*Por Carlos Andrés Mansilla

En las vísperas de un nuevo Día Internacional de las Cooperativas el próximo 3 de Julio, nuestra consigna es Reconstruir Mejor Juntos.

Porque frente a la crisis de la pandemia, la económica y la social que ya se manifiestan, es necesario coordinar los esfuerzos, ser inteligentes optimizando recursos escasos, colaborar mas que competir. Nos interesa mostrar que hay un modelo de gestión de las empresas, de las comunidades, que se basa en la colaboración y no en la pura competencia.

Muchas veces un emprendedor trata de ganarle a otro y eso no deja de ser legítimo, pero exacerbar esa idea nos parece un gran error; esa de pensar que yo gano sólo si le gano al otro; a costa del otro. Esto se agrava cuando existen algunos que para ganar están dispuestos a maltratar el planeta, y a sus vecinos. Generalmente a los trabajadores, a los productores y a los consumidores.

Proponemos trabajar en una economía de colaboración, de cooperación en la que ganemos todos. Si yo vendo algo, necesito que alguien lo compre, que pueda hacerlo, que tenga el dinero para eso. Esta pandemia dejó claro que nadie se salva sólo, ni tampoco nadie crece solo. Para salir de las crisis necesitamos salir cooperando no compitiendo. Un ejemplo son las vacunas: los países grandes y con dinero ya la tienen y administrada masivamente, mientras que los más pobres “como gato mirando la fiambrera” no pueden competir con eso. La vida misma está en juego y no puede ser tratada como una mercancía. Los egoísmos mas humanos quedaron al desnudo.

Nosotros creemos que los principios y valores del cooperativismo deben ser fomentados, invitando a pensar también en nuevos modelos de gestión empresarial, no sólo como resistencia para los sectores más castigados y empobrecidos; y solo en ese caso escuchar: “Cuando fracasa una empresa lucrativa hagan una cooperativa…”. No. Así no. Hay que pensar “en grande”. Somos mucho mas que herramientas de rescate. Las cooperativas sirven para el desarrollo económico con justicia, suman a la democracia. Democratizan la economía.

Que las cooperativas irradian beneficios en su comunidad, está claro, y para ser mejores en eso, necesitamos mucha mas educación, información, eficiencia en el trabajo, inventiva, como la que han tenido muchas cooperativas textiles ante la pandemia, reconvirtiendo su trabajo hacia insumos médicos, o como los productores que viendo la necesidad de aumentar el volumen, aumentar la escala de su oferta exportable, se han asociado y trabajan juntos. Antes competían.

La cooperativa sirve además como herramienta para una planificación integral de un territorio, lo vemos a lo largo y ancho de nuestro país; vemos que cuando se asocian productores, en definitiva pequeños empresarios, terminan conformando una empresa líder en su región. Y también en los servicios esenciales. Todos hemos visto los incendios en la Comarca Andina de Chubut de este año; una gran perdida en todos los aspectos. Allí surgió la solidaridad mas genuina. De la necesidad de traslados, evacuaciones, logística, surgió una cooperativa. Faltaba. Además de casas se quemaron los cables, luz, teléfono, internet. Ahora está la posibilidad de armar una gran empresa comunitaria, una sola entre todas las localidades, en este caso centralizar hará ganar eficiencia y llegar a los lugares mas alejados con mejor servicio. Allí la comunidad puede elegir el modelo a seguir. Puede ser una cooperativa. No es lo mismo cualquier modelo que se elija.  

Para reconstruir hay que aprender de los errores que nos llevaron a esta crisis, o, dicho de otra manera, al fracaso de un sistema económico-social que solo funcionó con grandes injusticias.

Debemos tener una nueva y gran alianza entre el Estado, los sectores de la producción, el trabajo, el sector cooperativo, la economía social y popular, las representaciones empresariales: porque en definitiva ¿para que debe diseñarse un “modelo” económico? Para que todos vivamos mejor y no solo la mitad. Y eso hay que acordarlo entre todos, juntos.

No es necesario hacer una revolución alocada ni una expropiación masiva de los medios de producción. Hay que mirar como se hizo en otros lugares o como fueron nuestros propios inicios. Argentina tiene buena historia en esto de construir. Pero hay que discutir como hacerlo. No es lo mismo cualquier modelo que se elija.

La reconstrucción se va a hacer más fácil si lo hacemos cooperando, ayudando a las cooperativas, a las familias que están atrás de las cooperativas de trabajo, de las cooperativas de productores y fomentar la creación de cooperativas de pymes.

Un viejo amigo me preguntó hace poco: “¿Realmente necesitamos un teléfono con 5 cámaras? ¿Y con tres?”. Todo depende de las personas, y a mi me parece que toda la comunidad, todos, incluidos obviamente los gobiernos, tenemos que tener una mirada bien abarcativa, realista y comprometida en este punto, lo necesitamos. Para cambiar en serio. Reconstruir en serio.

Hay que discutir la mejor forma de producir y consumir; la menor forma de trabajar, de servirnos y de cuidarnos. Tutti insieme.

*Secretario de Relaciones Internacionales de Cooperar

Editor Ansol

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