos tenido que re inventar para sobrevivir a la recesión más dura de toda la seguidilla, la de la pandemia. Parece lógico proyectar que, en los próximos seis meses, va a ser posible volver a posicionarnos en dónde estábamos a comienzos de 2020, con el desgaste macroeconómico que significó todo lo atravesado. Si evaluamos lo ocurrido con una mirada positiva, quizás dentro de una década, recordaremos con cierto asombro, cómo logramos seguir en actividad después de tres años seguidos de recesión, devaluación y caída de la demanda general en el mercado interno.

Las problemáticas del día a día, ya se nos han hecho costumbre y parte de la realidad productiva. Se resumen en una sola palabra que es tan gráfica como suena: caída. Caída de la cadena de pagos. Caída de la demanda sostenida. Caída de la producción. Y se apoya en la falta de financiamiento y el arrastre de una deuda insostenible, que se negocia y reestructura semana a semana. Casi al mismo tiempo que se retocan las listas de precios, por los cambios de costos.

Necesitamos entonces de políticas públicas que generen condiciones específicas para acompañar una planificación productiva de nuestras experiencias para los próximos años. Toda planificación se convertirá en un procedimiento factible aunque perfectible, mientras podamos contar con reglas claras de juego. Lo más complejo actualmente para las gestiones cooperativas de la producción y consumo autogestivo, es volver a pararnos en un escenario que implique algún grado de certidumbre. Saber hacia dónde vamos, y cómo llegar.

Un primer paso entonces se trata de ponderar programas que permitan re financiar de una sola vez toda la deuda acumulada. Con una nueva posibilidad de financiación, que incluya al barrido del historial crediticio. Hay muchísimas reglas de juego que no están claras, para poder volver a tomar impulso e intentar el despegue; pero siempre van a necesitar la financiación que aminore el peso que se viene arrastrando in crescendo hace más de tres años.

El segundo paso implica identificar cuáles son las inversiones necesarias en producción y tecnología que permitan ampliar la oferta según segmento, para desconcentrar mercado ya apartado por primeras y segundas marcas instaladas. Existen condiciones para poder integrar nuevas marcas en productos específicos por región. Esto dará lugar a distintas posibilidades como sector, pero sobre todo nos pondrá en agenda escalar, asociándonos con otras experiencias cooperativas o pyme, a partir de cooperativas de cooperativas, o bien cooperativas de servicios productivos comerciales.

El tercer y último paso, es el de incorporar al horizonte próximo la exportación eventual de productos con valor agregado. Es cierto que muchas de las producciones del mercado interno, no podrían tener competitividad dentro del escenario internacional. Pero también contamos con muchos productos y servicios con potencial de penetración. La capacidad y experiencia del sector cooperativo agropecuario, puede ser aprovechada por el sector cooperativo de producción para lograr resultados en corto plazo. El alza en la exportación de miel de estos últimos meses y la política consecuente de exportaciones a través de consorcios cooperativos es un ejemplo válido. No importa si el porcentual es ingreso exterior es ínfimo en comparación a otras plazas ya instaladas. Lo que concierne es poder asumir la visión de exportar y ganar la experiencia y los resortes materiales para que exportar sea una dimensión más de nuestra producción y no solo algo que está más allá de nuestras posibilidades.

Muchas de las posibilidades mencionadas, ya están abordadas parcialmente por programas ministeriales, o bien se abarcan desde diferentes ángulos para el sector pyme, dentro del cual se encuentras las cooperativas; como el registro MiPyme llevado adelante por el Ministerio de Desarrollo Productivo. Otras, están dentro del marco de descomprimir la presión financiera como la suspensión de cobro de trámites administrativos en INAES.

Pero de todas maneras, son pasos que desde el mismo sector debemos internalizar para interpelar concretamente al estado en caminar como economía pública cooperativa a un mismo horizonte y en conjunto.

* Tesorería FEDECABA - Asesor INAES - Cooperativa de trabajo CONEPO – Cooperativa de Consumo CONSOL – Comercialización UTEP - 

Editor Ansol

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