Por Santiago Cholakian

La gestión se define como conjunto de acciones que se realizan para conseguir un resultado buscado. En nuestras vidas estamos constantemente gestionando: sea que preparemos una comida, organicemos un viaje, o trabajemos una cooperativa, estamos realizando acciones de forma organizada para cumplir con ciertos objetivos.

Si pensamos en una cooperativa de telefonía, por ejemplo, veremos que su objetivo principal es la prestación del servicio de telefonía a sus asociadas/os, para lo cual realizará un conjunto de acciones que involucrará, entre otras cosas, el tendido de la red. Por otro lado, si el servicio lo presta una empresa de capital, cabe preguntarse si esa prestación es un fin o, en cambio, un medio para reproducir el capital.

Entonces, si los objetivos son distintos, también será la lógica con la que se toman decisiones; también será diferente la manera en que medimos el éxito de la gestión. Si el objetivo de nuestra organización es prestar un servicio de calidad a la mayor cantidad de personas posible, ¿nos sirve pensar en la rentabilidad de la inversión? ¿Nos sirve pensar en cuál es el retorno del capital? Una medida más adecuada será a cuántas personas alcanzamos a prestar el servicio.

Estas preguntas ponen al descubierto algo que hace tiempo sabemos desde la economía social y solidaria: no se nos debe medir con la misma vara que a las empresas de capital, toda vez que perseguimos otros objetivos, buscamos distintos resultados de nuestras acciones. Si somos una cooperativa de trabajo, y se caen las ventas, ¿dejaremos compañeras/os afuera o en cambio buscaremos una solución que incluya a todas/os, aún cuando eso implique trabajar menos horas?

Se presenta aquí el desafío de sistematizar y transmitir nuestras experiencias de gestión, para poder transmitirlas y construir una teoría de la gestión en clave de economía social y solidaria. Acciones que desde la perspectiva de la economía capitalista puede resultar sin sentido, como por ejemplo que una cooperativa textil realice además talleres de formación para la inserción socio-laboral, cobra valor en la economía social y solidaria, y por eso es importante medirlas y exponerlas porque son esas las acciones consecuentes con nuestros objetivos.

A su vez, las herramientas que nos provee la teoría tradicional de gestión, pensadas para empresas de capital, resultan muchas veces incongruentes si las trasladamos a la economía social y solidaria, y corremos el riesgo de alcanzar conclusiones equivocadas o insuficientes. Mientras que una mirada mercantilista nos propone cobrar el máximo precio posible, la mirada de la economía social y solidaria construye relaciones entre consumidores y productores para buscar el precio justo que sirva a todas/os.

Estas distintas realidades que describimos traen aparejados desafíos propios para la economía social y solidaria. ¿Cómo construimos presupuestos que incluyan las múltiples actividades que realizamos? ¿Cómo logramos que nuestras organizaciones sean sostenibles, y cómo definimos esa sostenibilidad? ¿Cómo nos financiamos, si lo que aportamos es trabajo? Las respuestas las podremos encontrar en la propia experiencia: las acciones que llevamos a cabo para resolver distintas situaciones sirven de referencia para otras/os compañeras/os.

Poder desarrollar al sector implica también escaparle a las lógicas propias de la economía del capital, en falsas medidas de éxito, y construir nuevas herramientas de gestión en la economía social y solidaria.

Contador. Docente del Instituto Universitario de la Cooperación (IUCOOP). Colaborador e investigador de Asociación Civil TES. Investigador del Departamento de Cooperativismo, Autogestión y Economía Social del Centro Cultural de la Cooperación.

Editor Ansol

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