*Por Alberto Bavestrello

En este contexto, donde el crédito ya era un factor escaso, pasa a tener un rol de una necesidad extrema y lleva a niveles de endeudamiento que en muchos casos resultaba de imposible cumplimiento, para las personas humanas y de calificaciones negativas para las asistencias dirigidas al sector productivo.

Vemos entonces que hay una necesidad imperiosa de realizar cambios. Las recientes declaraciones de Alexandre Roig, presidente del INAES, respecto a la necesidad de formar un sistema sólido de crédito no bancario nos devuelven a nuestro tema central de la columna anterior.

Cuando Roig habla sobre la necesidad de generar un círculo virtuoso dentro del sector, es una idea brillante porque nosotros, y hablo de todo el movimiento de la economía solidaria (mutual y cooperativo) tenemos la siguiente problemática: generamos riqueza y ¿a dónde llevamos esa riqueza que generamos?

-A los bancos.

Y… ¿Qué hacen los bancos? En primer lugar, sólo prestan una parte de los depósitos que reciben, el resto lo invierten en distintos negocios alternativos.

En segundo lugar, remiten los ahorros de cada localidad, a sus matrices para que desde allí se manejen los mismos de una manera por lo menos poco federal y generando una concentración del crédito que resulta al menos injusta, ya que limita el desarrollo de cada región, llevando la riqueza generada a los grandes centros financieros.

En tercer lugar, buscan no tomar altos riesgos, y seguir lineamientos fijados por las normativas que hacen que el gran porcentaje de la población y de las empresas no tengan acceso al crédito lo que determina en consecuencia, que los pocos créditos que otorgan (empresas / individuos) están dirigidos a tomadores que tienen excelentes antecedentes crediticios, concluyendo en excluir a los que más necesitan de esta herramienta.

La visión amplia de Alexandre Roig sobre este tema es complementaria a lo que venía pensando Mario Cafiero en su momento. Tenemos que mejorar mucho en nuestro sector, pero no mejorar desde lo regulatorio, sino desde la comprensión de la problemática y que nosotros tenemos que sostener que esa riqueza que generamos en las localidades periféricas, permitan crear un círculo virtuoso dentro del movimiento para volver a asistir financieramente en cada localidad a las empresas y los individuos de esa localidad, sean los pilares de la reconstrucción productiva. 

Para ello, necesitamos mostrar mayor transparencia del sector y contar con regulaciones que den seguridad a los asociados y al poder político, de que nuestras entidades están capacitadas y son complementarias en el nuevo esquema de desarrollo propuesto por el Gobierno nacional. 

Para ello debemos trabajar en los fundamentos de este nuevo esquema, poder mostrarlo y proyectarlo con la sustentabilidad en el tiempo.

En el informe (BCRA – OPFNB) sobre el cual hablamos la semana pasada se informa de niveles de irregularidad en las carteras afirmando que las cooperativas y mutuales podrían no ser tan altos, debido a que muchas dan créditos personales con códigos de descuentos.

Tenemos que aclarar que las empresas de la Federación otorgan créditos a individuos, pero también lo hacen –y en mayor medida- a pymes, mipymes, artesanos, medianas empresas y algunas grandes empresas, es decir que, los créditos brindados por las federadas están dados a personas y empresas y que muchos de ellos se dedican la producción.

En este sentido el 70% de los créditos está dirigido al sector productivo y el 30% al sector consumo.

Es importante destacar que, del informe de Nosis elaborado para la FACC podemos apreciar que el 65% de los créditos a empresas y el 75% de los créditos a individuos que son otorgados por las cooperativas asociadas a la FACC no calificarían para ser otorgados en los bancos.

No obstante, tenemos un mejor nivel de recupero de los créditos, ello debido a la permanente fidelidad de nuestros asociados por sentirse parte de la cooperativa, pero además porque siempre se los acompaña. 

Ahí vamos a ver que el apoyo que le estamos dando o el crédito que le estamos dando a una pyme en Funes, Santa Fe o en Malargüe, Mendoza, está dando posibilidad de que haya más trabajo en el lugar, está dando la posibilidad a que la gente pueda comprar en el lugar, en el supermercado del lugar y al que produce en el lugar. Y si la cooperativa vende en la región, compra productos materias primas en la región y vuelca el pago de sueldos en la región. Este es el círculo virtuoso que necesitamos construir.

Ahora, si esos fondos se los doy a la sucursal del banco en San Rafael Mendoza, pero con casa central en Buenos Aires y accionistas en Madrid, para que los traiga a CABA y preste parte de esos recursos mediante créditos a grandes corporaciones o los invierta en títulos públicos, en lebac’s, o en leliq’s, lo que estamos haciendo es permitir sacar la riqueza que se genera en la región, para que el sistema financiero la concentre y termine siendo un sistema parasitario y a la vez anémico.  Todas estas condiciones solo aportan a un círculo vicioso que ya sabemos, por viejas experiencias, como termina.

En definitiva, a través de lo ocurrido durante el primer año de pandemia podemos concluir que el sistema financiero no puede o no quiere asumir un rol importante y comprometido en la búsqueda de una salida conjunta, al gran desafío que hoy tenemos en nuestro país. Se mueve con sus regulaciones prudenciales y muy limitativas, cuida sus capitales (es correcto), pero no impacta positivamente en el desarrollo del país, ni de las comunidades.

Entendemos que desde el sector podemos contribuir muy positivamente, ya que somos entidades de cercanía, conocemos a nuestros asociados y esta es nuestra mayor fortaleza.

Sólo en forma conjunta y con principios como el de la solidaridad, la integración y el trabajo conjunto y sostenible en el tiempo podremos lograr que el final de esta crisis tenga un horizonte más cercano.

*Gerente de la Federación Argentina de Cooperativas de Crédito.

Editor Ansol

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