*Por Juan Pivetta

En esta semana hemos asistido a una revitalización del debate sobre nuestro sistema de salud en la Argentina, particularmente en relación a su integración o posible nacionalización.

Lo primero que debemos decir es que este sistema está dividido en 3 grandes subsectores: el público con 15 millones de personas; el sector de la seguridad social que está compuesto por las obras sociales nacionales, provinciales, universitarias y el PAMI con más de 20 millones; y el sector privado, dentro del cual están las entidades con y sin fines de lucro, con casi 7 millones de personas.

Específicamente, en lo que respecta a mutuales y cooperativas, en la Argentina existen más de 2 millones de personas que reciben estas prestaciones: una parte son asociados voluntarios, y otros son parte del sistema de seguridad social y provienen de la desregulación de distintas obras sociales.

Si profundizamos en relación al primero, debemos decir que el sistema está provincializado por delegación de la Nación y como dicta nuestra Constitución Nacional. Es decir, que tenemos 23 sistemas más el de la CABA, con sus particularidades, por supuesto; está la salud provista por municipios que realizan atención primaria, y la provincial de más complejidad.

Dicho todo esto, cuando se habla de la estatización o nacionalización del sistema, esto implicaría que la salud pase toda al sector público y sea manejada por el Estado, cosa que, a mi juicio, es inviable porque habría que pensar en una reforma constitucional incluso. Pensemos lo que implicaría esto para las obras sociales, aunque claramente no tiene sentido discutirlo porque sólo es producto de conceptos que buscan generar una situación o discusión política de confrontación en la Argentina.

Ahora bien, si la integración significa articulación entre los subsistemas para lograr mayor eficiencia, y tender a la universalización de todos los servicios, no puedo no estar de acuerdo y me parece un debate central.

Pandemia: Balances y desafíos

El balance que nos deja la pandemia desnuda claramente los enormes problemas que tiene nuestro sistema, principalmente por la fragmentación que tiene, y esto impacta en forma de una gran inequidad: la salud depende de las provincias y estas tienen distintas políticas y posibilidades; por tanto, las persona de acuerdo al lugar en el que nacen tienen más o menos nivel de acceso a los sistemas. Un sistema basado fuertemente en una visión hospitalo-céntrico, esto de que el Hospital es el centro del sistema sanitario, es algo claramente ineficiente.

Hoy el cuidado de la salud debe abordarse desde el conocimiento, la prevención y un trabajo más proactivo del Estado, no esperando al enfermo, sino educando en prevención a las familias, en el cuidado y en el conocimiento actualizado, porque hemos visto, que no hay sistema que pueda soportar en aparatología y recursos humanos a pandemias como la que estamos viviendo.

También tenemos que decir que la fortaleza que le va quedando al sistema de salud es justamente que, a pesar de lo que hemos dicho, la salud pública no deja sin respuesta a la gente; si alguien no tiene recursos, en definitiva puede acceder a los tratamientos, a la rehabilitación, a alguna cura de enfermedad, acudiendo a la salud pública. Pero eso se deteriora aceleradamente; y aquel que puede pagar una prepaga, tiene muchas más posibilidades de acceso a servicios de atención médica que el que va al hospital público o al PAMI.

En la Argentina, tenemos un P.M.O (Plan médico Obligatorio) desde el 2002 que alcanza a las prepagas; mutuales y cooperativas y las obras sociales nacionales; pero no así las provinciales, el PAMI, las obras sociales universitarias y la salud pública. Por lo tanto, siempre que se apruebe una ley para incluir determinada prestación en el P.M.O, se constituye una necesidad en derecho, pero lamentablemente solo para una parte.

Los aportes de la economía solidaria

Debemos trabajar urgentemente en la eficiencia del sistema, hoy existen superposiciones de aportes, un impacto enorme de las tecnologías en la capacidad financiera del sistema, por lo tanto, para garantizar la sustentabilidad hay que cambiar con urgencia el modelo de financiamiento y prestación para ganar eficiencia. Hoy hay que trabajar en el alto costo como tema de abordaje fundamental ya que hace estragos en el sistema, no importa si público, seguridad social o privado.

Por otro lado, debemos transparentar la industria del medicamento, a partir de conocer el costo , y no ahora que solo se sabe el valor. Por ejemplo, para una atrofia muscular espinal (AME), hay tratamientos que valen U$$ 2.100.000, ese es el valor, pero no sabemos el costo. Por lo tanto, transparentar esta cuestión es un aspecto fundamental para que con decisiones políticas podamos eficientizar el uso de los recursos.

La economía social tiene mucho que aportar en cuanto a la articulación con otros actores del sistema: interactúa con todas las partes, excepto el sector privado. Hay muchas personas que están desreguladas de obras sociales que tienen servicios de mutuales, el sector complementa a obras sociales provinciales, con la obra social del PAMI, y al sector público; por tanto, el modelo mutual y cooperativo juega y puede jugar claramente un rol mayor en el sistema de salud. Un sistema que debe basarse en valores distintos, valores que posee la economía social y solidaria, que permite a la gente participar en la gestión y fortalecimiento de sus instituciones.

La solidaridad es un motor y guía para la construcción de un nuevo sistema de salud. He allí uno de los principales desafíos de este tiempo.

*Presidente Mutual Federada 25 de Junio, la Fundación Federada, Federada Compañía de Seguros y la Federacion Argentina de Mutuales de Salud (FAMSA).

Editor Ansol

Ver todos los posts

¡SUSCRIBITE A NUESTRO BOLETÍN!

¿Escuchaste el
Micro Radial
de Ansol?

Disponible en:

  • Spotify Podcasts
  • SoundCloud