*Por Fabián Brown 

La celebración de nuestra Independencia, el día de ayer, es un hecho que merece mayores reflexiones. Para poder concretar la ruptura del vínculo colonial se necesitaron consensos de los actores de ese tiempo, como el Pacto de los Cerrillos entre Güemes y Rondeau, que permitió cohesionar a una parte del país en la lucha, la reunión del Congreso en Tucumán y llevar adelante la campaña de San Martín a Chile. Debemos recordar, que muchas provincias ya habían firmado la Independencia con Artigas, en 1815.

Es esa declaración de la Independencia de 1816 en Tucumán, participaron Cuyo, Córdoba, el Noroeste y Buenos Aires, más las provincias altoperuanas; lo que permitió dar un curso definitivo a la lucha por la emancipación americana. Ese fue el Plan Sanmartiniano, que concreta la campaña de los Andes y libra, en 1817, las batallas de Chacabuco, en Chile, y la del Valle de Lerma con Güemes en Salta como un país soberano. Creo que hay una enseñanza muy fuerte en relación a los consensos que se lograron para enfrentar a enemigos externos y alcanzar los grandes objetivos nacionales.

Esa gesta americana fue para poner fin al colonialismo del Imperio español, aclarando las 2 declaraciones, tanto la de Artigas de 1815 como la de Tucumán, nos independizábamos de España, así como de “cualquier otra potencia extranjera”.

Asumir la capacidad de autodeterminación es un derecho fundamental de los pueblos y los derechos se ganan y se mantienen con lucha, por eso el proceso de Independencia nos demostró que esa lucha requirió un consenso básico sobre determinados problemas, y hoy es igual, necesitamos esa unidad nacional para generar la masa crítica para defender nuestros problemas de soberanía.

Los problemas de soberanía son integrales y afectan al todo: cuando hablamos del Atlántico Sur, tenemos espacios ocupados por una potencia extranjera  y flotas pesqueras que explotan recursos que deberían ser parte de nuestro crecimiento, donde no hay producción nacional ni trabajo argentino. Otro caso es la llamada Hidrovía de los ríos Paraná – Paraguay que, por la desregulación absoluta que se impuso en tiempos de Menem, hemos perdido el control del comercio exterior y, por eso nuestros productores quedan a merced de los precios internacionales que se imponen, sin ninguna capacidad de regulación por parte del Estado.

También con las terminales portuarias, el transporte marítimo y los seguros todo ha sido transnacionalizado. Así, hemos perdido empresas como ELMA (Empresas Líneas Marítimas Argentinas) y los ferrocarriles de carga que afectan la competitividad de producción de las regiones por los actuales precios del transporte. Todo esto fue consecuencia de nuestra pérdida de soberanía.

Estos elementos, que hacen al comercio exterior y a la desarticulación productiva del país, es la otra cara de la fragmentación social que padecemos: un 40% de compatriotas en  la línea de pobreza, que es también un problema de soberanía argentina. Debemos recuperar la capacidad de explotar nuestros recursos, producir y distribuir los beneficios entre nuestros compatriotas.

El rol de la economía social en la disputa de soberanía

La economía social en una construcción basada en criterios comunitarios y, por lo tanto, territorialmente situados. Nuestras cooperativas y mutuales producen bienes y servicios, generan trabajo y distribuyen allí donde están. Y lo cierto es que al país debemos recuperarlo como lo fundamos: desde adentro hacia afuera; desde lo local y regional, desde los pueblos, recuperando las relaciones económicas y logísticas, rearticulando el territorio a partir de criterios de producción local y complementariedad económica, acercando el productor al consumidor e incorporando en el proceso productivo a las organizaciones de la economía popular. Nos debemos este gran consenso de las organizaciones de base solidaria.

De todo esto hay excelentes ejemplos de nuestro sector: en Córdoba, Villa María, el Grupo Devoto, pero también con la Cooperativa Obrera de Bahía Blanca que compite con el capital trasnacional de Carrefour, tenemos muy buenos ejemplos, de esta economía que debe ser parte y contribuir a un modelo económico alternativo al que tenemos.

Hay una manera distinta de hacer las cosas, los criterios solidarios son también eficientes para un desarrollo humano sustentable. Para ello, debemos analizar conjunto de leyes y normativas impuestas desde la época de Menem, que siguen vigentes y otras desde la Dictadura como la Ley de Entidades Financieras. Si nos ponemos a discutir este entramado va a ser difícil salir de donde estamos.

La verdad es que este modelo no funciona, deja cada vez más gente y regiones afuera. Debemos plantear un modelo de desarrollo distinto, aprovechando experiencias del pasado, mirando que funciona del presente pero, fundamentalmente, creando futuro a partir de las ventajas que tenemos en organización social, recursos y capacidad creativa y tecnológica.

En definitiva, nos debemos pensar un futuro distinto y pensar lo nuestro también es soberanía. En ese futuro, la economía social y solidaria amplio e inclusivo será un pilar que contribuya junto a los otros motores de la economía a construir un modelo socioeconómico alternativo a la preeminencia de la especulación financiera. Esta es la nueva gesta emancipadora que debemos a las generaciones venideras.

*Vocal de INAES. Presidente de la Federación de Mutualidades de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (FEMFASE) y vocal de CAM. Subteniente y Licenciado en Historia.  


Editor Ansol

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